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sábado, 18 de octubre de 2008

¿PSICOTERAPIA EVANGELIZADORA?


La Gestalt es una corriente humanista dentro de la Psicología, que nació en Alemania a principios del siglo XX fundada por el psicólogo Fritz Perls. Llevada a la psicoterapia de grupos, persigue la liberación de los sentimientos —arrinconados por la razón, según sus teóricos—, así como la concesión al cuerpo de un mayor protagonismo en la relación con nosotros mismos y con los demás, prestando más atención a lo que éste «necesita», y desarrollando la desinhibición en el contacto físico. Su aplicación en los procesos de fe es teológicamente discutible y, de hecho, discutida.


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En la Diócesis de Canarias, a la que pertenezco, ha habido algunos intentos por parte de sacerdotes y seglares de poner en práctica la Gestalt en sus parroquias y grupos de fe, con resultado más bien desafortunado. Muchas corrientes filosóficas, políticas o psicológicas gozan en su origen de una base teórica de buena apariencia, defendibles en el plano dialéctico, pero que llevadas a la práctica se topan con la realidad del ser humano. Entonces, sus partidarios suelen culpabilizar a éstos y a sus defectos del desenlace no deseado, como si la teoría fuera perfecta pero los sujetos incapaces de materializarla. ¿Acaso la fórmula iba dirigida a otra especie que no era la humana? Pues si iba dirigida a los humanos y los humanos son incapaces de llevarla a la práctica, será que la teoría en cuestión no era tan perfecta. Con la Gestalt, sobre todo cuando es aplicada a la fe cristiana, sucede algo parecido.

José Mª Alvear
Foto tomada del
Boletín PJ - Octubre 2008

Acaba de celebrarse la Asamblea anual de principio de curso de Agentes de Pastoral Jóvenes, en esta ocasión bajo el lema «Una mirada evangelizadora hacia los jóvenes». El ponente invitado para ayudar en la reflexión fue el ex sacerdote malagueño y Educador en Espiritualidad y Crecimiento Personal, José María Alvear. Quien haya tenido la oportunidad de aproximarse alguna vez a la Gestalt y sus fundamentos pudo detectar con facilidad desde el primer momento que la jornada constituía una iniciación a esta psicoterapia aplicada a la fe. Voy a intentar exponer a posteriori muy someramente de qué se trata y cuáles son sus puntos más polémicos a mi juicio, a partir de algunos de los enunciados y dinámicas realizadas por el propio ponente. Quiero subrayar que estoy absolutamente convencido de la buena intención de los organizadores de la Asamblea, el Secretariado de Pastoral con Jóvenes de la Diócesis, y constato una vez más la admirable labor que desempeña en su incansable búsqueda de cauces para llevar el Evangelio hasta el corazón de los jóvenes. Esta vez, en mi opinión, la dirección no fue la correcta.


  • «En la actualidad existe una gran desconexión entre el cuerpo y la mente... Descuidamos nuestro cuerpo... Debemos escucharlo para saber lo que necesita...El cuerpo necesita equilibrio...» (José María Alvear)

La Gestalt nació a principios del siglo XX y sus fundadores decían exactamente lo que se puede leer arriba. Pero desde entonces ya han pasado cien años y el escenario social y cultural ha variado por completo. En realidad, sucede todo lo contrario. Jamás en la historia ha habido tanta obsesión por consumir alimentos sanos y productos de higiene, belleza o salud. El bienestar físico y el placer por el placer son fines en sí mismos, así que no se puede decir que descuidemos nuestro cuerpo, porque, de hecho, lo adoramos, y la mayoría de quienes no lo hacen se sienten mal por ello. Otra cosa es decir que el tipo de conexión que tenemos con nuestro cuerpo tal vez es equivocado, pero que la conexión existe es indiscutible.


  • «Para orar hay que cuidar el cuerpo... Quien no tiene un buen champú no puede orar...» (cita utilizada por José María Alvear en tono jocoso)

Entramos aquí en terreno resbaladizo. Se parte de esa verdad oriental según la cual la oración se ha de hacer en cuerpo y mente —o espíritu—, pero se lleva hasta el extremo, porque disponer el cuerpo para orar nada tiene que ver con la higiene, la estética o la salud. Más bien, al contrario, se trata de lograr que ninguna de esas cosas impida el encuentro con Dios. Tony de Mello proponía que la persona orante entrase primero en conexión con su cuerpo y tomara consciencia de cada una de sus sensaciones —frío, dolor, picor, nerviosismo, hambre...— precisamente para liberarse de ellas durante la oración.

