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GRISÁLIDA - Social

martes, 4 de septiembre de 2007

Creo en la política (II): la escala de valores

¿Puede tener éxito profesional la persona honrada? ¿Puede triunfar el político honrado? La opinión generalizada es que no, sobre todo en respuesta a la segunda pregunta. Al menos, así lo indican mis tertulias de café, las charlas de vecinos, los debates entre colegas y la sabiduría de los taxistas, siendo este último uno de los colectivos mejor informados que conozco.

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En la modesta encuesta realizada en el blog, la Honradez ganó con claridad a la Eficacia -que también contó con algunos votos- el Liderazgo y la Cualificación; estos dos últimos, siendo importantes, no obtuvieron adhesión alguna. Evidentemente, este tipo de encuestas tienen truco porque no es posible matizar las respuestas ni marcar dos opciones a la vez, pero precisamente de ahí se desprende la importancia de la elección. Hay que escoger sólo una, aunque en principio nos parezcan igual de necesarias varias, lo cual nos obliga a hacer un esfuerzo por hilar aún más fino y decantarnos finalmente. Esta clase de ejercicios nos ayudan, además, a definir nuestra propia escala de valores, aunque sea en relación a situaciones algo forzadas. Esto es para mí casi una obsesión. Toda nuestra forma de vivir, de actuar, de elegir, de decidir, depende de esa escala de valores, así que merece la pena invertir tiempo en moldearla a lo largo de nuestra existencia. Y es precisamente el nivel de fidelidad a ella lo que determinará que podamos ser considerados personas más o menos coherentes.


Me preocupan las razones por las que los votantes nos decidimos por uno u otro partido y candidato. Sobre esto hay innumerables estudios y teorías desarrolladas por sociólogos y psicólogos, a partir de las cuales los jefes de campaña se encargan de instruir a los políticos para tratar de inclinar la balanza a su favor. Los asesores, cada vez más decisivos en la batalla electoral, procuran a sus "hombres-cartel" una imagen que transmita seguridad en sus afirmaciones, a la vez que cercanía e interés por los problemas de la gente. Eso se consigue a través de una cuidada elección de la indumentaria, un disciplinado entrenamiento de los gestos, largos ensayos ante el espejo del tono y la cadencia del habla, la selectiva aparición en determinados actos públicos y las entrevistas o debates televisivos, entre otros. Si nos creemos libres de la influencia de todos estos fuegos artificiales a la hora de votar, nos engañamos. Sobre todo cuando se trata de aspirantes que aún no han tenido responsabilidades de gobierno y por tanto nos faltan elementos objetivos por los que enjuiciar su gestión, la impresión que nos causan tiene un peso nada desdeñable. Naturalmente, también las ideas e ideología, pero ocurre que éstas son cada vez menos visibles, no sé si por inexistentes -prefiero pensar que no- o por domesticadas a manos de las necesidades del Partido y las corrientes dominantes en la población. Y esto nos devuelve a la encuesta y a la escala de valores.

Los pesados aparatos organizativos al servicio de la victoria por la victoria de los principales partidos políticos han asfixiado la originalidad, las tendencias, los matices en los colores. Pero eso en sí mismo no es condenable, incluso podría ser plausible que una gran cantidad de personas con distintas ideas pero que comparten una misma sensibilidad ideológica, decidan renunciar a sus inquietudes individuales en favor de algo que consideran prioritario, llamémosle un Bien Común. El problema radica en que estos enormes trasatlánticos de poder han cedido demasiado espacio, especialmente en la cubierta principal, a la persecución del fin único de ganar las elecciones, olvidando por el camino las causas que les llevaron a emprender la marcha (Creo en la política I). Así, están dando cobijo a ambiciosos aspirantes a ministros, presidentes autonómicos, alcaldes y concejales, en lugar de a personas comprometidas que persigan un ideal y que alcancen un puesto de responsabilidad como consecuencia de ello. Puede que los primeros ofrezcan liderazgo, cualificación y eficacia, pero tenemos derecho a dudar de su honradez y con casi total seguridad de su coherencia. Tal vez muchos idealistas necesiten mejorar su imagen pública, pero nos ofrecen más garantías de decencia, que implica una consistencia ética, una escala de valores sólida que no varíe constantemente según sople el viento de las tendencias y las modas, y coherencia con ella. Ingredientes suficientes para hacernos pensar que, a falta de mayor capacidad de liderazgo, incluso de gestión, sabrán rodearse de quienes suplan sus carencias.


