GRISÁLIDA

GRISÁLIDA - Social

martes, 25 de marzo de 2008

CREO EN LA POLÍTICA III (y último)

Mi hijo Daniel, de seis años, aún no distingue con claridad la izquierda de la derecha. Le veo hacer grandes esfuerzos por acertar cada vez que surge la ocasión, pero se equivoca con frecuencia. Y no le culpo. Yo mismo tengo serias dificultades para diferenciarlas, y ya tengo bastantes años. Me refiero a mi derecha e izquierda políticas, claro está.

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Viñeta de Andrés Rábago (El Roto) publicada hace años
pero de plena vigencia. Actualmente publica en El País.



Mes y medio antes de las elecciones recibí una llamada para participar en una encuesta telefónica sobre intención de voto, según me informaron —tras las primeras preguntas deduje que se trataba de un trabajo encargado por el partido nacionalista canario de reciente fundación, «Nueva Canarias», aunque esto es irrelevante para lo que hoy nos ocupa—. En ese momento tenía tiempo y me dispuse a contestar; la voz femenina al otro lado del hilo telefónico ignoraba que le había caído el «marrón» de la tarde. Después de «examinarme» sobre política canaria —quién ocupa tal o cual cargo, qué partido gobierna en esta o aquella institución— llegó el apartado de mis ideas y opiniones:


¿Se considera de «izquierda» o de «derecha»? —comenzó—.

Según el concepto al uso de «izquierda» y «derecha» no soy ni de una, ni de la otra.

Entonces... de centro —concluyó, mientras parecía anotarlo en el recuadro correspondiente—.

No —atajé—.

¿¡No!? ¿Entonces qué pongo? —preguntó sorprendida—.

Pues no lo sé, dígamelo usted. Le daré algunas pistas: soy cristiano, católico, contrario al aborto y a la pena de muerte. Soy partidario de una apuesta decidida por políticas de cooperación internacional con los países empobrecidos y la condonación de su deuda externa, aunque eso suponga tener que rebajar parcialmente el nivel de vida de la población en los países ricos; creo en el reparto justo de la riqueza, en España y en el mundo. No me defino como «antisistema», pero denuncio las estructuras económicas que rigen el planeta, y condeno el capitalismo salvaje y el abuso de poder de las multinacionales. Defiendo la intervención moderada del Estado en la economía y la protección del medio ambiente como prioridad política. Me manifesté en las calles contra la Guerra de Irak y me puse en primera fila en la huelga de los trabajadores de la empresa para la que trabajo. No he probado la marihuana y jamás lo haré. Creo en el matrimonio «para toda la vida» y en la familia «tradicional» como vertebradoras de la sociedad, frente a las nuevas «modalidades», sin condenarlas. Me declaro objetor de conciencia a la asignatura de «Educación para la Ciudadanía», al tiempo que considero que la de «Religión Católica» debe ser opcional y no calificable; tampoco me escandalizaría su desaparición de las aulas. Creo en una educación de calidad al alcance de todos como la herramienta fundamental para la consecución de una sociedad más libre. Considero a los nacionalismos como excluyentes en general y potencialmente peligrosos, aunque no intrínsecamente. Soy un enérgico defensor de la igualdad de género, pero rechazo la Ley de Paridad aprobada por el Gobierno. Prohibiría las corridas de toros y el boxeo. Me identifico con la música y la poesía de Silvio Rodríguez pero no con el Régimen que representa políticamente...Para ser sincero, la retahíla no fue tan extensa y pormenorizada, pero en esencia es lo que transmitía—.

Entiendo...—acertó a decir confusa mi casual víctima, y sin darme tiempo a añadir nada más formuló la siguiente pregunta. Ignoro qué puso en la casilla de la anterior—.


Cada una de mis respuestas se alargó mucho más de lo que mi interlocutora hubiera deseado a tenor del tono de su voz, pero yo me resistía a responder con un «sí» o un «no», o elegir alguna de las opciones de una lista en relación a cuestiones que a mi juicio exigían matices. Media hora después se despidió amablemente; más de lo que yo lo hubiera hecho en su lugar. En cuanto al cuestionario, si no lo rompió, imagino que lo rellenó lo mejor que pudo, dadas las circunstancias.