  • Dinámicas con el contacto físico y la explosión de los sentimientos como protagonistas.
Son muy utilizadas en las psicoterapias Gestalt. Su objetivo es lograr la mayor desinhibición posible de los sujetos y de ese modo completar poco a poco el todo de la persona, que incluye, además del cuerpo y los sentimientos, la razón. En la iniciación —como sucedió en este caso— y en la primera fase el tipo de contacto no difiere mucho de otras dinámicas al uso en la animación de grupos, cuando se persigue, por ejemplo, reforzar la confianza entre los miembros o la ruptura de barreras entre ellos. Sin embargo, muy pronto se asciende en los niveles —muy definidos por otro lado— para recorrer con los dedos el rostro de los otros y más tarde las diferentes partes del cuerpo. El trabajo casi siempre se realiza por parejas, y mediante el mismo se aspira a utilizar con «naturalidad» los cinco sentidos, incidiendo de manera especial en el tacto. Es fácil imaginar dónde acaba el máximo nivel. Naturalmente, no se obliga a nadie, pero está de más explicar cómo funciona la psicología de los grupos. Es muy difícil que los individuos se atrevan a romper la uniformidad, sobre todo cuando se trata de jóvenes, por vergüenza o por miedo a ser considerados demasiado pudorosos.



Por otro lado, en las dinámicas en las que se profundiza en los sentimientos, se trata de conducir a los participantes hasta un estado en el que afloren las emociones que se hallan ocultas en lo más profundo de su ser. Normalmente, estas sesiones suelen acabar en un baño de lágrimas, con abrazos entre todos, después de haber transitado por estallidos de rabia, gritos o risas ostentosas. El efecto no es el mismo en todos como puede suponerse. Y ese es el peligro. Las consecuencias de hurgar en las entrañas de los sentimientos humanos, sin un diagnóstico profesional individualizado previo de cada uno de los miembros de la terapia, son imprevisibles porque se desconocen los límites de los que no se debería pasar. En psicoterapias individuales el profesional tiene sumo cuidado de no allanar un territorio delicado antes de tiempo, por eso hacerlo en grupo resulta, cuando menos, temerario.


En ambos casos, las dinámicas orientadas al cuerpo y las dirigidas a los sentimientos, tratan de llevar a las personas hasta sus propios límites para que paulatinamente intenten traspasarlos y de ese modo se «liberen» de algo que se supone que les impide realizarse plenamente como personas. Pero moverse permanentemente en el filo de la navaja no parece demasiado saludable, sobre todo, insisto, en terapias grupales, con ritmos distintos de sus miembros.


  • La búsqueda del «yo» y de su satisfacción es otro de los objetivos cuyo fin es alcanzar el equilibrio de la persona.

Huelga decir que toda psicoterapia, y la Gestalt no es una excepción, va dirigida al individuo, nunca a la sociedad en su conjunto o a una comunidad. Obviamente, se supone que el crecimiento personal debería redundar también en la mejora de la relación con los otros, pero el modo de lograrlo se basa en conceptos, podríamos decir, egoístas, desde el punto de vista del «ideario» cristiano.


José María Alvear explica que el ser humano se compone en su parte no corporal, de mente, de sentimientos, del «ego» —la fachada construida para mostrar a los demás— y del «yo» —lo que Dios quiere que seamos—. Esta última es una sorprendente afirmación que no compartiría el 99% de los psicólogos, entre otras cosas, porque se mezcla de manera poco ortodoxa una catalogación científica con una creencia. Lo máximo que la psicología podría decir del «yo» es que se trata de lo que seríamos si no nos lo impidiese el «ego», es decir, nosotros mismos, pero libres. En cualquier caso, y salvo la dinámica inicial para ambientar la oración, éste fue el único nexo de toda la jornada, por forzado que sea, entre la ponencia y el lema de la Asamblea —«Una mirada evangelizadora hacia los jóvenes»—. Un fugaz guiño que dio la impresión de ser en realidad un intento de justificar la propuesta de utilizar la psicoterapia para evangelizar. La teoría vendría a decir que si Dios es quien inspira el «yo», la psicoterapia nos permitirá hallarlo en nuestro interior, porque ahí es donde habita. Así que si nos aplicamos en nuestro crecimiento personal a través de la psicología estaremos más cerca de Dios. Se parece mucho a esa teoría según la cual todas las respuestas están en nuestro interior. Este razonamiento nos lleva a la siguiente conclusión, no admitida por los seguidores de la Gestalt ni por los psicólogos en general, pero que se repite de manera terca en la práctica: los demás estorban en nuestro proceso de maduración. Salta a la vista el choque frontal con los fundamentos del cristianismo, que ve a Dios en el prójimo, y el encuentro con el Todopoderoso en la apertura a la trascendencia mediante la oración, y no mirándonos el ombligo psicológico.


