Las ONG bajo sospecha
Desde hace días tengo intención de escribir sobre las ONG en relación con el escándalo del presunto desvío irregular de fondos por parte de Intervida, una de las organizaciones solidarias más conocidas y respetadas en España hasta la fecha, aunque me temo que por poco tiempo. ___________________________________________
Desde que saltó la noticia a principios de mes, mucho se ha escrito sobre el asunto, y más que se hará porque la investigación tiene visos de enredarse. Como suele ocurrir, inmediatamente han surgido los agoreros del "ya lo decía yo", "estaba claro que la ayuda no llegaba", "por eso yo nunca les doy dinero", y otras autoafirmaciones morales semejantes. No hace falta decir que la investigación apenas acaba de comenzar y que no se puede censurar públicamente a Intervida hasta que se conozcan las conclusiones y un juez dicte sentencia, aunque también es comprensible que pierda popularidad y que la sospecha general se cierna sobre ella; aparentemente, hay suficientes motivos. Lo que ya resulta más mezquino es extender la sombra de la duda, cuando no la condena directa, a todas las demás ONG, cuyo principal sustento es la aportación económica de los ciudadanos. Es el conocido 'arte' de confundir la parte con el todo, la excepción con la norma. Y tanto peor cuando es intencionado.

En realidad, lo que ha resurgido con esta noticia es el cuestionamiento del modo en que desarrollan su labor estas organizaciones, y a veces, la propia acción solidaria que realizan. A continuación voy a tratar de resumir las principales perversiones de las que se les suele acusar y otras de cosecha propia (la corrupción no la menciono porque no puede considerarse un patrón de conducta generalizado):
- El dinero no llega o lo hace muy mermado: con suerte, sólo un pequeño porcentaje del dinero llega al destino para el que se recaudó, sobre todo, cuando de países empobrecidos se trata. La razón es que los gastos de la propia organización en concepto de salarios y gestión se acaban tragando gran parte de la generosidad de los donantes. Otra de las causas, principalmente cuando el destino de los fondos es África, es el 'impuesto revolucionario' que hay que pagar a las guerrillas para hacer llegar la ayuda a determinados lugares.
- Sólo sirven para tapar agujeros: esta acusación nace del conocido proverbio chino,
"si un hombre tiene hambre no le des un pez, enséñale a pescar" . Aunque la tendencia actual es la de financiar proyectos de desarrollo en regiones empobrecidas, durante mucho tiempo, y a veces todavía, las ayudas son demasiado puntuales y no solucionan la raíz del problema.
- Abandonan sus propios proyectos: cuando el dinero previsto para financiar determinada acción se acaba, la ONG desaparece del lugar. Las consecuencias en ocasiones son aún más catastróficas que las mismas causas por las que llegaron los voluntarios. Disputas entre la población, abusos de poder, represalia de las guerrillas...
- Son cómplices del 'sistema': el hecho de que estén subvencionadas por los Estados mediante un porcentaje proveniente de la declaración de la renta, y su actividad regulada y autorizada por los ministerios correspondientes, impide que levanten su voz contra políticas insolidarias e injustas. Prefieren adaptarse al 'sistema'. La prueba está en que rara vez se les puede ver al frente de acciones populares contrarias a los gobiernos.
- Actúan como 'calmantes' sociales: al no atacar las causas reales de la pobreza, la esclavitud infantil, la contaminación medioambiental, etc, su efecto en las sociedades opulentas sólo es de tranquilizador de conciencias de quienes aportan su limosna, puesto que no provoca en ellos ningún cambio profundo, ni siquiera tibio, de comportamiento o actitud vital.
- Compiten entre ellas: Intervida, Ayuda en Acción, Ayudemos a un Niño, Infancia sin Fronteras, son algunas de las decenas de ONG cuyo objeto es apadrinar niños de países empobrecidos. Lo mismo sucede para otros fines. Lo cierto es que compiten entre ellas mismas para obtener subvenciones, socios y aportaciones esporádicas. Apenas se distinguen entre sí por mínimos matices, cuando los hay. Ello lleva a pensar que es otro motivo -¿el ego?- lo que mueve a quienes las fundan, para preferir multiplicar gastos y esfuerzos a cooperar en una organización ya existente.
Es verdad que en justicia convendría hacer algún tipo de distinción entre unas y otras, pero por desgracia, en general lo expuesto es rigurosamente cierto. Y aún así, ¡me declaro abiertamente favorable a las ONG! Aquí va la explicación:
Vivimos en una cultura de supervivencia, individualista y consumista. El tiempo es valorado en la medida en que es productivo. Casi han desaparecido los valores absolutos, todo es relativo. Lo global se impone a lo singular. Y, sin embargo, en esta civilización que viaja vertiginosamente por la historia, hay un valor en auge, la solidaridad. Si bien es cierto que es más teórica que práctica, está plenamente instalada en la conciencia colectiva. Las ONG han hecho mucho para que sea
así. Estas organizaciones son el ejemplo de una sociedad a la que le gustaría ser más desprendida, pero no sabe cómo, y encuentra en las ONG la respuesta. Sé que es una solidaridad precaria, pero cumple con la misión de sostener el anhelo de muchos de ser mejores. Sería deseable que a continuación llegase el siguiente paso, el del compromiso vital. No renuncio a él, pero tampoco me atrevería a despreciar, por ejemplo, al 9% de jóvenes españoles que trabaja en voluntariado, ni siquiera a las miles de personas que un día decidieron aportar algo de sus sueldos a los más necesitados. Es sólo un primer paso, insuficiente y quizá anestésico, pero es un paso. En nuestras manos está ayudarles a dar el siguiente.












