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martes, 6 de noviembre de 2007

Cocheros de Dios

Esta entrada es un homenaje a todos aquellos artistas que están empeñados en conducirnos hacia Dios a través de la música. Cristianos con un don especial y el deseo de ponerlo al servicio del Evangelio. Creyentes dedicados a escribir a Dios en voz alta para hacernos participar de su misma oración cantada. Elevan nuestras almas hasta los cómodos asientos de sus carros tirados por notas musicales, y con el aire fresco en el rostro, avanzan al encuentro del Señor para ponernos en su presencia durante unos minutos. Son los cocheros de Dios.

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Ignacio Blasco Guillén es sacerdote mercedario de Aragón que desarrolla su tarea pastoral como responsable del Secretariado Diocesano de Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de Orihuela (Alicante), y es capellán de la prisión de Fontcalent, donde cumplen condena unos 950 internos. Recientemente ha inaugurado un blog altamente recomendable, en el que retrata el rostro humano de la cárcel, invitándonos a ver a los presos más allá de los delitos que cometieron. En sus escritos refleja el amor por los seres humanos, con toda su dignidad, a veces esclavos de su pasado y unas acciones por las que, muy probablemente, serán eternos deudores de la sociedad. Es fácil reconocer en los textos de Fray Nacho su dolor por los «juguetes rotos», el temor por su frágil reparación, y la inquebrantable esperanza de verles volar, libres, a pesar de todo. Cuando entres en su blog sentirás la necesidad de escribir un comentario, pero no podrás hacerlo porque no tiene activada esa opción. La razón realza la hondura cristiana del personaje. En sus propias palabras, «Decidí no ponerlos a propósito. Aunque sé que me pierdo buenos comentarios [...] tengo la sensación de que este tipo de apartados se convierten en un nido de vanagloria para muchos de los que escriben [...] Simplemente es una ventana para colgar reflexiones [...] Si a alguien le hacen bien, pues perfecto [...]». Sencillamente, admirable.

La música de Fray Nacho es un regalo para el espíritu. Sus canciones no son un «producto». No lo necesita porque no es eso para lo que compone y canta. Como sucede con el arte más exquisito, no se parece a nada ni nadie y es difícil que enamore a primera «vista». Sus canciones exigen del oyente atención y paciencia para permitir que el mensaje en su conjunto —música, letra, voz e interpretación— penetre con toda su fuerza a través de los oídos, para después extenderse hasta alcanzar el corazón, que tendrá, entonces, la oportunidad de disfrutar de la presencia de Dios. No es música solo para escuchar, es música para orar. No porque no sea agradable al oído, sino porque, además, tiene la virtud de adentrarnos en un clima de oración, aunque no fuera ese el plan.
Hace algunas semanas tuve noticias de Fray Nacho. Su segundo trabajo discográfico —«Quedarme a tu lado»— acababa de ver la luz. Contacté con él a través de su web y unos días después el CD llegaba a mis manos en formato MP3. Ahora suena de fondo en el blog —tienes que activarlo al final del post— y es una verdadera caricia para el alma cantada en primera persona, como testimonio, confesión, oración compartida... A veces podemos notar con absoluta nitidez el desgarro, otras la paz, en ocasiones el miedo y siempre el amor. Quien conozca el primer disco no se sorprenderá. No hay grandes novedades, ni falta que hace. O quizás, se pueda considerar una variación el mayor recogimiento aún, si cabe, que transmiten los temas de este álbum. Entre las quince canciones que componen el disco, así como entre las doce del primero, no encontramos ninguna que sea «movida». Son todas para disfrutar con luz tenue a la lumbre de una vela, la Biblia abierta, los ojos cerrados y el cuerpo entregado al gozo del espíritu. No tengo nada en contra de la música cristiana con mucho ritmo, pero debemos distinguir la oración festiva, por lo general comunitaria, del encuentro personal con Dios. Ambas son parte necesaria de nuestra vida de fe, pero hago hincapié en la segunda, porque es la más difícil de entender y por tanto de transmitir.


El piano y la guitarra son los dos instrumentos que acompañan las composiciones de Fray Nacho. Yo siento especial debilidad por el primero. La canción «Necesito de Ti» de su primer disco es una auténtica joya, y el piano que la acompaña, sublime (puedes encontrarla al final de este post, en el menú del reproductor on line, ¡no dejes de escucharla!). Además, posee un timbre de voz aterciopelado, peculiar, único, con una amplitud de registro que le permite extraer el máximo partido a cada una de las notas. En ellas habla de la espera inquieta por sentir la presencia del Señor («Quisiera», «Quiero»), de la emoción del encuentro y del reencuentro con Él («Me vuelves a amar»), del vacío que deja su ausencia («No puedo vivir sin ti», «Mece mi alma»), del dulce abandono en sus manos («Contigo»)... Son las palabras y las notas de alguien que ha experimentado cada una de esas sensaciones, de alguien que tiene hilo directo con Dios porque todo su ser vive en oración.

Son muchos los cantautores cristianos que merecen nuestro reconocimiento y a todos ellos dedico este artículo. La mayoría podrían ganarse la vida holgadamente con su arte, pero han preferido poner su don al servicio del Evangelio. Se han abandonado a la misión de construir el Reino, negándose el éxito y la fama, y su entrega nos ayuda a los demás cristianos a establecer «contacto» con Dios, como diría Tony de Mello. En el caso concreto de Fray Nacho, mi admiración y agradecimiento es especialmente sentido, porque ha influido directamente en algunos de mis más hermosos momentos de oración. Y lo seguirá haciendo.



