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domingo, 6 de septiembre de 2009

LA VALENTÍA DE JUAN ESLAVA

Sigo sin haber leído «El catolicismo explicado a las ovejas». Pobre de mí. Continúo sumido en la oscuridad de mi ignorancia, sin dejarme guiar por la luz que generosamente Juan Eslava me brinda para conducirme hacia el saber. Pero no será por mucho tiempo. Hoy es el primer día del resto de mi vida, el que viviré al calor de la sabiduría del hombre que lo sabe todo sobre Dios, la fe y la religión; el Alfa y el Omega de la existencia humana.
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Según Juan Eslava el cristianismo es una gran mentira
(imagen de la Madre Teresa de Calcuta tomada de Vidas Famosas)


En las dos últimas entradas del blog hice públicos los correo que cruzamos con Juan Eslava Galán a propósito del texto con el que promociona en su web su libro más reciente, «El catolicismo explicado a las ovejas». Ahora me propongo hacer una crítica, no tanto del libro, que no he leído todavía, como del cinismo con el que es capaz de expresarse —o permitir que otros lo hagan en su nombre— con el único fin, supongo, de vender más ejemplares.

El primer párrafo del comentario promocional del libro dice así: «¿Quién es Dios? ¿Quién fue Jesús de Nazaret? ¿Qué significa ser católico? ¿Sabemos todo lo que hay que saber sobre cómo nació el cristianismo? Juan Eslava Galán sí lo sabe [...]». Y se queda tan ancho. Parece un texto extraído de la sátira de Les Luthiers en la que los geniales humoristas argentinos parodian a un predicador latinoamericano al que bautizan como Warren Sánchez. Pero no. Está escrito con toda solemnidad en la web de Eslava, que se revela, así, muy alejado de otros ilustres autores, científicos e intelectuales, que prefieren seguir los senderos del «sólo sé que no sé nada» socrático. Eslava sí lo sabe, y, como continúa el párrafo citado, «nos lo cuenta [...]».

L
a fanfarronada es monumental.


P
ero no mayor que la que sigue: «Un libro valiente que responde a muchas cuestiones que atormentan hoy el alma del creyente».


¿U
n libro valiente? Juan Eslava se ha equivocado de década y, por lo tanto, de siglo. Valiente sería si lo hubiera publicado hace cincuenta o sesenta años y no en 2009. No acabo de ver el riesgo que asume el escritor jienense con esta obra. Son tiempos de supresión de crucifijos, de feroz arrinconamiento de los creyentes y éxito de programas de televisión que se mofan de la Iglesia, los católicos y los religiosos. Eslava bracea más a favor de corriente que Pedro Barrié de la Maza —financiero gallego y presidente de comisión—, del que tanto se burla en «Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie», quien regaló al recién nombrado Generalísimo el famoso Pazo de Meirás, y que, después, ya durante el Régimen, fue generosamente recompensado por el Caudillo.


Pero, según Eslava y sus socios, estamos ante un libro valiente.




Fotografía tomada de Periodista Digital. Juan Eslava en
una de las entrevistas en las que se despacha a gusto sobre
la Iglesia Católica afirmando que «todo es un montaje»,
mientras promociona el libro en el que supuestamente lo demuestra


Más abajo, después de recitar todas las materias sobre las que nos va a ilustrar —cristología, historia de las religiones, exégesis bíblica...— llegamos al «trailer» que intenta captar al potencial lector mediante preguntas provocativas a las que, supuestamente, responderá en las páginas del libro. Algunos ejemplos: «¿Es Dios psicópata?, ¿Por qué el Ángel de la Guarda anota en su Libro Mayor los orgasmos de cada católico?, ¿Por qué el Espíritu Santo es una paloma en lugar de un ornitorrinco?, ¿Era puta la Magdalena...?». Nada nuevo bajo el sol. Si acaso, el envoltorio de las preguntas, cuya intención es sorprender y provocar lo máximo posible, ya que los contenidos son poco originales. De hecho, el libro tiene todo el aspecto de pertenecer a la categoría de «trapera» literaria (1). En las entrevistas que le hacen durante la promoción del libro, Eslava repite sin parar argumentos sobradamente conocidos de otros autores, con el entusiasmo de quien acaba de hallar la piedra filosofal, y que ya han sido refutados o seriamente debilitados —en algún caso ni siquiera tenidos en cuenta, por absurdos— por exégetas tanto ateos como creyentes. Conviene aclarar que Juan Eslava no es un experto y, al menos en esto, no pretende pasar por serlo, aunque después presuma, nada menos, de haber logrado «desmontar» el cristianismo y hasta la existencia de Dios (2). Definitivamente, el autor de «En busca del unicornio» no es un hombre modesto.