Podría pensarse que mi intención era pasar por un personaje inclasificable, por tanto singular, y alimentar así algún tipo de extravagancia egocentrista. No es eso. De hecho, no creo que lo expuesto sea algo tan excepcional. Lo que sucede es que aspiro a que mis idas sean consideradas, enjuiciadas, y llegado el caso, criticadas, individualmente y no como un «pack» ideológico indivisible, compuesto por clichés impuestos arbitrariamente. Las acepciones de «derecha» e «izquierda» más extendidas en la actualidad conducen irremediablemente al etiquetado ideológico de las personas en base a presupuestos falsos. Falacias como que «los católicos practicantes son de derecha», que «para ser de izquierda hay que defender el aborto», que «el matrimonio y la familia son conceptos de la derecha», que «la defensa del medio ambiente y el pacifismo es propio de la izquierda» o que «la bandera es de la derecha» son asumidas como verdades incuestionables —a fuerza de martilleante repetición— por una gran parte de la ciudadanía, esgrimidas por los políticos para marcar su territorio y utilizadas sistemáticamente por los periodistas especializados en tertulias y artículos de opinión. Es como si entre todos hubiéramos convenido vivir en una gigantesca mentira de la que ya no podemos —¿ni queremos?— bajarnos. No debe extrañarnos entonces, que los sociólogos diseñen encuestas de opinión tan cuadriculadas.


Viñeta del humorista gráfico Juan Ramón Mora tras las pasadas Elecciones Generales


En la actualidad, la definición de «izquierda» y «derecha» está inmersa en un encarnizado debate (1) que asciende hasta el terreno de la filosofía, una vez que el concepto marxista de «la lucha de clases» ha quedado obsoleto. Las dos palabras más utilizadas para distinguir ideológicamente a ambos bandos políticos, «progresista» y «conservador», son tan inconsistentes, tan «cajón de sastre» para llenarlo de lo que a cada uno le plazca, tan vagas, que lo quieren abarcar todo y no significan nada. De ahí la necesidad de uniformar a los «fieles» con modas a las que llaman ideología y que apenas alcanzan el grado de ocurrencia, o peor aún, contraposición a la ocurrencia del otro. Mariano Rajoy protagonizó un memorable episodio reciente cuando se dejó llevar por la inercia de la oposición al cuestionar la preocupación mundial por el Cambio Climático y citar
el pronóstico del tiempo de su primo, Catedrático en Física —¿Tú blanco? pues yo negro... ¡porque sí!—. Por otra parte, tampoco resultan difíciles de entender los motivos de esta dramática simpleza de los contenidos ideológico-programáticos de los partidos políticos españoles, sobre todo del PSOE y del PP: en lo fundamental se parecen tanto —en economía y reparto de la riqueza, política social y del Exterior les separan detalles insignificantes— que necesitan elevar a la categoría de ideario su conjunto de ocurrencias. Y así, los ciudadanos de a pie creemos que somos de «izquierda» o de «derecha» en función de tales sandeces.


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España acaba de elegir a sus gobernantes para los próximos cuatro años y ha optado por una «izquierda» enlatada y etiquetada, con sus correspondientes conservantes y colorantes. Hemos ejercido nuestro derecho al voto, «partícipes» de la democracia por un día. Y así debe ser. Pero es ahora cuando comienza —o debería hacerlo— nuestra participación real en la actividad política. Porque yo creo en la política y no en la revolución. Como la lluvia que empapa, y no la tromba de agua que destruye. Pero no dejemos la política solo en manos de los políticos. No descarto que sean ellos los que acaben llevando a la práctica la transformación de nuestras injustas estructuras sociales y económicas, pero será gracias a la presión que ejerzamos los gobernados, creando las condiciones ambientales previamente. No olvidemos que el poder de la democracia reside en las mayorías, y que si éstas aciertan a empujar en la dirección correcta —no siempre lo hacen—, tienen en su mano conducirnos hacia el verdadero Bien Común. Por tanto, se trata, nada más y nada menos, de propiciar el clima social adecuado que lleve a los gobernantes de turno a ejecutar las acciones necesarias para el cambio. Estoy hablando de la progresiva penetración en la sociedad de nuevas sensibilidades que acaben por hacerse un hueco cada vez mayor en la agenda política; será tanto mayor cuanto más dominante sea su presencia entre la población.