Sin pensarlo ni un momento, confiaría mi salud al mejor médico posible, independientemente de su catadura moral -con ciertos límites, claro está- pero en el caso de la política, yo voto por los honrados. La dificultad está en hallarlos, no porque sean escasos, sino porque obviamente, serán los menos inclinados a escalar puestos a cualquier precio en la empinada pirámide del poder.





18 comentarios:

Daniel Mercado dijo...

Primero, bienvenido. Segundo, felicidades por el nuevo formato del blog, es muy atrayente y la buena forma se corresponde con un contenido excelente.
Tercero, comentar tu post. Creo en la necesaria, sino urgente, necesidad de regenerar la democracia, lo que implica renovar la política. Los viejos actores políticos, no ellos solamente sino sus actitudes, me parece que no aportan ninguna solución a la sociedad, todo lo contrario. Se han quedado, como dices en tu artículo, en una relación clientelar con el ciudadano. Dicen y hacen no lo necesario, sino lo que reporta votos y popularidad, y eso no tiene nada que ver con la función para la que se los elige. Pero esa regeneración deberá llegar por la vía nuestra, de los ciudadanos, que tenemos que exigir una política dirigida a promover derechos y no intereses.

mi despertar dijo...

Te encontré en lo de Daniel. Interesante tu texto

Miguelo, sc dijo...

A mí me pusiste en un brete con tu encuesta. Incluso mantuve debates con mi esposa sobre el tema. Ambos coincidíamos en que la honradez era primordial en un político. Pero pienso que la eficacia debe ser igual de fundamental, porque sólo con la honradez no se realiza un buen servicio público. ¿De qué sirve al bien público un político honrado que después de cuatro años de gestión no haya hecho nada?. Siguiendo tu ejemplo ¿te pondrías en manos de un médico honrado, si no confiaras en su eficacia?. Yo creo que en el fondo, lo que más valoro en el voto, es la gestión realizada o la fe en que realice una buena gestión, y dentro de esa eficacia no puedo desvincular de ninguna manera la confianza en su honradez.
Pero como bien señalas, al final todo se ha reducido a una cuestión de imagen en el circo mediático. Con la impagable colaboración de sus medios de comunicación afines, se "venden" a base de resaltar su propia imagen (gestos, actitudes, declaraciones, vestimenta, decisiones populistas...) y de enfangar lo más posible la imagen de sus rivales (poniendo en evidencia sus errores, su supuesta ineficacia, su falta de honradez...). Por eso tratan de salir todos los días en los medios de comunicación proporcionando titulares -no tanto noticias-. Y por eso cada vez hay más descalificaciones y menos propuestas en los debates, en las campañas electorales, en las intervenciones parlamentarias, y en cualquiera de sus apariciones públicas.

lojeda dijo...

Verdaderamente tiene razón Miguelo, porque aunque yo también voté por la honradez, ciertamente un político inútil y poco eficaz no tiene nada que hacer y lleva a su pais a la ruina.
¡Por desgracias tenemos tantos políticos ineficaces e inútiles! que ya todo nos parece normal y así nos va en la vida.
Saludos

Armando Vallejo Waigand dijo...

Daniel: gracias por tus palabras hacia el blog y sus contenidos. Significa mucho para mí. Respecto al comentario, coincidimos -y no es la primera vez que escribimos sobre ello- en que el mundo está en manos de los ciudadanos de a pie.

Mi despertar: gracias por tu visita y tus palabras.

Miguelo: entiendo el fondo de la primera parte de tu reflexión, pero discrepo en las conclusiones. Es verdad que de poco sirve un político honrado e inepto, pero como sugiero en el artículo, su propia honradez le hará rodearse de personas capaces. Dicho de otro modo, el honrado ineficaz puede suplir sus carencias rodeándose de buenos gestores; y probablemente lo hará porque honrado es sinónimo de hombre de bien, pero el indecente eficaz ¿cómo las suplirá? Dudo que contrate detectives para hacerse vigilar.

En efecto, como también indico en el texto, pondría mi salud en las manos del mejor médico posible al margen de su calidad humana, porque su catadura moral no tendrá ninguna consecuencia ni en mí ni en otras personas, más allá de la factura que me reclame por los servicios prestados. Otra cosa sería que me aprovechase de su inmoralidad -por ejemplo en el caso de la compra de órganos- para mi beneficio o el de otros.

