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sábado, 2 de junio de 2007

El 'Show del Donante' fue una farsa

El anterior post lo inicié citando la película 'El Hombre Elefante' comparando su argumento con el contenido anunciado por la televisión holandesa BNN de su nuevo programa 'De Grote Donorshow'. Dos días después, y tras conocerse la farsa, lo que se me viene a la mente es 'La Guerra de los Mundos' en su representación radiofónica dirigida por Orson Welles en 1938. Ocurrió el 30 de octubre, un día antes de la noche de Halloween.

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Un supuesto boletín de noticias interrumpía la emisión para informar de un ataque alienígena a la Tierra describiendo con perfecto realismo los dramáticos sucesos, provocando el pánico en la población. Unos fueron a buscar sus armas, otros salieron huyendo de sus casas y la mayoría llamaron a la policía que acabó con la centralita bloqueada. Cuando se supo la verdad, la conmoción y la indignación fueron casi tan grandes como el terror que provocó la obra. A partir de ese momento el mundo moderno comenzó a concienciarse respecto al poder que podían ejercer los medios de comunicación, lo cual exigía responsabilidad y control. Pero lo que fortuitamente Orson Welles demostró como el uso inaceptable de un medio de masas, algunos comenzaron a verlo como una útil herramienta para la manipulación.


BNN nos ha manipulado. 'El Show de los donantes' se celebró casi en su integridad sin desvelarse el engaño. Sólo cuando la supuesta donante y enferma terminal se aprestaba a dar el nombre del elegido para quedarse con su riñón -los aspirantes a recibir el órgano sí eran reales- el presentador la interrumpió para anunciar entre risas y aplausos que se trataba de una actriz y que todo formaba parte de un montaje con la intención de concienciar a la población sobre la donación de órganos. Casi hora y media de impune ofensa a la honradez informativa. Me alegro de que finalmente no hayan descendido un nuevo peldaño en la degradación del ser humano que anunciaban, pero lamento que en nombre de la solidaridad mal entendida, utilicen la mentira, el escándalo y la provocación; y a la vez, obliguen a malgastar el tiempo a colectivos y personalidades de la política, la cultura y la religión que elevaron su voz, incluso ante el parlamento europeo, para tratar de parar la emisión del programa. Seguramente dirán que han obtenido más donantes en una noche que una campaña institucional en todo un año, pero con trampas y lucrándose a través de la millonaria audiencia y la repercusión internacional.

Si alguien tiene dudas sobre si el fin -suponiendo que haya sido noble- justifica los medios, que se imagine la siguiente escena: la policía de su ciudad advierte que una peligrosa banda de tráfico de menores está acechando a sus hijos para raptarlos, dando a continuación una serie de instrucciones para su protección. Imaginemos ahora que pasado un tiempo, las autoridades anuncian que la banda no existe y que sólo se pretendía concienciar a los ciudadanos para que tomen precauciones. Estaremos de acuerdo en que el Jefe de Policía sería destituido fulminantemente, aunque su plan hubiese obtenido el resultado apetecido.

Sesenta y nueve años después de La Guerra de los Mundos, la BNN nos ha dado una lección. Pero no de la que ellos se jactan -concienciarnos de la importancia de donar órganos- sino de la apremiante necesidad de establecer unos criterios respecto a los límites de la obscenidad mediática, sobre todo televisiva. Pero, ¿cómo hacerlo? Días atrás, defendí en el post
'En busca de la verdad' de Daniel Mercado en Etiqueta, que el principal mecanismo de control de los medios en países democráticos debía ser la Justicia. Sin embargo, ésta sólo puede intervenir cuando hay delito o como mínimo una falta sancionable. Si su actuación se ajusta a derecho, por muy repudiable que sea, la única alternativa que queda es la crítica, la denuncia pública y el rechazo unánime de los consumidores, preferentemente asociados y respaldados por personalidades respetadas en la sociedad. El efecto quizás sea más lento pero también más duradero. Las empresas de comunicación tienen suscritos seguros y prevén en sus presupuestos anuales partidas para hacer frente a los juicios que pudiesen perder. No es que les guste hacerlo, pero pueden soportarlo si no desequilibra ostensiblemente su cuenta de resultados. Por el contrario, un derrumbe de su imagen entre la población provocaría un más que probable cambio de rumbo en su política de contenidos. Algo así sucedió en España con Tele 5. En sus comienzos llenó su programación de espacios zafios que le dieron una rápida popularidad, pero al mismo tiempo se convirtió en la cadena de los culos y tetas. Y tuvieron que dar un giro, porque aunque mantenían una elevada audiencia, muchas compañías importantes no querían que su nombre se relacionase con ese mensaje.


