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viernes, 29 de febrero de 2008

CATÓLICOS EN POLÍTICA I (José Bono)

José Bono (PSOE), Jaime Mayor Oreja (PP) y Marcial Morales (CC) fueron los conferenciantes invitados a las jornadas «Católicos en política», organizadas por el Aula «Manuel Alemán» de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Los tres se declaran católicos practicantes, los tres afirman estar en política como consecuencia de su fe, y los tres aseguran sentirse coherentes siendo cristianos y militantes de sus respectivos partidos.

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Vídeo de producción propia, disponible para descargar y compartir en Google Video (15 min.)


LA FORMA

José Bono no defraudó. Hizo gala de su reconocida oratoria manejando perfectamente los tiempos, alternando pasajes leídos con otros improvisados, reforzando su argumentación con citas y acontecimientos históricos, captando la atención del auditorio mediante la inflexión de la voz a conveniencia y relatando divertidas anécdotas. Demostrando, en definitiva, seguridad sin fisuras en sus convicciones, con la habilidad añadida de convertir cada una de sus afirmaciones en un titular periodístico. Sin duda, todos los presentes disfrutamos con la disertación de un exquisito comunicador.


EL FONDO

.......José Bono en un momento de la conferencia
Desde el primer momento, Bono quiso dejar clara su autonomía, su independencia y su «libertad de pensar» y discrepar dentro las dos grandes organizaciones a las que pertenece —Iglesia y PSOE—, sin que por eso deba dejar de formar parte de alguna de ellas. Criticó la tendencia a pensar «milimétricamente igual», así como el sectarismo interno, que clasifica a sus miembros según su mayor o menor ortodoxia respecto de los postulados doctrinales dominantes. El aspirante a presidir la Cámara de Diputados en la próxima legislatura se preocupó de equilibrar defectos y virtudes en la historia y en el funcionamiento actual de ambas instituciones. De su partido dijo que «necesita renovación», y señaló como «un buen camino el esfuerzo por establecer puentes con los valores cristianos» para hallar puntos de encuentro en los principios universales de la solidaridad, evitando «topar con la Iglesia»; de ésta criticó su dogmatismo y apego al poder en muchos momentos; y de ambos, denunció la «intransigencia y la intolerancia» que históricamente han practicado de modo recíproco. Tampoco dudó en censurar a quienes desde el PSOE exigían romper los convenios con la Santa Sede, por considerarlo una ofensa a los «millones de cristianos comprometidos» con los más desfavorecidos del planeta. No faltó la alusión al Partido Popular, al que acusó en repetidas ocasiones de pretender erigirse en el partido de los católicos y de predicar unos valores que no practica, por ejemplo, respecto a la inmigración.


LA CRÍTICA

Creo haber escuchado el testimonio de un creyente sincero y convencido, que reúne el mérito de tener que soportar el recelo con que le miran «los unos por ser de los otros y los otros por ser de los unos». También «necesitado de salvación», como él mismo reconoció al principio del acto —al fin y al cabo, como todos los mortales—, Bono dedicó la mayor parte de su discurso a tratar de convencer a la audiencia de que es posible ser católico y socialista. Por lo que a mí respecta, fue algo del todo innecesario porque soy un convencido: ¡claro que se puede ser católico y socialista! En lo que mantengo más dudas es en que el PSOE sea realmente socialista; lamentablemente, no han quedado despejadas después de escuchar al ex ministro de Defensa. El PSOE pretende ser identificado como tal, exagerando hasta lo grotesco algunas poses —a mi juicio impostadas— a las que llama
conquistas sociales, prescindiendo de lo elemental de una ideología que aspira a construir el mundo desde las bases de la sociedad, poniendo el acento en la solidaridad y en la movilización de las clases trabajadoras, para que cada persona sea protagonista de su historia. La única movilización que parece alentar el socialismo oficial español es el voto cada cuatro años. El resto del tiempo se siente más cómodo gobernando en el letargo de la masa.

