El sorprendente anuncio del Presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, de gratificar con 2500€ a las familias por cada nuevo hijo, ha provocado opiniones
encontradas, principalmente en el plano político y económico. Básicamente, unos califican la medida como puramente electoralista y otros la defienden por creer que es sensible a las dificultades de las familias modernas españolas y favorecer el aumento del paupérrimo índice de natalidad del país, situado a la cola de Europa. Me detendré poco en el análisis político de la decisión; me interesa mucho más el trasfondo sociológico de la tendencia que pretende corregir.
________________________________________________
El dato objetivo es que los jóvenes retrasan todo lo que pueden su maternidad/paternidad o directamente renuncian a ella. De los muchos factores que influyen para que sea así, el que en mi opinión destaca sobre el resto es el temor a las ataduras; aunque, en realidad, esto es más consecuencia que causa. Analicemos, por tanto, de dónde nace ese miedo.
La Juventud se ha convertido en un valor en sí misma. Ya no es solo un estadio más del desarrollo biológico del ser humano, sino todo un concepto vital que se considera superior al de la infancia, la madurez y, por supuesto, la vejez. La frase, "lo importante es sentirse joven", no es más que una majadería -lo importante no es sentirse joven, sino sentirse exactamente lo que se es, disfrutando de ello- consecuencia de una cultura que se aferra irracionalmente a una etapa de la vida que se vincula a la felicidad. De hecho, parece que ésta puede alcanzarse exclusivamente durante la juventud. Es lógico que se quiera prolongar el máximo tiempo posible. Incluso, cuando se trata de exaltar la dignidad de la vejez, se recurre a los tópicos de conservar la belleza, aunque sea a través de la cirugía y los tratamientos estéticos, la necesidad de disfrutar de una sexualidad plena, una intensa actividad física y la diversión. Los mismos atributos que se supone, son propios de la Juventud.

Los hijos obligan a dejar de ser joven, entendiéndose Juventud según el concepto antes descrito. Exige adquirir responsabilidades que a su vez conllevan preocupaciones. Además, hay que renunciar a una independencia altamente valorada, limitar la vida social a solas o en pareja, reducir la capacidad de consumo individual en beneficio del interés familiar, perder la posibilidad de disfrutar de una ininterrumpida diversión, y en el caso de las mujeres, sufrir un embarazo que deformará temporalmente su cuerpo, pudiendo suceder que no vuelva a recuperar la elasticidad anterior. Traducido a la práctica, viajaremos menos, dejaremos de salir todos los fines de semana -de jueves a domingo preferiblemente- no nos podremos comprar la última novedad tecnológica, las mujeres dejarán de verse guapas y nos perderemos muchas salidas con los amigos... Y encima, es irreversible. Siempre podremos deshacer nuestra emancipación volviendo a casa de nuestros padres, podemos dejar nuestro trabajo o romper la relación con la pareja con la que convivimos si nos estorba su atadura. Pero no podemos deshacer nuestra maternidad o paternidad. La atadura es para siempre. ¿A alguien puede extrañarle que, dominados por este obsesivo culto a la Juventud, se trate de huir de semejante pérdida de libertad?
Desconozco si nuestros representantes parlamentarios se han preocupado por conocer las causas socio-económicas del problema. En mi opinión, o no lo han
hecho y por eso no han propuesto ningún paquete de medidas para enfrentarlas, o una vez valoradas, han concluido que no tienen o no necesitan remedio. Aplaudo la ayuda económica prometida por Zapatero a las familias por cada hijo, dudo de la justicia de hacer el reparto de forma lineal sin tener en cuenta la renta y echo de menos soluciones imaginativas que aborden el asunto de modo global.
* Agradecería muy especialmente las aportaciones de los lectores de Latinoamérica, porque tengo entendido que allí, en general, la situación es mucho más saludable. De hecho, son los inmigrantes latinos los que están sosteniendo el índice de natalidad de España ligeramente por encima de un hijo por familia, como media.