  • Frase de José María Alver tras el desarrollo de una dinámica Gestalt por parejas: «¿Por qué te preocupas por lo que siente el otro? Solo debe importarte lo que sientes tú».

La Gestalt persigue la máxima autonomía posible, la no dependencia de nadie, hasta llegar a ser autosuficiente. Y el que aparece arriba es un buen ejemplo del egoísmo como elemento necesario en los modelos de desarrollo personal que sigue la psicoterapia. Cada individuo debe preocuparse exclusivamente de sí mismo, aunque la dinámica sea compartida. No es casualidad que ésta sea la parte que más le cuesta a los psicoterapeutas de Gestalt inculcar en los grupos cristianos, que están acostumbrados a hacer todo lo contrario. La teoría «primero debo ayudarme a mí mismo para después ayudar a los demás» es falsa, o al menos incompleta. No lograremos nunca ayudarnos lo suficiente a nosotros mismos para, al fin, ayudar a los demás. Hemos de hacerlo simultáneamente.


En definitiva, no creo que la Gestalt pueda ser evangelizadora. La psicoterapia es psicoterapia y puede aportar beneficios a las personas, pero no evangelizarnos ni ayudar a evangelizar. Creo que el Evangelio puede hacer más por quienes acuden a psicoterapia que la psicoterapia por los que buscan a Dios.





lunes, 19 de mayo de 2008

GESTO SOLIDARIO POR LOS DERECHOS DE LA INFANCIA

Vídeo de producción propia (3,15 min.)



Con frecuencia suelo decir que los gestos tienen más importancia de la que a veces les damos. Dependiendo del momento, el lugar y la forma de ejecución pueden tener tanto o más valor que las acciones directas para resolver un problema, sea cual sea el ámbito al que se refiera.


«Los niños tienen derecho a ser protegidos...»

La Pastoral con Jóvenes de la Diócesis de Canarias ha organizado un Gesto Solidario por segundo año consecutivo, en esta ocasión centrado en la sensibilización hacia los Derechos de la Infancia (1), algo que lamentablemente hay que seguir haciendo en la actualidad. La actividad tuvo lugar el viernes 16 de mayo, y constó de una marcha solidaria por la Calle Mayor de Triana (Las Palmas de Gran Canaria) y una concentración en el Parque San Telmo, donde se recordaron los Derechos de la Infancia, demasiadas veces vulnerados en todos los rincones del planeta. Niños con sus padres y jóvenes de la Diócesis tuvieron la oportunidad de formar parte de una acción reivindicativa como expresión de su fe, en su exigencia de compromiso con los débiles e indefensos. Todo un aprendizaje para los más pequeños y los que no lo somos tanto.



1. Derecho a la igualdad, sin distinción de raza, religión y
nacionalidad.

2. Derecho a una protección especial para que puedan crecer
física, mental y socialmente sanos y libres.

3. Derecho a tener un nombre y una nacionalidad.

4. Derecho a una alimentación, vivienda y atención médica
adecuada.

5. Derecho a una educación y atenciones especiales para los física o mentalmente disminuidos.

6. Derecho a comprensión y amor por parte de las familias y de la
sociedad.

7. Derecho a una educación gratuita. Derecho a divertirse y
jugar.

8. Derecho a atención y ayuda preferentes en caso de peligro.

9. Derecho a ser protegido contra el abandono y la explotación en
el trabajo.

10. Derecho a recibir una educación que fomente la solidaridad, la
amistad y la justicia entre todo el mundo.



(1) La Convención de los Derechos de la Infancia es una norma jurídica a la que se han acogido 191 países desde su aprobación en la asamblea de la ONU el 20 de Noviembre de 1989, en sustitución de la Declaración de los Derechos del Niño (1959)