«Puedo compatibilizar mi militancia política y mi fe, pero claro, lo hago a mi manera», respondió Bono a una de las preguntas formuladas en el coloquio, poco antes de asegurar que no era lo mismo el aborto con ocho meses de gestación que con cuatro semanas. Dos frases que, junto a otras menos llamativas de su exposición, y la visión global de su gestión en la cosa pública, me llevan a sospechar que el político manchego ha hecho de su fe un traje a la medida de las ideas de su partido. Es lo que los animadores de jóvenes llamamos un «Dios de bolsillo», para poder llevarlo siempre con nosotros, pero en un formato cómodo y ligero.




  • El vídeo es un extracto de 15 minutos de duración de la conferencia pronunciada por José Bono, dividido en bloques temáticos. Se puede compartir y descargar desde Google Video, tal y como aparece en este artículo, pero si alguien deseara obtener la conferencia completa, puede solicitarla escribiendo al correo que aparece en mi perfil al principio de la página, aportando su dirección postal para poder realizar el envío. No prometo que sea inmediato, pero se lo haré llegar lo antes posible en DVD, siempre y cuando la demanda no supere mis posibilidades.


martes, 6 de noviembre de 2007

Cocheros de Dios

Esta entrada es un homenaje a todos aquellos artistas que están empeñados en conducirnos hacia Dios a través de la música. Cristianos con un don especial y el deseo de ponerlo al servicio del Evangelio. Creyentes dedicados a escribir a Dios en voz alta para hacernos participar de su misma oración cantada. Elevan nuestras almas hasta los cómodos asientos de sus carros tirados por notas musicales, y con el aire fresco en el rostro, avanzan al encuentro del Señor para ponernos en su presencia durante unos minutos. Son los cocheros de Dios.

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Ignacio Blasco Guillén es sacerdote mercedario de Aragón que desarrolla su tarea pastoral como responsable del Secretariado Diocesano de Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de Orihuela (Alicante), y es capellán de la prisión de Fontcalent, donde cumplen condena unos 950 internos. Recientemente ha inaugurado un blog altamente recomendable, en el que retrata el rostro humano de la cárcel, invitándonos a ver a los presos más allá de los delitos que cometieron. En sus escritos refleja el amor por los seres humanos, con toda su dignidad, a veces esclavos de su pasado y unas acciones por las que, muy probablemente, serán eternos deudores de la sociedad. Es fácil reconocer en los textos de Fray Nacho su dolor por los «juguetes rotos», el temor por su frágil reparación, y la inquebrantable esperanza de verles volar, libres, a pesar de todo. Cuando entres en su blog sentirás la necesidad de escribir un comentario, pero no podrás hacerlo porque no tiene activada esa opción. La razón realza la hondura cristiana del personaje. En sus propias palabras, «Decidí no ponerlos a propósito. Aunque sé que me pierdo buenos comentarios [...] tengo la sensación de que este tipo de apartados se convierten en un nido de vanagloria para muchos de los que escriben [...] Simplemente es una ventana para colgar reflexiones [...] Si a alguien le hacen bien, pues perfecto [...]». Sencillamente, admirable.