No es ingenuo lo que planteo. Ya ha sucedido y está sucediendo, por ejemplo, respecto al Cambio Climático al que me he referido anteriormente. Hace unos años hubiera sido impensable que algún partido político que no fueran «Los Verdes», hubiera incluido en su programa electoral un apartado dedicado al problema medioambiental y que hubiera formado parte del debate político de una legislatura. Actualmente lo es hasta el punto de que los dos grandes partidos compiten por ver quién es más ecologista, proponiendo, entre otras cosas, la plantación de millones de árboles. Son gestos insuficientes, pero es indudable que la preocupación se ha instalado sólidamente en la cabeza de nuestras autorides y estoy seguro de que pronto redundará en nuevas medidas que se irán ampliando con el paso de los años. El mérito mediático se lo han adjudicado personajes como el estadista norteamericano Al Gore, que incluso ha recibido el Premio Nobel de la Paz, pero sabemos que en realidad es de los colectivos ecologistas y científicos que llevan años haciéndose escuchar, hasta que lentamente su mensaje ha ido calando, creándose una corriente social imparable que ha convertido a la ecología en materia «rentable» políticamente. Otros casos similares fueron la implantación de leyes contra las barreras arquitectónicas de las ciudades, la lucha por la igualdad de la mujer y contra la violencia de género, o más tímidamente, la adjudicación del 0,7% del PIB al desarrollo de los países empobrecidos. Todas las medidas han respondido a movimientos sociales nacidos de organizaciones, colectivos, asociaciones y medios de comunicación, que lograron que sus reivindicaciones obtuvieran el suficiente respaldo popular para que moviese al Estado a darle respuesta.



Viñeta de Forges publicada en El País

He escrito en un artículo anterior que los políticos le dirán a la gente lo que quiere oír —aquello que creen que les proporcionará más votos— y lo incluirán en sus programas electorales. Pues aprovechémonos de ello. Ayudemos a generar reflexión, debate y toma de posturas que en algún momento puedan hacer efecto y extenderse con tal fuerza, que una mayoría democrática obligue a los partidos políticos a insertarlas en sus planes de acción. Si en los informes del Instituto Nacional de Estadística se palpara que la preocupación por el hambre en el mundo ocupa los primeros puestos entre los españoles, ¿creen que no tendría reflejo en las propuestas de los partidos políticos? Por eso repito una vez más: ¡creo en la política! Y no me escudaré en toda la crítica que he vertido en esta serie de artículos sobre los políticos para entregarme al pesimismo, sino que aprovecharé todas las herramientas que ponga a mi alcance el Estado para tratar de influir en la toma de decisiones. Lo que no haré es calmar mi conciencia ciudadana yendo únicamente a votar cada cuatro años por alguno de los rostros maquillados de los carteles electorales.




Imagen tomada de la web de «Radio Klara» que ilustra con ironía
la actitud no confesada de los partidos políticos tras unos comicios.




Acabaré diciendo que rompo una lanza en favor de los políticos honrados y realmente comprometidos con el servicio a los ciudadanos. Sé que los hay, aunque sean menos visibles de lo que nos gustaría, pero en la medida en que el tejido social que logremos hilvanar abarque a un mayor número de personas, también la forma de acercarse a la política, de acceder al liderazgo y ejercer la responsabilidad de gobernar se irá recomponiendo. Así, transmitiendo a nuestros hijos el valor de la reflexión, la crítica y el compromiso, lograremos que algún día distingan por fin la izquierda de la derecha, se posicionen y se encaminen hacia un mundo más habitable.



(ı) Merece la pena leer el artículo del economista peruano Fernando Sánchez Cuadros publicado en Txacata y Rebelión «Sobre lo que significa ser de izquierda»


Artículos anteriores de la serie:
Creo en la política i
Creo en la política II: la escala de valores


Otros artículos sobre política en «Soy cristiano»:
El voto egoísta
Católicos en política
Mercado Persa
El éxito económico de España, el G8 y la inmigración






15 comentarios:

Carlos Martinez dijo...

No si no serás de derechas ni de izquierdas pero enrollarte si que se te da bien ja ja ja .Perdona, pero alguien tenía que decirlo.
No, en serio, con la parrafada has descolocado completamente a los etiquetadores. Y eso es bueno; primero porque te confiesas y te quedas a gusto, y segundo porque dejas claro que te tienen que convencer....y no te convencen.
Y ese es su trabajo; convencernos para que les votemos, y luego darles caña para que cumplan.
http://mishuevos.blogia.com/

icue dijo...