Y como bien dices, no se trata de escoger entre uno u otro valor. Si te fijas, la pregunta no discrimina un valor respecto a otro, sólo interroga sobre cuál es más importante. Pero este detalle no es un tema menor, porque no podemos ser tan ingenuos como para pensar que siempre podrán ser honrados y eficaces. Antes o después tendrán que decidir entre una cosa u otra en alguna de sus muchas responsabilidades y decisiones. A mí me gustaría que se decantasen por la honradez. De eso se trata cuando hablo de la escala de valores: llegado el momento ¿cuál dominará sobre el otro? Esta misma pregunta podemos hacérnosla nosotros mismos, sin ser políticos: "si un día tengo que escoger, ¿qué haré?"

Gracias una vez más por hacerme estrujar el cerebro y por tu participación en el blog.

Lojeda: das una de las claves de la actual situación, creo que en prácticamente todo el planeta; la indiferencia y permisividad con la mediocridad de la clase política. Contra eso hemos de revelarnos. ¡No vale todo, no todos valen!

Saludos y gracias.

Miguelo, sc dijo...

Querido Armando:

Pienso que no discrepamos tanto como dices. De hecho, creo que en el fondo, lo que nos hace diferir es lo que cada uno de nosotros entiende por eficacia...

El político que tú has descrito, que cubre sus carencias rodeándose de gente mejor preparada y competente para desarrollar su labor, yo no lo llamaría ineficaz. Con ese simple gesto demuestra tener muchas tablas para desarrollar su labor. Ese caso que describes yo lo incluiría en tu encuesta en el valor que para un cargo público le otorgábamos a la "cualificación".

Por otro lado, como describo en mi comentario, mi concepto de eficacia lleva ineludiblemente aparejado la cualidad de ser honrado. Y te pongo otro ejemplo. Yo no puedo considerar eficaz a un político que, aunque haya realizado nueve carreteras, cuatro presas, tres aeropuertos, dos teatros, cuatro escuelas, seis hospitales..., haya utilizado un solo euro de los fondos públicos -el dinero de todos- para fines ilícitos, inadecuados, o para actuaciones innecesarias, vanales e inútiles. Incluso te digo que aunque su forma de gestionar los bienes públicos sea impecable, si su forma de desarrollar la labor política -sea en el gobierno o como oposición- es injusta, poco dialogante, intolerante y despreciando a sus oponentes, a mis ojos queda completamente en entredicho en lo que respecta a su eficacia-honradez (porque ¿puede un señor trabajar por la convivencia de todos cuando no es capaz de convivir ni trabajar en equipo con sus compañeros de trabajo?...)

Por otra parte, también hay un tema que no hemos tocado, pero que también ilustra este binomio de la eficacia-honradez de un político. Es el modelo "político charlatán demagogo", que es experto en labores de oratoria, se desenvuelve muy bien hablando y departiendo con los medios de comunicación, pero que es pésimo tomando decisiones y gestionando. Es el prototipo de persona al que aquí en Canarias describimos como "mucho jabla jabla y poco jase jase". Este modelo de político es un encantador de serpientes, y en algunas ocasiones, disfraza su falta de eficacia o su falta de honradez enamorando con la palabra...

Por todo esto que te comento, entenderás lo mal que lo paso a la hora de decidir mi voto, y el por qué casi siempre me decepciona la persona y el partido en el que deposité mi confianza. Porque a mí, como a Daniel, tampoco me gusta mucho cómo está articulado el mundo político y el circo mediático que le rodea (otro tema interesante a reflexionar, por cierto). Y de todas formas, el mundo a nuestro alrededor no suele ser ni blanco ni negro. Normalmente es gris, más claro o más oscuro, pero gris. Y como dices, hay que saber discernir y tener bien clara la escala de valores.

Dejo de comentar, que a este paso hago yo un blog propio. También te agradezco lo que nos haces pensar a tus lectores.

Armando Vallejo Waigand dijo...

Pues sí, Miguelo, está claro que la discrepancia era de origen semántico. Queda clara tu postura y la comparto plenamente.

Respecto al político 'modelo charlatán', tenemos muchos ejemplos. Yo soy un gran defensor de la dialéctica y la oratoria, disfruto escuchando un brillante discurso o una inteligente argumentación, pero sólo si están acompañadas de contenido real, y por supuesto, me decepciona si después existe una ruptura apreciable entre la exposición y su puesta en práctica.