La música de Fray Nacho es un regalo para el espíritu. Sus canciones no son un «producto». No lo necesita porque no es eso para lo que compone y canta. Como sucede con el arte más exquisito, no se parece a nada ni nadie y es difícil que enamore a primera «vista». Sus canciones exigen del oyente atención y paciencia para permitir que el mensaje en su conjunto —música, letra, voz e interpretación— penetre con toda su fuerza a través de los oídos, para después extenderse hasta alcanzar el corazón, que tendrá, entonces, la oportunidad de disfrutar de la presencia de Dios. No es música solo para escuchar, es música para orar. No porque no sea agradable al oído, sino porque, además, tiene la virtud de adentrarnos en un clima de oración, aunque no fuera ese el plan.
Hace algunas semanas tuve noticias de Fray Nacho. Su segundo trabajo discográfico —«Quedarme a tu lado»— acababa de ver la luz. Contacté con él a través de su web y unos días después el CD llegaba a mis manos en formato MP3. Ahora suena de fondo en el blog —tienes que activarlo al final del post— y es una verdadera caricia para el alma cantada en primera persona, como testimonio, confesión, oración compartida... A veces podemos notar con absoluta nitidez el desgarro, otras la paz, en ocasiones el miedo y siempre el amor. Quien conozca el primer disco no se sorprenderá. No hay grandes novedades, ni falta que hace. O quizás, se pueda considerar una variación el mayor recogimiento aún, si cabe, que transmiten los temas de este álbum. Entre las quince canciones que componen el disco, así como entre las doce del primero, no encontramos ninguna que sea «movida». Son todas para disfrutar con luz tenue a la lumbre de una vela, la Biblia abierta, los ojos cerrados y el cuerpo entregado al gozo del espíritu. No tengo nada en contra de la música cristiana con mucho ritmo, pero debemos distinguir la oración festiva, por lo general comunitaria, del encuentro personal con Dios. Ambas son parte necesaria de nuestra vida de fe, pero hago hincapié en la segunda, porque es la más difícil de entender y por tanto de transmitir.


El piano y la guitarra son los dos instrumentos que acompañan las composiciones de Fray Nacho. Yo siento especial debilidad por el primero. La canción «Necesito de Ti» de su primer disco es una auténtica joya, y el piano que la acompaña, sublime (puedes encontrarla al final de este post, en el menú del reproductor on line, ¡no dejes de escucharla!). Además, posee un timbre de voz aterciopelado, peculiar, único, con una amplitud de registro que le permite extraer el máximo partido a cada una de las notas. En ellas habla de la espera inquieta por sentir la presencia del Señor («Quisiera», «Quiero»), de la emoción del encuentro y del reencuentro con Él («Me vuelves a amar»), del vacío que deja su ausencia («No puedo vivir sin ti», «Mece mi alma»), del dulce abandono en sus manos («Contigo»)... Son las palabras y las notas de alguien que ha experimentado cada una de esas sensaciones, de alguien que tiene hilo directo con Dios porque todo su ser vive en oración.

Son muchos los cantautores cristianos que merecen nuestro reconocimiento y a todos ellos dedico este artículo. La mayoría podrían ganarse la vida holgadamente con su arte, pero han preferido poner su don al servicio del Evangelio. Se han abandonado a la misión de construir el Reino, negándose el éxito y la fama, y su entrega nos ayuda a los demás cristianos a establecer «contacto» con Dios, como diría Tony de Mello. En el caso concreto de Fray Nacho, mi admiración y agradecimiento es especialmente sentido, porque ha influido directamente en algunos de mis más hermosos momentos de oración. Y lo seguirá haciendo.



* Este es el estribillo de una de las canciones que más me gusta del disco. Su título es «Quiero», y es la primera que suena en el reproductor on-line
:

"Quiero volver a escucharte otra vez.
Quiero volver a sentirte.
Quiero volver a agarrarme, que el miedo persiste.
Quiero volver a enredarme a tus pies,
quiero lanzarme a tu abrazo y después
quiero volver a acercarme que el frío aún resiste..."


* El dinero recaudado por la venta del disco «Quedarme a tu lado» se destinará íntegramente a las casas de acogida «Pedro Arrupe» y «San Vicente de Paul» para albergar a presos con permisos penitenciarios.

* El vídeo que sigue es un extracto de un reportaje más amplio sobre el Encuentro Diocesano de Jóvenes de 2005, en Moya (Gran Canaria). El montaje tiene como fondo musical la canción «No podrán» del primer disco de
Fray Nacho, «Confía». Más abajo, puedes encontrar el reproductor on-line con una selección de canciones de sus dos trabajos. No olvides detener la música si quieres ver el vídeo.