La parte final tampoco tiene desperdicio: «Un libro claro y sincero que persuadirá al lector para que no marque la crucecita de la Iglesia en la Declaración de la Renta».

Enésima fanfarronada.


Sin embargo, es posible que Juan Eslava no sea tanto un fanfarrón como un hombre de negocios. Esta última afirmación no es diferente a los anuncios de crecepelos en las revistas del corazón o las cremas milagrosas para perder veinte kilos en dos semanas. El cínico anunciante sabe que la pócima no sirve para nada pero la técnica de venta, siendo éticamente discutible, tiene una indudable eficacia comercial para captar a muchos incautos/as. Vende. Como vende poner de vuelta y media a la Iglesia y prometer que quien lea el libro, sin excepción, no volverá a apoyarla en su Declaración de la Renta. En realidad, los comerciales de Planeta saben, igual que Juan Eslava, que quienes se tragarán el anzuelo serán los ya convencidos de que la Iglesia es corrupta, perversa y mentirosa, y buscan reforzar su posición gracias a un ensayo que se presenta como histórico y científico. Ellos, y no los otros, serán el rebaño de ovejas que harán más rico al pastor sin escrúpulos.




(1) «Trapera», en Canarias, es un producto del telar (colchas, alfombras...) tejida con restos de otros trapos viejos de distintos colores. Las mujeres las confeccionaban en tiempos de escasez.

(2) En una entrevista publicada en Revista Fusión, Eslava utiliza el vulgar recurso del menosprecio, si no el insulto, al dividir a todos los católicos, sin excepción, entre los estúpidos, que se aferran a su religión por miedo a la muerte, y los mentirosos saqueadores, sabedores del engaño y cómplices de la Iglesia. Los que se hacen preguntas, afirma, «abandonan el redil». Éste es el intelectual Eslava.




domingo, 30 de agosto de 2009

OVEJAS AGRADECIDAS (respuesta de Juan Eslava)

En la entrada anterior hice público el comentario que envié al escritor Juan Eslava Galán a propósito de su último libro, «El catolicismo explicado a las ovejas», en su página web. El señor Eslava ha tenido la amabilidad de contestarme. A continuación, tal y como me comprometí, tienen su respuesta íntegra y mi réplica a la misma.


Respuesta de Juan Eslava Galán

Estimado amigo:

¿Se ha parado a considerar que hay personas que no lo hacen todo por dinero y que yo pudiera ser una de ellas? ¿Se ha parado a considerar que a lo mejor lo hago porque sinceramente creo que el catolicismo es una estafa y que como intelectual que se debe a la verdad tengo la obligación de desvelarla? Por supuesto es mi verdad, y no lo oculto, que no necesariamente debe coincidir con la verdad de otras personas, por ejemplo la suya. En cuanto a las citas es una cuestión de mera honradez: en lugar de apropiarte de una idea ajena, lo citas literalmente para que el lector conozca de donde procede. Es normal en la literatura científica. Y el porcentaje de citas en mi texto no va más allá de un cinco por ciento: perfectamente honrado.

Le agradezco que lea mis escritos. Y le agradeceré que me señale los errores que encuentre en ellos (de datos obviamente, no de interpretación que es libre) porwue siempre estoy dispuesto a rectificar en obsequio de la verdad.

Reciba un cordial saludo de
Juan Eslava




Réplica de un servidor


Estimado Juan:

Muy agradecido por su respuesta. No tengo nada que objetar, salvo a esta frase suya: «como intelectual que se debe a la verdad tengo la obligación de desvelarla». No se ofenda, pero resulta bastante pretenciosa, máxime cuando, que sepamos, no es usted un erudito en la materia. A lo mejor me sorprende, pero dudo que desvele usted algo que no hayan publicado ya otros autores. Por otro lado, desconozco si es usted capaz de traducir el latín —supongo que sí—, pero sobre todo, el griego clásico, el arameo y el egipcio, lenguas en las que están escritos los principales textos originales sobre los que se basa toda la investigación moderna sobre Jesús y el origen del cristianismo, y, en cualquier caso, si ha tenido usted acceso a ellos. No obstante, como bien sabrá, la Tercera Búsqueda es una investigación multidisciplinar de expertos, creyentes y no creyentes, que está alcanzando algunos resultados muy interesantes con novedades significativas respecto al Jesús histórico, no siempre acordes a lo que se creía o aseguraba la tradición de la Iglesia.

