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domingo, 25 de noviembre de 2007

MI MEMORIA HISTÓRICA

España ya tiene su Ley para la Memoria Histórica, cuyo objetivo es reparar las injusticias cometidas en la Guerra Civil y durante la posterior dictadura de Franco. Unos y otros reabren nichos, desentierran cadáveres y ponen cara de ofendidos por lo mal que lo pasaron sus abuelos. Mi rostro no simula ofensa, expresa perplejidad.

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El «Guernica» de Picasso recuerda uno de los episodios
más trágicos de la Guerra Civil Española


La Historia comienza para cada persona en el punto en el que su memoria se pierde. No tengo recuerdos de la Guerra Civil Española, porque después de finalizar, yo aún tardaría 29 años en ver la luz, pero me han hablado de ella mis allegados. En cierta forma, ésta es también una «variedad» de memoria. Nos la ayudan a construir nuestros familiares más próximos a través de la narración de acontecimientos y anécdotas sobre sus vidas y la de sus antepasados, a quienes nosotros no conocimos pero ellos sí. También este conjunto de escenas y vivencias, dispersas y subjetivas, historias oídas muchas veces, llegan a adquirir el rango de memoria individual. Mis recuerdos no van mucho más allá de los últimos años de la década de los 70. Lo demás, todo lo que sé o creo saber sobre acontecimientos anteriores, lo he heredado de testimonios familiares y aprendido de historiadores.


Mi abuelo Víctor Vallejo, conmigo en brazos (1969)


Sé que mis abuelos paternos, Víctor y Carmen, ambos ya fallecidos y cuyos restos reposan en Gran Canaria, pertenecieron al bando republicano. Mi abuelo era militar, oficial de comunicaciones de la Marina. Cuando finalizó la guerra tuvo que huir de España junto a mi abuela, perseguidos por los falangistas, para instalarse en Francia. Allí, en St. Julian, nacieron sus dos hijos, Víctor y Ricardo. Poco después, el gobierno francés de René Pleven lo deportó a Córcega junto a cientos de exiliados. Se identificó bajo el nombre de «Operación Boléro-Paprika», y consistía, básicamente, en evitar la «amenaza» que suponía albergar a tantos comunistas en suelo galo, y de paso, agradar al vencedor de la guerra y nuevo Caudillo español, Francisco Franco. Mi abuelo fue alejado de su familia durante años. El emotivo reencuentro no se produjo hasta la segunda fase de la operación, cuando Hungría, ya bajo el régimen comunista del Telón de Acero, se ofreció para acoger a los republicanos españoles de Francia, país al que le faltó tiempo para aceptar la oferta y quitarse de encima el problema. Así es como mi padre, que contaba entonces con doce años de edad, acabó en Budapest.


Mi abuelo Waigand Ferenc y mi abuela
Balázs Zsuzsi con sus siete hijos


Mi madre proviene de una familia bien situada de la Hungría opulenta, heredera del extinguido Imperio Austro-Húngaro. Mi abuelo era ingeniero industrial, y antes de la II Guerra Mundial dirigía una fábrica textil en Budapest. Cuando llegó la invasión nazi y la posterior «liberación» soviética, su mundo se derrumbó. Les fue expropiada la lujosa casa en la que vivían, con numerosas habitaciones, jardín y servicio doméstico. Al principio les obligaron a instalarse en dos estancias de su propia vivienda, arrinconados por un capitán del ejército soviético que ocupó el resto del inmueble. Les confiscaron —robaron, sería más correcto decir— todas las pertenencias que consideraron valiosas, y finalmente fueron desalojados, dándoles cobijo en un piso de la calle Bimbó, de dos habitaciones. Para entonces, mis abuelos ya tenían a sus siete hijos, seis mujeres y un varón, a los que dieron una educación cristiana. Habían pasado de la abundancia a la estrechez en poco tiempo, lo que hizo aún más admirable su capacidad de adaptación y la transmisión de unos valores que no contemplaban el rencor ni el odio. Porque motivos hubo para ello. Algunos de sus familiares próximos fueron encarcelados por ser sacerdotes o considerárseles enemigos del Partido. Mi propio abuelo vivió bajo amenaza de muerte durante meses, cuando el ejército comunista le exigía reabrir la fábrica con celeridad, tras haberse interrumpido la producción durante la ocupación. Fue encerrado en un minúsculo habitáculo de la misma nave, a punta de pistola, como método de coacción.