ENLACES

web: fray nacho
blog: fray nacho
letras de las canciones: discografía (con acordes para guitarra)




miércoles, 11 de julio de 2007

Tiempo de oración

Necesito un alto en el camino. Todos lo necesitamos de vez en cuando y muy especialmente los cristianos, porque sólo quien disfruta de la presencia de Dios en su vida puede transmitir a los demás el Evangelio. El resto no serán más que intentos voluntariosos que no darán fruto y que acabarán dejando un vacío en el alma que agotará nuestras reservas espirituales. En los años como animador de jóvenes he aprendido que es importante que estudien sobre su credo, que razonen su fe y que la entiendan, pero fundamentalmente he descubierto que si no ven en sus acompañantes a personas que conocen de cerca al Dios del que les hablan, estaremos edificando sobre arena. No me interpreten mal, no es mi intención dar una catequesis; en realidad me digo todo esto a mí mismo.




La canción que están escuchando de fondo (está al final del post) basada en el Salmo 23, el propio texto del salmo y una parábola que descubrí hace años, son tres buenas formas de recordarme lo fundamental de mi misión evangelizadora. Creo que escribir este blog o mi tarea como animador, sirven para dar testimonio y ayudar humildemente a extender una visión del mundo desde la fe en Cristo, pero si por el camino olvido el rostro de quien me envió, ¿a quién anunciaré?

Hoy, en plena revisión personal del curso, quiero compartir con ustedes este momento de oración. Comencemos por esta historia haciéndonos al final la siguiente pregunta,
"¿soy el actor o el sacerdote?":

"Al final de una cena en un castillo inglés, un famoso actor de teatro entretenía a los huéspedes declamando textos de Shakespeare. Después se ofreció a que le pidieran alguna pieza extra. Un tímido sacerdote preguntó al actor si conocía el salmo 22. El actor respondió: ‘Sí, lo conozco, pero estoy dispuesto a recitarlo con una condición; que después lo recite usted’. El sacerdote se sintió incómodo, pero accedió. El actor hizo una bellísima interpretación, con una dicción perfecta: ‘El Señor es mi Pastor, nada me falta...’ Al final, los huéspedes aplaudieron vivamente. Llegó el turno al sacerdote, que se levantó y recitó las mismas palabras del salmo. Esta vez, cuando terminó, no hubo aplausos, solo un profundo silencio y el inicio de lágrimas en algún rostro. El actor se mantuvo en silencio unos instantes, después se levantó y dijo: ‘Señoras y señores, espero que se hayan dado cuenta de lo que ha sucedido esta noche: yo conocía el salmo, pero este hombre conoce al Pastor”.


SALMO 23

El Señor es mi pastor,
nada me falta;
en verdes pastos me hace reposar
y a donde brota agua fresca me conduce.
Fortalece mi alma,
por el camino del bueno me dirige
por amor de su Nombre.

Aunque pase por oscuras quebradas,
no temo ningún mal,
porque tú estás conmigo,
tu bastón y tu vara me protegen.

Me sirves la mesa
frente a mis adversarios,
con aceite perfumas mi cabeza
y rellenas mi copa.
Me acompaña tu bondad y tu favor
mientras dura mi vida;
mi mansión será
la casa del Señor
por largo, largo tiempo.




lunes, 7 de mayo de 2007

Fermento en la masa

Aunque les tengo prometido el vídeo y las fotos del gesto de las '6000 velas', primero tenía que acabar el del Encuentro Diocesano de Jóvenes que se celebró unos días antes. Tuvo lugar en el barrio histórico de Vegueta, en el colegio San Ignacio de Loyola (Jesuítas).