Por lo demás, ya sabes que tus comentarios son bienvenidos por extensos que sean, y te lo agradezco sinceramente porque es evidente que hay reflexión tras ellos. Con todo, te tomo la palabra porque me parece una gran idea que tengas tu propio blog (siempre que no dejes de visitar éste)... El primer lector habitual ya lo tendrías.

Saludos.

JOSÉ GUTIÉRREZ dijo...

Hola Armando:

Después de leer tu entrada y los comentarios y respuestas, poco o nada me queda por decir, pues estoy en esa línea que aplicais, añadiendo que si los resultados de los votos, no ejercieran tanta influencia a la hora de las campañas, cosa por otro lado evidente, sino los buenos planteamientos, inmersos en la honradez, con una buena dosis de cualificación y efectividad, con una correcta y amplia comunicación hacia el electorado, a costa de quizas no conseguir estos buenos resultados, la decisión sería para todos, más fácil y certera; porque, en definitiva estariamos buscando el bien para todos y no quien llega al poder.

Saludos Armando

Francisco Zamora Polo dijo...

Me parece interesante el dialogo que mantenéis en los comentarios, la jerarquía de los valores no es siempre sencilla, y como ya se ha comentado anteriormente algunos de ellos son complementarios, por lo que no se puede hablar probablemente de la eficacia pura, o la honradez pura. Es la conjunción de una serie de características las que dotan al profesional de verdadero valor.

Es en este término en el que me gustaría incidir, el término profesional. No sé la causa de la limitación a los políticos, ¿debe buscar la honradez el investigador con los fondos que se le asignan?, ¿y el docente?, ¿debe ser honrado el periodista?, probablemente la búsqueda del Bien Común es algo que todos los profesionales debemos trabajar.

En la Asamblea del Movimiento de Profesionales Cristianos del curso pasado nos acompañó Augusto Hortal SJ, y en ella comenzamos a tratar el tema de la ética profesional, que probablemente nos ocupará los próximos tres cursos. Sin duda la cuestión es de gran actualidad y debe ocuparnos a todos los profesionales.

Armando Vallejo Waigand dijo...

Francisco: abres el debate hacia una vertiente muy interesante que nos conduce a ponernos delante del espejo a cada uno de nosotros.

El que este artículo aborde específicamente la ética en la política es porque se trata de un ámbito en el que todos tenemos responsabilidad mediante nuestro voto. Un voto que incidirá directamente en ese Bien Común al que nos referimos, y que precisamente por eso, está expuesto a la manipulación por parte de sus actores sin escrúpulos.

Es verdad que el resultado de nuestro trabajo en cualquier profesión puede ayudar a sumar o restar al Bien Común, y desde luego, merece que escribamos y dialoguemos sobre ello, pero el conjunto de la ciudadanía nunca podrá elegir a sus investigadores, docentes o periodistas, mientras que sí podrá hacerlo con sus gobernantes.

Armando Vallejo Waigand dijo...

José: el tuyo es el modelo ideal hacia el que habría que tender. Evidentemente, el viaje no es sencillo, además de largo y lento, pero merece la pena iniciarlo. Conocer el objetivo ya es un paso importante para quien comienza un proyecto. Después, hay que tener el valor para ponerse en camino. Hacen falta personas comprometidas y coherentes que aspiren acceder a puestos de responsabilidad en sus partidos para propiciar un cambio de rumbo, para después dar el salto a la gestión pública. Precisamos fuertes redes sociales de base que hagan oír sus voces y medios de comunicación comprometidos y valientes... Hay mecanismos, sólo tenemos que comenzar a activarlos de modo eficaz. Me consta que muchos ya se han puesto en marcha. Cada uno en nuestro ámbito, debemos acompañar con coherencia, tratando de concienciar a aquellos que nos rodean y desarrollando -¿por qué no?- nuestra propia acción política y/o social.

Mariluz Barrera González dijo...