La boda de mis padres, Ricardo y Eva, oficiada
por mi tío-abuelo Waigand Jóska


Los años siguientes fueron difíciles para los católicos confesos. A la escasez propia de la posguerra se unía el régimen autoritario que perseguía a los cristianos. A los más «alborotadores» los encerraron, y a los demás, les hicieron la vida imposible, en el trabajo a los adultos y en la escuela a sus hijos. Mis primeros recuerdos lúcidos provienen aún de la Hungría comunista, cuando mis padres, mi hermana y yo, ya residentes en Gran Canaria, regresábamos a visitar a la familia. Tengo en la memoria una imagen imborrable; la de mis tíos y mis primos sentados junto al fuego asando panceta ahumada y bebiendo té, mientras entonábamos canciones tristes. En una ocasión, alguien comenzó a hablar de política y todos bajaron la voz hasta el susurro. Yo pregunté con ingenuidad infantil el motivo: «porque nos pueden denunciar», fue la respuesta.

Mi abuelo Ferenc con mi hermana Dolly (Budapest 1968)

Nadie nos ha pedido perdón. Ni el bando falangista español, ni sus cómplices del gobierno francés, ni el Partido Comunista Húngaro. Tampoco lo espero ni lo necesito. La Historia ya la han contado los historiadores, y mi memoria «histórica» está a salvo gracias a los recuerdos heredados, que en lugar de convertirme en alguien herido y deseoso de saldar cuentas con la historia en el nombre de mis antepasados, han enriquecido mi perspectiva. Es verdad que no sufrimos muertes ni torturas —si es que no lo fue separar a mi abuelo de su mujer e hijos durante diez años—, pero fuimos perseguidos, deportados, coaccionados, humillados y despojados de nuestros bienes, para finalmente arrebatarnos la libertad durante 40 años de comunismo.

N
o es mi intención ofender a las familias que sufren sinceramente las heridas no cicatrizadas de su ayer, como víctimas o como sus herederos, y que se alegrarían de ver rehabilitados los nombres de sus seres queridos vilipendiados, torturados y asesinados. Lo que intento decir, es que una ley no sanará las heridas del alma ni reescribirá la Historia, sólo la reconciliación lo hará. Y tampoco me molesta la Ley para la Memoria Histórica, lo que me indigna es que, una vez más, la tragedia, aunque sea del pasado, se rentabilice políticamente para ayudar a ganar unas elecciones mediante la sensiblería hipócrita. Mi familia estuvo entre los derrotados en España y entre los invadidos en Hungría, pero no necesita que nadie venga a comerciar con sus recuerdos.



Mi tío-abuelo Waigand Jóska, y de rodillas, su sobrino
Kop Antal, que fue encarcelado por su fe. Ambos sacerdotes.




19 comentarios:

Nosotras mismas dijo...

Con permiso, me llevo tu post, para leerlo más tarde (las obligaciones, me hacen posponer los buenos momentos)

Un abrazo

Daniel Mercado dijo...

Me he deleitado con tu post. Es poco lo que se puede decir, un relato que sale de dentro, como siempre que exponemos lo nuestro.
Es curioso que tus dos ramas familiares sufrieran persecucion por razones cruzadas: tu abuelo paterno perseguido por defender lo que luego ha quedado identificado con lo que perseguiría a tu abuelo materno, y a la inversa.
La memoria impuesta como ley no parece la mejor manera de curar resentimientos, se necesita duelo, justicia y una buena porción de perdón.

APELO dijo...

Muy buena bistoria. Yo creo que -como periodista- te da para escribir una novela.

Saludos

álex dijo...

Emprender caminos de reconciliación, de perdón y de futuro compartido en fraternidad está siempre en nuestra mano.

Gracias por recordárnoslo con una historia que no solo rezuma verdad, sino también profunda confianza en el ser humano. Y en su posibilidad de amar por encima de todo.

Maria dijo...

Puede que sea el comentario discordante, pero en mi familia sucedió algo parecido a la de Armando pero todo en España, mis abuelos siempre han dicho que más que crímenes y tortura por "ideología", la "ideología" era la excusa para denunciar al que se le tenía envidia y apropiarse de lo ajeno (tierras, ganado...)Claro que al político de turno, cuyo horizonte no va más allá de las próximas elecciones, asumir las envidias no le vienen nada bien.

Pienso que la crispación política que dicen que existe, no es más que una justificación de TODOS los políticos para que le paguemos el sueldo, porque no saben cómo arreglar los verdaderos problemas.

Sin más me despido

Un saludo

http://mishuevos.blogia.com/ dijo...