El lema escogido este año 'Fermento en la masa', invitaba a los jóvenes a reflexionar sobre cómo transmitir el evangelio a otros jóvenes. La principal conclusión: a través del testimonio de vida, pero también de palabra. Sin avergonzarnos de nuestra fe y haciendo ver a los demás nuestra felicidad. Lo bueno acaba siendo seguido e imitado. Entonces pues...

¡ADELANTE!

Producción propia

domingo, 8 de abril de 2007

¡FELIZ PASCUA!


Cristo ha resucitado... ¡nada menos! Tal acontecimiento cambió radicalmente a muchos de sus contemporáneos, entre ellos muy especialmente a los apóstoles, que de sumirse en la desesperación y el desconcierto tras la muerte de Jesús, se convirtieron en anunciadores de la resurrección hasta entregar su vida por dar testimonio y negarse a renunciar a lo que habían visto con sus propios ojos.

David Watson escribe en el prólogo de su libro 'Jesús, entonces y ahora': "[...] Su resurrección fue el acontecimiento más resonante de todos los tiempos o el embuste más monstruoso de toda la historia [...]". Lo cierto es que la influencia de aquello pervive en la actualidad con una fuerza inexplicable en caso de ser falso, pero al mismo tiempo, los que afirmamos cada domingo nuestra fe a través del Credo, ¿actuamos de acuerdo a la magnitud de nuestra creencia? ¿No debería hacernos radicales en el seguimiento de Jesús, al menos en una mínima parte de lo que lo fueron los apóstoles? ¿No deberíamos ser más decididos en el compromiso, la entrega, la fidelidad a Jesús y a nuestros hermanos? ¿A qué tememos si Cristo ha resucitado?...

Le pido a Dios que me conceda suficiente fe para afirmar 'Sí, creo' no sólo como respuesta al Credo, sino con mi vida.

¡Feliz Pascua!

viernes, 6 de abril de 2007

No hay nadie tan libre como un cura

La frase del título no es mía. La he extraído de un comentario reciente publicado en 'El blog de 21' cuyo autor es el escritor y columnista Juan Manuel de Prada. El contenido del artículo es una reflexión sobre la encuesta realizada a los sacerdotes españoles y las interpretaciones que ha tenido por parte de diversos medios de comunicación.


Mientras que la mayoría se ha centrado en la opinión de los curas sobre el celibato, sobre política o el Vaticano II, de Prada pone el acento en los datos más demoledores en lo que a consenso se refiere; la satisfacción por el trabajo que realizan y, sobre todo, su convencimiento de que si tuvieran que volver a empezar volverían a ser sacerdotes. Es ahí cuando el autor del artículo sentencia: "no hay personas tan radicalmente libres como los curas", y continúa, "la decisión que un día adoptaron los convirtió en hombres a contracorriente, hombres capaces de escuchar una voz interior entre el tumulto de voces confusas con que nuestra época nos aturde, hombres dispuestos a renunciar a formas de vida mucho menos exigentes a cambio de una felicidad difícil y puesta a prueba cada día; cuando se ha sido libre hasta tal extremo en lo esencial, es natural que se sea libre también en lo accesorio". El resto del artículo relata con ternura exquisita el ser del sacerdote, pero es la frase con la que titulo este post y el texto que le sigue los que más me emocionan. Los que me hacen envidiar el espíritu generoso de quien se decide por la entrega total a Dios, renunciando a la vida que la mayoría de los padres sueñan para sus hijos y que después los hijos heredan de sus padres. Esa libertad de la que habla Juan Manuel de Prada, es la que rompe las cadenas del egoísmo, del anhelo de éxito, del reconocimiento profesional, de la prosperidad económica.



Es la misma libertad que yo un día descubrí haciendo el Camino de Santiago, cuando noté la debilidad y fragilidad de mi cuerpo, para después de varios días aceptarla y llegar a amarla. Fue en ese instante cuando dejé de ser débil, porque ya no necesitaba mostrarme fuerte e indestructible; el saberme débil había dejado de hacerme daño. Acababa de liberarme.