Puedes ver algunas de las fotografías tomadas en el desarrollo de la actividad:





miércoles, 11 de julio de 2007

Tiempo de oración

Necesito un alto en el camino. Todos lo necesitamos de vez en cuando y muy especialmente los cristianos, porque sólo quien disfruta de la presencia de Dios en su vida puede transmitir a los demás el Evangelio. El resto no serán más que intentos voluntariosos que no darán fruto y que acabarán dejando un vacío en el alma que agotará nuestras reservas espirituales. En los años como animador de jóvenes he aprendido que es importante que estudien sobre su credo, que razonen su fe y que la entiendan, pero fundamentalmente he descubierto que si no ven en sus acompañantes a personas que conocen de cerca al Dios del que les hablan, estaremos edificando sobre arena. No me interpreten mal, no es mi intención dar una catequesis; en realidad me digo todo esto a mí mismo.




La canción que están escuchando de fondo (está al final del post) basada en el Salmo 23, el propio texto del salmo y una parábola que descubrí hace años, son tres buenas formas de recordarme lo fundamental de mi misión evangelizadora. Creo que escribir este blog o mi tarea como animador, sirven para dar testimonio y ayudar humildemente a extender una visión del mundo desde la fe en Cristo, pero si por el camino olvido el rostro de quien me envió, ¿a quién anunciaré?

Hoy, en plena revisión personal del curso, quiero compartir con ustedes este momento de oración. Comencemos por esta historia haciéndonos al final la siguiente pregunta,
"¿soy el actor o el sacerdote?":

"Al final de una cena en un castillo inglés, un famoso actor de teatro entretenía a los huéspedes declamando textos de Shakespeare. Después se ofreció a que le pidieran alguna pieza extra. Un tímido sacerdote preguntó al actor si conocía el salmo 22. El actor respondió: ‘Sí, lo conozco, pero estoy dispuesto a recitarlo con una condición; que después lo recite usted’. El sacerdote se sintió incómodo, pero accedió. El actor hizo una bellísima interpretación, con una dicción perfecta: ‘El Señor es mi Pastor, nada me falta...’ Al final, los huéspedes aplaudieron vivamente. Llegó el turno al sacerdote, que se levantó y recitó las mismas palabras del salmo. Esta vez, cuando terminó, no hubo aplausos, solo un profundo silencio y el inicio de lágrimas en algún rostro. El actor se mantuvo en silencio unos instantes, después se levantó y dijo: ‘Señoras y señores, espero que se hayan dado cuenta de lo que ha sucedido esta noche: yo conocía el salmo, pero este hombre conoce al Pastor”.


SALMO 23

El Señor es mi pastor,
nada me falta;
en verdes pastos me hace reposar
y a donde brota agua fresca me conduce.
Fortalece mi alma,
por el camino del bueno me dirige
por amor de su Nombre.

Aunque pase por oscuras quebradas,
no temo ningún mal,
porque tú estás conmigo,
tu bastón y tu vara me protegen.

Me sirves la mesa
frente a mis adversarios,
con aceite perfumas mi cabeza
y rellenas mi copa.
Me acompaña tu bondad y tu favor
mientras dura mi vida;
mi mansión será
la casa del Señor
por largo, largo tiempo.




jueves, 5 de julio de 2007

Con el pan bajo el brazo

El sorprendente anuncio del Presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, de gratificar con 2500€ a las familias por cada nuevo hijo, ha provocado opiniones encontradas, principalmente en el plano político y económico. Básicamente, unos califican la medida como puramente electoralista y otros la defienden por creer que es sensible a las dificultades de las familias modernas españolas y favorecer el aumento del paupérrimo índice de natalidad del país, situado a la cola de Europa. Me detendré poco en el análisis político de la decisión; me interesa mucho más el trasfondo sociológico de la tendencia que pretende corregir.

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El dato objetivo es que los jóvenes retrasan todo lo que pueden su maternidad/paternidad o directamente renuncian a ella. De los muchos factores que influyen para que sea así, el que en mi opinión destaca sobre el resto es el temor a las ataduras; aunque, en realidad, esto es más consecuencia que causa. Analicemos, por tanto, de dónde nace ese miedo.