Para mi, la Historia es lo que cuentan los historiadores basandose en sus investigaciones en lo escrito, fotografiado y demás "pruebas" irrefutables.
Luego estan las historias de cada uno que se forman casi siempre de la viva voz y que viendo estas historias que se forman de pocos meses, y que están llenas de interpretaciones personales, y muchas veces tambien con fallos respecto a la realidad...
¿De cual nos fiamos mas?
Pues personalmente de ninguna al 100% por lo tanto una ley sobre esto me parece una frivolidad mas de nuestros legisladores.

. dijo...

Qué razón tienes y qué ilustrativa la historia de tu familia. Yo opino que desde el nombre de esta ley hasta su contenido son muy equivocados y de hecho no han satisfecho a nadie ni de un bando ni de otro. La reparación a las víctimas ya se podía hacer desde hace bastantes años; ya se podían recuperar restos de fusilados etc. Yo creo que lo ideal hubiese sido una declaración de las Cortes Generales en la que se tendiese a una reconcialición auténtica y no a la reapertura de heridas muy dolorosas, aunque seguro que tampoco esta opción hubiese satisfecho a muchos. También tu famila muestra muy bien lo que ocurrió en España en esos años y es que en casi todas las familias habían personas de ambos bandos, fue una guerra entre hermanos. Ojalá adquiramos el sentido común para rechazar radilicalismo y no repetir los mismos errores.

Miguelo, sc dijo...

Encantado y emocionado por tu historia, Armando. Como sabes, coincido plenamente con tu conclusión final.

Muchos de estos relatos desmontarían de un plumazo muchas de las perversas intenciones de unos y otros por manipular el pasado.

Coincido con otros comentarios. Si no recuerdo mal, hace tiempo leí un comentario tuyo en el que manifestabas tu aspiración de escribir un libro. Desde luego, en tu "memoria histórica" tienes un auténtico filón...

Cristian dijo...

¿Qué te podría agregar yo? Sencillamente dar las gracias por compartir la historia de tu familia. Respecto de las memorias de cada país, siempre se busca una tajada. Solo perdonar y reconciliar de corazón traerá verdadero progreso en el tema. Bendiciones Armando.

Armando Vallejo Waigand dijo...

NOSOTRAS...: gracias por tu visita.

DANIEL: Sí, las leyes pueden ser armas de doble filo. Ayudan a proteger a la sociedad de los individuos que tratan de abusar de sus privilegios, pero en ocasiones se utilizan «contra» determinados colectivos. Es el peligro cuando la división de poderes es poco clara.


APELO: Lo de la novela me apetece mucho, pero por ahora me falta tiempo. Gracias por tu comentario.


ALEX: En efecto, la reconciliación; yo creo que ese, y no otro, es el camino.


MARÍA: Probablemente, la mayoría de los que empuñaron un fusil en esta y en otras muchas guerras, no sabían muy bien la «ideología» por la que mataban. Y en efecto, en tales circunstancias no es difícil sacar tajada. Los políticos actuales no tienen una «buena guerra» doméstica a la que aferrarse, así que se conforman removiendo el pasado.

CARLOS: siempre es peligroso leer la historia vistiendo una «camiseta» partidista. Es como preguntar a un padre si su hijo es culpable. Haya hecho lo que haya hecho, le encontrará una justificación que como mínimo atenúe su culpabilidad. Pues en esas estamos... «Y tú más...» o «Empezaron ustedes...» parecen decirse unos y otros.

IGNACIO: lo que pides está en nuestra manos. Sería más fácil si los políticos ayudasen un poco, pero mejor no esperar por ellos. Tenemos unas Elecciones Generales a las puertas para decirles lo que pensamos de sus «guerras».

MIGUELO: Estoy seguro de que la mía no es una historia tan singular, pero no son demasiado útiles para los intereses de los políticos. Ellos necesitan marcar el territorio, dejar claras sus diferencias mucho más que sus coincidencias para definir el voto. Por eso tienden a decir en casi todo lo contrario los unos de los otros, aunque alguna de las posiciones sea una solemne estupidez o simplemente indefendible. Así, nos encontramos con meteduras de pata como las de Rajoy burlándose de la preocupación por el Cambio Climático. Tuvo que rectificar, claro. Lo del libro sigue ahí, pero por ahora me faltan horas del día... En fin, paciencia.

CRISTIAN: Gracias por tus palabras, Cristian. Te recuerdo que tú me alentaste a escribir mi historia respecto a Hungría con un post en tu blog y la posterior respuesta a mi comentario .


Gracias a todos.

