LECTURAS AL SOL (I)
El verano tiene para mí un encanto que no encuentro en otras estaciones del año, sin duda, y objetivamente, más hermosas. No tiene nada que ver con la meteorología, porque yo vivo en un lugar privilegiado del planeta en el que siempre disfrutamos de una temperatura primaveral. Tampoco guarda relación con el lugar en el que me halle, porque percibo las mismas sensaciones en sitios muy dispares y muy distantes entre sí. Es algo mucho menos poético que las tonalidades del cielo en otoño, la suave brisa y el olor del aire en primavera, o la agradable sensación de contemplar el invierno desde el calor del hogar... Es, simplemente, la dulce sensación de que el paso del tiempo no puede herirme, porque no corro hacia ninguna parte. Sólo camino; ni despacio ni deprisa; o ambas, según el ritmo con el que se encaprichen mi cuerpo y mi mente. No sé hacia dónde, ni me importa. Es el único destino que, por mucho que me empeñe, por mayor sabiduría que adquiera, por más conocimientos que atesore, por infinita experiencia que acumule, jamás conoceré hasta el mismo instante de llegar. Tal vez, ni siquiera al llegar. Son los libros...
Y cabe preguntarse: ¿Acaso sus páginas pierden las letras el resto del año? ¿Es que algún maligno hechizo me impide abrir un tomo cuando no es verano? Por supuesto que no. De hecho, también leo libros en primavera, otoño e invierno; menos, es cierto, pero siempre leo. Y sin embargo, no es lo mismo. La lectura en verano provoca en mí el mismo efecto que el té frío con limón que prepara mi madre, bendita herencia de nuestra Hungría natal. Se desliza por la garganta con suavidad, refrescante, impregnando cada rincón que acaricia con sus mansas esencias, haciéndome saber a su paso que no podré evitar dar el siguiente trago en cuanto el líquido haya dejado de descender. Así es como penetran en mí las historias de un libro cuando las leo en verano. No hay esfuerzo, pero tampoco excesos.
Seguramente no sería así si mi vida fuese distinta, si no tuviera una forma de vida, digamos, tan convencional. Es decir, con esposa, con hijos, con un trabajo de once meses y un período concreto de vacaciones, en mi caso siempre en verano; con todo lo especial que muchos piensan que es ser periodista, trabajar en televisión y más como presentador. No me quejo, no me malinterpreten, todo lo contrario. Sé que soy un privilegiado por tener mi familia, hacer lo que me gusta y vivir de ello. Solo que si fuera, pongamos por caso, artista y soltero, mi percepción del tiempo, y en concreto del verano, sería distinta.
La bodega

El fuego del cielo

* «Lecturas al sol» es una entrada que consta de tres partes. En realidad, mi intención era publicarla de una sola vez, puesto que ya está todo el texto escrito, pero al ser demasiado extenso, me he decantado por el formato de las entregas. Es una serie dedicada a libros; pero no solo a los libros. Éstos son la excusa para encauzar algunos de mis pensamientos, que van desde el significado que damos al descanso, hasta la complejidad de entender el mundo en el que vivimos, siquiera la parte geográfica y temporal en la que nos toca desenvolvernos, no hablemos ya de otras épocas distintas de las nuestras; la crueldad sin sentido, el arrepentimiento, la objetividad, las consecuencias de las experiencias vividas, el olvido, la indiferencia, la lengua, la libertad, la supervivencia... Cuatro autores, cuatro libros, sin nada que ver entre sí, sin haberlo planeado, compusieron una hermosa, instructiva y variada sinfonía de lecturas en mis vacaciones de verano. Quiero dejar claro que no soy crítico literario. Me faltan conocimientos que me capaciten para ello, así que mis opiniones al respecto deben leerse exclusivamente como las de un simple lector aficionado. Y me gustaría compartirlo con ustedes.
Siguientes entradas de la serie:
- LECTURAS AL SOL (II) - El Imperio
- LECTURAS AL SOL (III) - Con permiso... (actualización)
- LECTURAS AL SOL (IV) - Dossier K
1 comentario:
Bienvenido Armando, al mundo de la blogosfera.
Ya echaba de menos tus escritos.
Me alegro que disfrutes con todo y en todo momento. A mi me pasa igual.
Cada momento de mi vida lo vivo intensamente, sin pensar que podría haber sido mejor o peor. Lo importante para ser feliz es que sepamos valorar lo que tenemos, y disfrutarlo a tope.
Un saludo.
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