La Juventud se ha convertido en un valor en sí misma. Ya no es solo un estadio más del desarrollo biológico del ser humano, sino todo un concepto vital que se considera superior al de la infancia, la madurez y, por supuesto, la vejez. La frase, "lo importante es sentirse joven", no es más que una majadería -lo importante no es sentirse joven, sino sentirse exactamente lo que se es, disfrutando de ello- consecuencia de una cultura que se aferra irracionalmente a una etapa de la vida que se vincula a la felicidad. De hecho, parece que ésta puede alcanzarse exclusivamente durante la juventud. Es lógico que se quiera prolongar el máximo tiempo posible. Incluso, cuando se trata de exaltar la dignidad de la vejez, se recurre a los tópicos de conservar la belleza, aunque sea a través de la cirugía y los tratamientos estéticos, la necesidad de disfrutar de una sexualidad plena, una intensa actividad física y la diversión. Los mismos atributos que se supone, son propios de la Juventud.



Los hijos obligan a dejar de ser joven, entendiéndose Juventud según el concepto antes descrito. Exige adquirir responsabilidades que a su vez conllevan preocupaciones. Además, hay que renunciar a una independencia altamente valorada, limitar la vida social a solas o en pareja, reducir la capacidad de consumo individual en beneficio del interés familiar, perder la posibilidad de disfrutar de una ininterrumpida diversión, y en el caso de las mujeres, sufrir un embarazo que deformará temporalmente su cuerpo, pudiendo suceder que no vuelva a recuperar la elasticidad anterior. Traducido a la práctica, viajaremos menos, dejaremos de salir todos los fines de semana -de jueves a domingo preferiblemente- no nos podremos comprar la última novedad tecnológica, las mujeres dejarán de verse guapas y nos perderemos muchas salidas con los amigos... Y encima, es irreversible. Siempre podremos deshacer nuestra emancipación volviendo a casa de nuestros padres, podemos dejar nuestro trabajo o romper la relación con la pareja con la que convivimos si nos estorba su atadura. Pero no podemos deshacer nuestra maternidad o paternidad. La atadura es para siempre. ¿A alguien puede extrañarle que, dominados por este obsesivo culto a la Juventud, se trate de huir de semejante pérdida de libertad?


Desconozco si nuestros representantes parlamentarios se han preocupado por conocer las causas socio-económicas del problema. En mi opinión, o no lo han hecho y por eso no han propuesto ningún paquete de medidas para enfrentarlas, o una vez valoradas, han concluido que no tienen o no necesitan remedio. Aplaudo la ayuda económica prometida por Zapatero a las familias por cada hijo, dudo de la justicia de hacer el reparto de forma lineal sin tener en cuenta la renta y echo de menos soluciones imaginativas que aborden el asunto de modo global.


* Agradecería muy especialmente las aportaciones de los lectores de Latinoamérica, porque tengo entendido que allí, en general, la situación es mucho más saludable. De hecho, son los inmigrantes latinos los que están sosteniendo el índice de natalidad de España ligeramente por encima de un hijo por familia, como media.



lunes, 7 de mayo de 2007

Fermento en la masa

Aunque les tengo prometido el vídeo y las fotos del gesto de las '6000 velas', primero tenía que acabar el del Encuentro Diocesano de Jóvenes que se celebró unos días antes. Tuvo lugar en el barrio histórico de Vegueta, en el colegio San Ignacio de Loyola (Jesuítas).

El lema escogido este año 'Fermento en la masa', invitaba a los jóvenes a reflexionar sobre cómo transmitir el evangelio a otros jóvenes. La principal conclusión: a través del testimonio de vida, pero también de palabra. Sin avergonzarnos de nuestra fe y haciendo ver a los demás nuestra felicidad. Lo bueno acaba siendo seguido e imitado. Entonces pues...

¡ADELANTE!