* Este es el estribillo de una de las canciones que más me gusta del disco. Su título es «Quiero», y es la primera que suena en el reproductor on-line
:

"Quiero volver a escucharte otra vez.
Quiero volver a sentirte.
Quiero volver a agarrarme, que el miedo persiste.
Quiero volver a enredarme a tus pies,
quiero lanzarme a tu abrazo y después
quiero volver a acercarme que el frío aún resiste..."


* El dinero recaudado por la venta del disco «Quedarme a tu lado» se destinará íntegramente a las casas de acogida «Pedro Arrupe» y «San Vicente de Paul» para albergar a presos con permisos penitenciarios.

* El vídeo que sigue es un extracto de un reportaje más amplio sobre el Encuentro Diocesano de Jóvenes de 2005, en Moya (Gran Canaria). El montaje tiene como fondo musical la canción «No podrán» del primer disco de
Fray Nacho, «Confía». Más abajo, puedes encontrar el reproductor on-line con una selección de canciones de sus dos trabajos. No olvides detener la música si quieres ver el vídeo.











ENLACES

web: fray nacho
blog: fray nacho
letras de las canciones: discografía (con acordes para guitarra)




miércoles, 11 de julio de 2007

Tiempo de oración

Necesito un alto en el camino. Todos lo necesitamos de vez en cuando y muy especialmente los cristianos, porque sólo quien disfruta de la presencia de Dios en su vida puede transmitir a los demás el Evangelio. El resto no serán más que intentos voluntariosos que no darán fruto y que acabarán dejando un vacío en el alma que agotará nuestras reservas espirituales. En los años como animador de jóvenes he aprendido que es importante que estudien sobre su credo, que razonen su fe y que la entiendan, pero fundamentalmente he descubierto que si no ven en sus acompañantes a personas que conocen de cerca al Dios del que les hablan, estaremos edificando sobre arena. No me interpreten mal, no es mi intención dar una catequesis; en realidad me digo todo esto a mí mismo.




La canción que están escuchando de fondo (está al final del post) basada en el Salmo 23, el propio texto del salmo y una parábola que descubrí hace años, son tres buenas formas de recordarme lo fundamental de mi misión evangelizadora. Creo que escribir este blog o mi tarea como animador, sirven para dar testimonio y ayudar humildemente a extender una visión del mundo desde la fe en Cristo, pero si por el camino olvido el rostro de quien me envió, ¿a quién anunciaré?

Hoy, en plena revisión personal del curso, quiero compartir con ustedes este momento de oración. Comencemos por esta historia haciéndonos al final la siguiente pregunta,
"¿soy el actor o el sacerdote?":

"Al final de una cena en un castillo inglés, un famoso actor de teatro entretenía a los huéspedes declamando textos de Shakespeare. Después se ofreció a que le pidieran alguna pieza extra. Un tímido sacerdote preguntó al actor si conocía el salmo 22. El actor respondió: ‘Sí, lo conozco, pero estoy dispuesto a recitarlo con una condición; que después lo recite usted’. El sacerdote se sintió incómodo, pero accedió. El actor hizo una bellísima interpretación, con una dicción perfecta: ‘El Señor es mi Pastor, nada me falta...’ Al final, los huéspedes aplaudieron vivamente. Llegó el turno al sacerdote, que se levantó y recitó las mismas palabras del salmo. Esta vez, cuando terminó, no hubo aplausos, solo un profundo silencio y el inicio de lágrimas en algún rostro. El actor se mantuvo en silencio unos instantes, después se levantó y dijo: ‘Señoras y señores, espero que se hayan dado cuenta de lo que ha sucedido esta noche: yo conocía el salmo, pero este hombre conoce al Pastor”.


SALMO 23

El Señor es mi pastor,
nada me falta;
en verdes pastos me hace reposar
y a donde brota agua fresca me conduce.
Fortalece mi alma,
por el camino del bueno me dirige
por amor de su Nombre.

Aunque pase por oscuras quebradas,
no temo ningún mal,
porque tú estás conmigo,
tu bastón y tu vara me protegen.

Me sirves la mesa
frente a mis adversarios,
con aceite perfumas mi cabeza
y rellenas mi copa.
Me acompaña tu bondad y tu favor
mientras dura mi vida;
mi mansión será
la casa del Señor
por largo, largo tiempo.




domingo, 8 de abril de 2007

¡FELIZ PASCUA!


Cristo ha resucitado... ¡nada menos! Tal acontecimiento cambió radicalmente a muchos de sus contemporáneos, entre ellos muy especialmente a los apóstoles, que de sumirse en la desesperación y el desconcierto tras la muerte de Jesús, se convirtieron en anunciadores de la resurrección hasta entregar su vida por dar testimonio y negarse a renunciar a lo que habían visto con sus propios ojos.

David Watson escribe en el prólogo de su libro 'Jesús, entonces y ahora': "[...] Su resurrección fue el acontecimiento más resonante de todos los tiempos o el embuste más monstruoso de toda la historia [...]". Lo cierto es que la influencia de aquello pervive en la actualidad con una fuerza inexplicable en caso de ser falso, pero al mismo tiempo, los que afirmamos cada domingo nuestra fe a través del Credo, ¿actuamos de acuerdo a la magnitud de nuestra creencia? ¿No debería hacernos radicales en el seguimiento de Jesús, al menos en una mínima parte de lo que lo fueron los apóstoles? ¿No deberíamos ser más decididos en el compromiso, la entrega, la fidelidad a Jesús y a nuestros hermanos? ¿A qué tememos si Cristo ha resucitado?...

Le pido a Dios que me conceda suficiente fe para afirmar 'Sí, creo' no sólo como respuesta al Credo, sino con mi vida.

¡Feliz Pascua!