Los medios, los políticos, los empresarios... deben notar la respiración de los ciudadanos de a pie en la nuca. Deben sentirse vigilados y examinados por todo lo que digan, hagan o dejen de hacer. Esa, por utópica que parezca, es la sociedad madura a la que aspiro.





Vídeo de los instantes finales del programa, cuando el presentador desvela el fraude y su repercusión mediática.


5 comentarios:

Cristian dijo...

Armando:
Aunque haya sido un montaje, tampoco es para la risa, que patético somos los seres humanos. bendiciones.

Nazaret dijo...

Que triste todo esto. Como pueden jugar de esta manera con la sensibilidad de las personas. Hasta dónde vamos a llegar...
Lo que me extraña es como se ha producido todo, con la repercusión que ha tenido en los medios de distintos países. Y que ahora digan que ha sido un engaño...¿no será que se han hecho para atrás? por toda la controversia que ha producido.
¿Y los concursantes que solicitaban esa donación lo sabían? porque aunque llegaran a prestarse a este "espectáculo", supongo que sería un palo para ellos, pues ha jugado con sus sentimientos.

Saludos

Mariluz Barrera González dijo...

Me has dejado pasmada de la impresiòn, es increìble hasta donde hemos llegado, pero como bien dices esto es consecuencia de la falta de criterios y lìmites, ya no los hay.

En nombre de la famosa libertad todo el mundo hace y dice lo que le venga en gana y los seres humanos no entendemos que debe hacer ciertas normas, criterios no solo biològicos sino èticos y morales para regir nuestro proceder y las leyes se suponen que para eso estàn.

Por eso me escandaliza lo que està sucediendo ahora en mi paìs, resulta que los Derechos Humanos y la Procuraduria General de Justicia interpusieron una demanda de inconstitucionalidad de la ley del aborto, pues la constituciòn de los Estados Unidos Mexicanos protege al no nacido.

¿Y no se los veniamos diciendo a todos desde un principio? Pero les valiò sorbete y crearon una ley, encima de otra que està en la constituciòn pasando por encima no solo de la ley sino de todos los lìmites y criterios que pueden sustentar el proceder del hombre. Ahora los que hicieron la ley estàn pidiendo a los directivos de estas instituciones que renuncien y que ellos van a hacer valer la ley, aunque no estè bien hecha, imagìnate nada más.

Siento que ya no hay lìmites Armando, si estamos muy mal.

Un beso.

Armando Vallejo Waigand dijo...

Cristian. Recientemente leí en el blog 'alg@'en relación a este asunto, palabras preocupantes: "si el gran donante logra una audiencia considerable, al menos perderé toda esperanza en el género humano y dejaré de preocuparme por tonterías como la paz o el medio ambiente mientras contemplo con deleite nuestro decidido y merecido paseo hacia la extinción". Seguramente dicho con ironía, pero es para reflexionar... Menos mal que 'nada hay imposible para Él'

Nazaret. Sí, los concursantes eran cómplices de la farsa y además enfermos reales. Lo cual sólo amplifica lo grotesco de la historia.

Mariluz. Dices que te escandaliza. A mí también. Lo que pasa es que en nuestros días escandalizarse está mal visto. El que se escandaliza es un 'conservador de ultraderecha cuya mente está cerrada al progreso' y bla, bla, bla...

GRACIAS POR SUS COMENTARIOS

hna josefina dijo...

¡Increíble!
Pero en realidad, no es increíble la palabra, porque hoy hasta se dan esas cosas. Y la macana es que cada vez le vamos dando menos importancia.