Producción propia

miércoles, 25 de abril de 2007

De Colonia 2005 a Sydney 2008

Estamos a algo más de un año para unas nuevas Jornadas Mundiales de la Juventud. Será en verano de 2008 en Sydney, Australia. Por eso, aunque dos años después del encuentro en Alemania, quisiera recordar ahora aquella hermosa vivencia que pude disfrutar con un grupo de jóvenes de la Diócesis de Canarias a quienes acompañé en el viaje. Allí, en Colonia, los chicos pudieron compartir su fe con cientos de miles de cristianos de los cinco continentes. Después, volvieron y dieron testimonio de ello. El vídeo que puedes reproducir a continuación contiene las imágenes de una experiencia inolvidable y los testimonios de algunos de ellos. Si tú también estuviste allí, cuéntamelo.
  • El documento audiovisual es largo (unos 25 minutos) pero si tienes un ratito y nunca has estado en un acontecimiento cristiano de estas características, no dejes de verlo.


Producción propia

domingo, 18 de febrero de 2007

Peregrinación Juvenil Diocesana

Las imágenes de este vídeo se grabaron el pasado mes de octubre, en la Peregrinación Juvenil Diocesana ARUCAS - TEROR en Gran Canaria.

Es necesario seguir proponiendo espacios de encuentro, reflexión y oración a los jóvenes que tienen alguna inquietud respecto a Jesús de Nazaret. Tal y como recordó nuestro obispo Francisco Cases durante el recorrido, debemos ayudar a los jóvenes a hacerse las preguntas verdaderamente importantes de la vida y no las pequeñas e insignificantes que la sociedad de consumo les sugiere. "Cuando las preguntas son importantes, las respuestas también lo son" (Francisco Cases).


miércoles, 7 de febrero de 2007

Exhibicionismo o testimonio


Un grupo de jóvenes, cargados de energía y con deseos de cambiar el mundo, debate sobre la conveniencia o no de salir a la calle más exclusiva de su ciudad, con aspecto desaliñado y sucio, pidiendo limosna 'para un bocadillo', interrumpiendo la paz de la que por regla general goza el barrio. Al final de la escenificación, los mismos 'mendigos' y 'drogadictos' exhibirían unas pancartas en las que se podrían leer palabras como, '¡culpables, cómplices, ricos insensibles!'... David opina que la provocación servirá de gancho para la presencia de los medios de comunicación que se harán eco de las desigualdades que ellos denuncian, y por tanto, ¡objetivo conseguido! Yessica no está de acuerdo y apunta que el efecto será el contrario. Cree que muchos pensarán que un grupo de jóvenes rebeldes, inconformistas y gamberros, han tomado la calle, provocando y asustando a los vecinos.

En esta misma encrucijada nos hallamos cuando presenciamos acciones que están a caballo entre heroicas y temerarias de los voluntarios de Greenpeace jugándose la vida ante un gigantesco navío ballenero o petrolero, o las encendidas protestas de grupos ecologistas impidiendo la construcción de una carretera que llevaría prosperidad -y servicios sanitarios dignos, entre otras cosas- a una población semi-aislada, o las escenas que protagonizan en la calle algunos colectivos homosexuales como reivindicación de sus derechos. Entonces surge la pregunta, ¿testimonio o exhibicionismo? ¿Dónde está la frontera que separa lo uno de lo otro?

En el caso de los cristianos, como sucede con cualquier colectivo que con el tiempo ha ido adquiriendo complejos -dejaremos para otra ocasión las causas- la pregunta tiene doble filo. Una respuesta conservadora nos llevará, a la larga, de vuelta a las catacumbas romanas, de las que muchos opinan, nunca debimos haber salido. Por contra, la opción 'soy cristiano', nos conduce, en el mejor de los casos, a diferencia de los ejemplos arriba expuestos, a la burla y a la 'soledad'. Es así, no está de moda ser cristiano, más bien lo contrario. Y con todo, hay quien decide proclamar que es creyente, cristiano y católico... Mi amiga Tere me habló en una ocasión de un empresario conocido suyo. En su tarjeta de presentación aparecía, junto a su nombre, cargo en la empresa y teléfonos, el texto: "cristiano comprometido"; según él, porque precisamente esas palabras eran las que mejor le definían y le ayudaban a recordarse a sí mismo que se es cristiano las veinticuatro horas del día, en casa y en el trabajo.

Creo firmemente que la afirmación pública de la fe y la argumentación cristiana, siempre que sea posible y necesaria -normalmente lo es-, servirá para recuperar poco a poco el respeto en gran medida perdido, para desprendernos de ridículos complejos, volver a sentirnos familia y, por supuesto, ser testigos del Reino en el mundo.