Armando me encantó tu texto... por que efectivamente como en todo... no es la política la que anda mal... sino aquellos que la han tomado en sus manos y terminaron haciendo con ella lo que les dió la gana... pero desgraciadamente lo han hecho con nuestro permiso... el pueblo ha permitido que todo esto suceda... nos hemos dejado envaucar y dirigir por gente inepta... corrupta y ansiosa de poder... y como casi siempre expreso... siento que nosotros estamos a la misma altura que ellos por eso es que lo permitimos... ahora no solo me indigna el proceder de los políticos de mi país... si no tambien de los ciudadanos... no hay día que no viva muy de cerca una injusticia, un acto de corrupción e indiferencia llevado a cabo por un ciudadano... y es de ahí de donde salen los políticos... el pueblo pide políticos honrados pero nosotros no lo somos... exigimos una democracia adecuada pero nosotros mismos no tenemos ni idea de cual es la verdadera democracia...

Mi país cada vez está peor... Ahora resulta que los políticos son los que hacen las leyes... hacen y deciden lo que les de la gana... y nadie les puede decir nada... es un pleito a puertas abiertas por el poder... y entre partidos... no les importa la justicia, el pueblo o cumplir la ley... el presidente les viene valiendo sorbete... en una palabra... la impunidad está a la orden del día... pero el pueblo no hace nada... lo sigue permitiendo... y así que puedes esperar de todo lo que sigue...

Yo también creo en la política y tristemente siento que está a punto de terminar... y será sustituida por todo lo horrible que han hecho y siguen haciendo los políticos.

Te mando un fuerte abrazo de Bienvenida y de felicitacion por este post que refleja al 100% mi sentir...

Armando Vallejo Waigand dijo...

Gracias Mariluz por tu bienvenida y por tus felicitaciones.

Lo hemos dejado todo en manos de los políticos. Hemos confiado la organización de nuestra vida y casi la gestión de ella en sus manos. Y todo por comodidad. Vamos a votar -cuando nos molestamos en hacerlo- y creemos que ya hemos hecho lo que debíamos. A partir de ese momento, a buscar sin descanso nuestros propios y egoístas intereses, dejando a los políticos ejercer como quieran. Alguna vez nos irritamos levemente, pero como quien se enoja con la derrota de su equipo; al poco rato está olvidado y a otra cosa. Como sugieres, tenemos todos una gran responsabilidad en los males de la política.

Creo que entre los dos hemos avanzado la tercera entrega del 'Creo en la política'.

Saludos.

Aidan dijo...

Armando,

Estoy de acuerdo contigo al 90%.

Yo, la cualidad que más valoro en un político y por desgracia escasea es LA HUMILDAD:

- El humilde se olvida de si mismo y se entrega a sus ideales.
- El humilde escucha, pide perdón y reconoce sus errores.
- El humilde aguanta las críticas y el orgullo no le impide ir de la mano con la persona que lo ha injuriado.

Ojalá algún día llegue un político humilde preocupado de unos buenos ideales, y entregado con eficacia al bien común (¿Armando has pensado en crear un partido político?)

Armando Vallejo Waigand dijo...

Gracias por tu comentario Aidan. Sin duda, la humildad es el compañero de viaje perfecto para un político honrado. El humilde siempre estará dispuesto a integrar a las personas más capaces a su proyecto porque no temerá a que le hagan sombre, compartirá los éxitos de su gestión con todo el que haya influido en ella, sea de su grupo o no, huirá de la autocomplacencia... Sí, definitivamente, la humildad es un bien más que necesario.

Respecto a tu pregunta, me halaga el simple hecho de que la formules. Y sí, ya he pensado en ello. Por ahora sólo he llegado a esbozar la idea en mi mente. Pero sé que es una alternativa coherente, porque mi voto en las dos o tres últimas convocatorias de elecciones ha sido en blanco, como rechazo al actual estilo de hacer política; ese que he descrito en las dos entregas de 'creo en la política'. No sé si llegaré a dar el paso alguna vez -quizá en algún momento se den las condiciones-, pero estoy convencido de que los cristianos -sea yo u otros- tenemos mucho que decir y que aportar a nuestra sociedad, también desde la política.

Saludos y gracias de nuevo.

mi despertar dijo...

Gracias por tus palabras te sigo

Mario de Gea dijo...

Excelente blog.

Vengo aquí gracias a Mucha.

Te invito a visitar mi casa.

Gracias por tu arte.

Miguelo, sc dijo...

Armando, descubr� este enlace en internet y pens� que a lo mejor te podr�a interesar porque el tema lo tienes bien mascadito...

El link es el siguiente:
http://www.elciervo.es/html/default.asp?area=news&revista=76&news=16