Sí. Bien dice el autor, los curas son radicalmente libres. Si los políticos tuvieran sólo la décima parte de su libertad -ante el deseo de poder, el miedo a perder votos, el terror a perder protagonismo, la posibilidad de estar equivocados...- el ambiente sería más respirable y los españoles no nos veríamos unos a otros como enemigos por votar a uno u otro partido.

Y ahora, quien quiera puede seguir alimentando el debate -válido e importante- de si los curas quieren seguir siendo célibes o preferirían poder decidir, pero la realidad que nos muestra la encuesta a los sacerdotes, así como su proceder de cada día en la mayoría de casos, es que más allá de sus inclinaciones políticas y tendencias eclesiales progresistas o conservadoras, su vocación es una y es auténtica. Desde 'Soy cristiano', gracias.

miércoles, 7 de febrero de 2007

Exhibicionismo o testimonio


Un grupo de jóvenes, cargados de energía y con deseos de cambiar el mundo, debate sobre la conveniencia o no de salir a la calle más exclusiva de su ciudad, con aspecto desaliñado y sucio, pidiendo limosna 'para un bocadillo', interrumpiendo la paz de la que por regla general goza el barrio. Al final de la escenificación, los mismos 'mendigos' y 'drogadictos' exhibirían unas pancartas en las que se podrían leer palabras como, '¡culpables, cómplices, ricos insensibles!'... David opina que la provocación servirá de gancho para la presencia de los medios de comunicación que se harán eco de las desigualdades que ellos denuncian, y por tanto, ¡objetivo conseguido! Yessica no está de acuerdo y apunta que el efecto será el contrario. Cree que muchos pensarán que un grupo de jóvenes rebeldes, inconformistas y gamberros, han tomado la calle, provocando y asustando a los vecinos.

En esta misma encrucijada nos hallamos cuando presenciamos acciones que están a caballo entre heroicas y temerarias de los voluntarios de Greenpeace jugándose la vida ante un gigantesco navío ballenero o petrolero, o las encendidas protestas de grupos ecologistas impidiendo la construcción de una carretera que llevaría prosperidad -y servicios sanitarios dignos, entre otras cosas- a una población semi-aislada, o las escenas que protagonizan en la calle algunos colectivos homosexuales como reivindicación de sus derechos. Entonces surge la pregunta, ¿testimonio o exhibicionismo? ¿Dónde está la frontera que separa lo uno de lo otro?

En el caso de los cristianos, como sucede con cualquier colectivo que con el tiempo ha ido adquiriendo complejos -dejaremos para otra ocasión las causas- la pregunta tiene doble filo. Una respuesta conservadora nos llevará, a la larga, de vuelta a las catacumbas romanas, de las que muchos opinan, nunca debimos haber salido. Por contra, la opción 'soy cristiano', nos conduce, en el mejor de los casos, a diferencia de los ejemplos arriba expuestos, a la burla y a la 'soledad'. Es así, no está de moda ser cristiano, más bien lo contrario. Y con todo, hay quien decide proclamar que es creyente, cristiano y católico... Mi amiga Tere me habló en una ocasión de un empresario conocido suyo. En su tarjeta de presentación aparecía, junto a su nombre, cargo en la empresa y teléfonos, el texto: "cristiano comprometido"; según él, porque precisamente esas palabras eran las que mejor le definían y le ayudaban a recordarse a sí mismo que se es cristiano las veinticuatro horas del día, en casa y en el trabajo.

Creo firmemente que la afirmación pública de la fe y la argumentación cristiana, siempre que sea posible y necesaria -normalmente lo es-, servirá para recuperar poco a poco el respeto en gran medida perdido, para desprendernos de ridículos complejos, volver a sentirnos familia y, por supuesto, ser testigos del Reino en el mundo.