Mariluz Barrera González dijo...

Armando, tu historia me conmueve y me lleva a reflexionar una vez mas en la forma como los políticos utilizan las necesidades del pueblo y las manipulan a su antojo... habría que ver si en verdad las personas necesitan saldar dolores y deudas del pasado... o es una necesidad creada por cuestiones de tipo político... Bueno sería que todos los políticos del mundo saldarán sus deudas con la sociedad pidiendo perdón a la misma y devolviendo todo el dinero que nos han robado... lo mucho que nos han explotado y humillado con desiciones fuera de lo real que han limitado nuestras oportunidades y nuestra calidad de vida.... si fuese así no pararíamos... lo que nos sucede ahora tal vez no se compara con la guerra civil ni el holocausto... pero creo que vamos por un camino muy corto que nos lleva a algo muy parecido... en donde las personas perdemos gran parte de nuestra vida, nuestras esperanzas, nuestros bienes y algunos hasta a sus familias....

Un fuerte abrazo desde mi hermoso campeche amurallado.

Miguelo, sc dijo...

FELIZA NAVIDAD, Armando. Que tengas una feliz fiesta de cumpleaños de nuestro Señor, y que la disfrutes con tu familia. Que Él bendiga nuestros corazones.

Al fin y al cabo, también Jesús forma parte de nuestra Memoria Histórica, la que recibimos de nuestros abuelos, y la que hemos vivido y experimentado en persona...

Un fuerte abrazo fraterno

Raquel dijo...

Pasaba por aquí sólo por decir FELIZ NAVIDAD. En mi blog dejé una felicitación que también es para ti, Armando.
Un inmenso abrazo fraterno en estas fechas.

JOSÉ GUTIÉRREZ dijo...

Hola Armando:

Feliz Natividad de nuestro Señor.

UN abrazo.

En los Dos Corazones.

Anónimo dijo...

Con los años que te conozco Armando y desconocía tu “MEMORIA HISTÓRICA”.
Debo decirte que me ha impactado; sinceramente te envidio ya que a pesar de tener un pasado tan accidentado y con motivos suficientes para tener en tu interior un rencor mas que justificado, veo que tu familia ha sabido inculcarte unos valores cristianos que te hacen mas humano. Aprovecho para felicitar a tu madre, hermana y en general a toda tu familia y que tengan un feliz 2008.

P.D. No sé si te acuerdas de mi novia (la que era un gara…) ella tuvo un pasado también turbulento. saludos

Anónimo dijo...

El annterior comentario es de Expedito, perdona pero no sé como poner mi nombre. Saludos de todas formas

Mariluz Barrera González dijo...

PASO A DESEARTE UNA FELIZ NAVIDAD Y UN AÑO NUEVO HERMOSO ARMANDO... A TI Y A LOS TUYOS... CON TODO MI CORAZÓN....

BESOS...

MARILUZ.

Armando Vallejo Waigand dijo...

MARILUZ: ya ves, yo ni siquiera pido a los políticos que «salden sus deudas», me conformo con que no creen problemas donde no los hay. Tienen trabajo suficiente con necesidades reales de la gente como para andar engendrando conflictos donde no los había. También para ti ¡muchas felicidades! Besos.

MIGUELO: gracias por la felicitación. Lo mismo te deseo, aunque sea días después de haber celebrado la Navidad. A mí también me gusta llamarlo el cumpleaños de Jesús. Una fiesta a la que demasiadas el homenajeado no está invitado.

JOSÉ: gracias José por tus felicitaciones y tus continuas visitas a lo largo de los meses de vida del blog. También para ti lo mejor. Me encanta que hayas utilizado el término «Natividad». Yo suelo usarlo también porque nos ayuda a recordar el contenido principal de las fiestas que celebramos. ¡Felicidades!

EXPEDITO: Pues sí, a veces conocemos a alguien de toda la vida y sin embargo se nos esconden algunos de sus condicionantes más decisivos. Gracias por tus palabras. Y sí, me acuerdo de la «novia»... Un abrazo, feliz Navidad y feliz año para toda la familia.

Anónimo dijo...

Soy judío y español. Ahora vivo en Israel porque me sentía muy muy rechazado en España. No pasa día en que eche de menos mis calles y mi barrio. Pero debo decir que tu artículo me ha emocionado y me siento tremendamente identificado con tu familia. Espero que las cosas mejoren y podamos ser de verdad una sociedad plural y democrática a la que mis hijos puedan vover sin sentirse amenazados por proceder de donde proceden.

Un fuerte abrazo,

Itamar.