Que alegria me daria, encontrar comprensión entre los que son de izquierdas o de derechas, que se respetaran, que no se insultaran, que cada uno hiciera aquello de "cada caminante siga su camino".
hay mindo para todos, somos seres libres, pero no se puede humillar al que piensa distinto.
Con afecto

Sonsoles dijo...

por fin!!!!!! alguien que piensa casi igual que yo! Pero,..... siempre en un tema tan extenso tiene que haber algún pero, lo de la asignatura de religion en los cenros, debería estar presente, en todos, todos los centros pero a nivel opcional, si quieres conocer la historia de la religion catolica apuntate, si no, no, es la teoría que han llevado los dos últimos centros educativos a los que yo he ido, y me ha ido muy bien, al priero me apunte a religión, al segundo centro elegi "estudio" para tener una hora mas para estudiar, ademas nos habían explicado que esa clase de religion se basaria en informar de las distintas religiones que hay en el mundo, yo dije que como la única religion en la que dice que Dios se hace hombre y vive como tal es la mía, no me hace falta saber mas de las oras, ya me las mirare cuando me apetezcan, pero eso si, yo fui a m grupo de catequesis, nunca despisté mi formacion.
Bss, entre en tu blog, por curiosidad desde el de Icue, perdona mi sermón.

Salvador Pérez dijo...

Siempre, desde que se inició la democracia en nuestro país y empezamos a hablar de derechas e izquierdas, he tenido la sensación de que hablamos de intereses y de proyectos diferentes; de opciones de poder y de imponer caminos personales. ¿Que es derecha e izquierda? Sólo entiendo una cosa: quien se precie de querer gobernar a otros, sepa que deberá ser su servidor,pues para eso se presenta y es o no elegido. Y gobernar es buscar el bien común. Ahora, ¿qué es el bien común? Repartir derechos y justicia para todos igual. Luego ser de derecha o de izquierdas me suena a partidismo que pretende diferenciarse para imponer lo que ellos entienden por bien común u otras cosas. Sólo hay un camino para gobernar: hacer el bien de todo.
Armando, ¿quisiera preguntarte, con tu permiso y esperando no ser inoportuno, sobre que puedo hacer para lograr tener mis entradas en una columna lateral donde desde ahí se pueda entrar en la que desees, o los comentarios y otras virguerías? Algo así como tú lo tienes. ¿Tengo que hacer un curso intensivo de informática, o hay alguien que te pueda configurar tu plantilla tal como tú le indiques?
Perdona mi atrevimiento, pero me gusta mucho como tienes configurado tu blog, y yo en esto estoy muy verde.
Un abrazo en CRISTO.

Salvador Pérez dijo...

En la revista Afa y Omega hay un artículo sobre la libertad de elección. Lo he transcrito, bueno, alguna parte porque he dejado la segunda para otro momentos por su extensión. Al mismo tiempo, comento lo que pienso y coincido, porque viene al caso, con tu comentario, Armando, sobre lo ocurrido con el cambio climático. Esto en el argot de Cursillos lo denominamos: vertebrar los ambientes. Tenemos que impregnar los ambientes de esta actitud de cambio por participar e influir en las decisiones políticas. Nuestro voto hay que saberlo vender y valorar: ¿parábola de los talentos?, porque de su orientación va a depender el cambio de las actitudes políticas. Me gustaría saber tu opinión de lo que comento en esa reflexión.Perdona por mi atrevimiento y molestias. Un abrazo y que DIOS te bendiga.

Fragmentadora de Papel dijo...

Hello. This post is likeable, and your blog is very interesting, congratulations :-). I will add in my blogroll =). If possible gives a last there on my blog, it is about the Fragmentadora de Papel, I hope you enjoy. The address is http://fragmentadora-de-papel.blogspot.com. A hug.

Ignacio dijo...

Quería sugerirte que te hicieses eco en tu blog de la campaña de financiación de la Iglesia en España. Puedes hacerlo colocando un enlace a la web www.portantos.es .
Una de las formas de colaborar con la Iglesia es marcando la casilla a su favor en la Declaración de la Renta en este enlace explican y resuelven todas las dudas sobre ello:

http://www.portantos.com/index.php?option=com_moofaq&Itemid=66

Por favor, difúndelo.

Anónimo dijo...

Hay mucha sensatez en esas líneas, Armando. Algo, permítaseme decirlo, poco común en el mundillo éste de Hazteoír (realmente tienes talante cristiano, amigo, y te lo digo desde algunas discrepancias).

Os dejo con esto:

"Benito 16: Para que fue a Estados Unidos"

El Blog de Cordura: Búscalo en Google

diego javier dijo...

Yo pienso que la grandes preguntas son:
¿Por que las personas que podrian ejercer su derecho como ciudadano no cree en la Politica? y ¿La politica ? Las persona s
que pretende acceder aun cargo publico velan por sus intereses, más que defender los derechos de la igualtite, fraternite,
libertite de sus conciudadanos.(aunque hay excepciones, lamentablemente no se les deja realizar su rol).Respecto a la segunda pregunta es necesario la politica para guiar un pais,y para arreglarlo, pensar que sufragar es una perdida de tiempo,es un concepto errado.

Sin tener la intencion de darme las de vate dire que surgiran personas que no soportaran la practica actual politica y se movilizaran para acceder a estos cargos. No por humanismo, sino porque es facil de hablar del amor de cristo y pienso que es la hora de mostrar el amor de cristo( mediante el cuerpo de cristo, el cual lo conforman toda persona que haya nacido de nuevo)

Cristianismo, no legalismo

Cristianismo de domingo a domingo.

Llenese con amor, pero amor de Dios.

diego javier dijo...

De lo que habla el corazon ,habla la boca.

un hombre no puede servir a 2 señores porque a uno amara más.

Aur voir.

Yo soy creyente católico dijo...

Hola, Diego Javier, soy Salvador Pérez y quiero decirte que comparto contigo lo que comentas. Es la hora de empezar a manifestar nuestra fe y tenemos o debemos unificar todo nuestro esfuerzo para ir creando conciencia cristiana coherente. Debes dejar conocerte y compartir tu blog para unirte a la voz del SEÑOR en la proclamación de su Palabra. Te brindo mi blog donde puedes conocerme mejor. Un abrazo en CRISTO.

lojeda dijo...

¿Qué es de tu vida, Armando? Hace tiempo que no sabemos nada de ti.
Imagino que será por el mucho trabajo que tienes, por lo que no publicas nada.
Un saludo

JOSÉ GUTIÉRREZ dijo...

Hola Armando:

¡Cuanto tiempo!Espero que tu familia y tú esteis todos bien.

Decirte que te he incluido en una lista de invitacion para recoger un "meme" en mi blog. Por supuesto si quieres. Gracias.

Un abrazo.

En los Dos Corazones.

Miguelo, sc dijo...

Se te echa de menos, Armando, aunque se respeta tu silencio. Espero que estés bien, y ahora que se va a poner en marcha la Radio autonómica, espero que también estés incluída en ese proyecto ahora que se te ve menos por la tele...

Sobre el artículo, tiene tanto que comentar que no sabía por dónde hincarle el diente.

Creo que haces bien el análisis cuando comentas que los partidos políticos cambian y adaptan sus programas buscando el voto ciudadano. Es bueno que un partido vaya modernizándose según avanzan los tiempos. Pero ya me surgen más dudas cuando transforma muchos de sus principios fundamentales por buscar la perpetuidad en el poder. Desde mi punto de vista, en eso está una de las grandes perversiones del funcionamiento del sistema político.

Desde mi visión utópica, creo que el objetivo de un partido político no debería ser llegar al poder, sino representar una determinada sensibilidad ciudadana, sea cual sea el seguimiento que tenga. Cuando uno está convencido de los principios que defienden, debe dar igual si el seguimiento de los mismos es o no mayoritario. Pero al menos los votantes encontraríamos pluralidad donde elegir y veracidad en la acción política.

Sin embargo, el instinto de supervivencia, y la búsqueda de otros intereses más o menos oscuros hacen que los aparatos de los partidos políticos den enormes bandazos en esos principios que defienden en busca de los votos que no han logrado para llegar a tocar poder... Incluso traicionando lo que propusieron en sus programas políticos cuando solicitaron el voto ciudadano.

Pero eso necesitaría políticos con poco apego al éxito mediático, con ambiciones moderadas, y por encima de todo, honrados y capaces de aceptar la voluntad ciudadana.

Soy muy ingenuo, lo sé. Pero en estos foros se trata de teorizar y soñar un poco con nuestro mundo ideal ¿no?

PD: Me he reido mucho con tu anécdota telefónica.

Armando Vallejo Waigand dijo...

Hola a todos. Les pido disculpas por mi desaparición temporal y la ausencia de señales de vida. El motivo no ha sido otro que la falta de tiempo. Ya saben, hay que priorizar... Y si bien esto es un compromiso que he adquirido para dar testimonio de mi fe, en esta ocasión he tenido que aplazar la publicación de nuevos artículos. Lo lamento mucho, especialmente por quienes esperaban alguna respuesta mía.

No puedo prometer que no volverá a pasar tanto tiempo entre un artículo y otro, pero pueden estar seguros de que no soy de los que dejan los proyectos a medias. El blog sigue vivo.

Gracias por la fidelidad.