Con todo, y salvo la mencionada objeción, su respuesta me parece muy apropiada para un correcto enfoque del contenido de su último libro. Expresiones como «mi verdad...», «creo que...», «libre interpretación...», son razonables y adecuadas. Una lástima que ninguna de ellas aparezca en el comentario que promociona su libro en la web, ni en las entrevistas que le he leído sobre el particular. En lugar de eso aparecen afirmaciones categóricas en términos absolutos, en las que nos quiere hacer creer que ha descubierto la Verdad, con mayúsculas. Si no fuera usted un filántropo, «que se debe a la verdad» y tiene «la obligación de desvelarla» pensaría que se trata de publicidad engañosa con el objeto de vender más ejemplares.

A ello me referiré en la próxima entrada de mi blog.

Una vez más, agradecido por su respuesta.


Reciba un cordial saludo,

Armando Vallejo Waigand



lunes, 24 de agosto de 2009

OVEJAS AGRADECIDAS

Había oído hablar del alto valor nutritivo de la leche de oveja y del sabroso queso que con él se prepara, pero últimamente parece que también su carne comienza a ser muy apreciada, sobre todo entre intelectuales aspirantes a frecuentar restaurantes de alta cocina.

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Para evitar caer en la reiteración y extenderme innecesariamente me limito a transcribir el texto que le he enviado al escritor Juan Eslava Galán a través del correo electrónico de su web personal.

Juan Eslava Galán es licenciado en filología inglesa y doctor en letras, autor de más de sesenta libros y Premio Planeta 1987 (En busca del unicornio). Pero quiere más... dinero.




«Estimado Juan:

Acabo de terminar de leer "Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie". Ha supuesto para mí una lectura amena, ligera e instructiva, excelente para el verano. Interesado en su perfil profesional, he accedido a su página web, donde me encuentro con el llamativo título de su último libro, "El catolicismo explicado a las ovejas". No lo he leído (aún), así que sólo puedo juzgar por el comentario promocional que acompaña el título, imagino que de su propia cosecha aunque esté escrito en tercera persona. Sin embargo, es suficiente (por poco original) para hacerme una idea de su contenido, que, obviamente, no discutiré con usted en estas breves líneas. Como bien sabe, no es usted el primero en contar las "mentiras" del catolicismo, ni en "desvelar" los grandes misterios del origen del cristianismo y de la Biblia. Será usted uno más en tratar de hacer caja con un tema que, seamos francos (¡vaya, qué coincidencia!), es muy oportuno en nuestro país en estos momentos. No le culpo, tiene usted todo el derecho a llenarse los bolsillos, si todo va bien y dos o tres medios afines a la causa le apoyan con publicidad en programas televisivos de masas en los que los asuntos anticatólicos tienen buena acogida (seguro que el Gran Wyoming y La Sexta, en general, le podrán echar una mano).

No obstante, me queda una duda respecto al título: ¿Está seguro de que va usted a iluminar a las “ovejas” y sacarlas de su ignorancia, o más bien a aprovecharse de ella (de la ignorancia) para sacarles el dinero? La pregunta es, por supuesto, retórica, porque usted y yo conocemos la respuesta. Es igual de fácil engañar a las “ovejas” de un lado como del otro, y tanto desde un lado como desde el otro, ¿no le parece?

Puedo imaginar el formato del volumen que nos propone: temas llamativos para los poco iniciados (o mal iniciados) como se deduce de las preguntas que sirven de cebo en su web, regados con interminables citas bibliográficas (su historia de la Guerra Civil está plagado de ellas hasta el punto de acabar siendo un libro escrito con pedazos de otros libros, lo cual también tiene su mérito), y, seguramente, al estilo de sus predecesores en el asunto, dando por ciertas, o soltando como quien no quiere la cosa, teorías sin confirmar, contra las que existen otras tantas, igual de probables, que afirman lo contrario, y que usted obviará o ridiculizará. No soy adivino, es que ya lo he visto antes, aunque ya le adelanto que no por ello prescindiré del placer de su lectura. Si encuentro novedades significativas le prometo que se lo haré saber y lo exaltaré en mi humilde blog en el que también publicaré lo que ahora está leyendo (es una publicidad modesta, pero es todo lo que puedo ofrecerle para contribuir al ensanchamiento de su cuenta corriente), así como cualquier respuesta o comentario que tenga a bien concederme.


Muchas gracias por su tiempo y su trabajo.


Atentamente,

Armando Vallejo Waigand»



Nosotras, las ovejas, estamos agradecidas a los intelectuales cuya vocación es liberarnos de la estupidez. Mientras ellos lo hacen de las hipotecas.




lunes, 3 de marzo de 2008

EL VOTO EGOÍSTA

¿Votaría usted a un partido que propusiese subir los impuestos, para dedicarlos a condonar la deuda externa de los países empobrecidos? No le hablo de dejar de llevar comida a su mesa, sino de subir ligeramente la presión fiscal para ayudar al planeta y a los que viven en él, sacrificando apenas unas migajas de nuestros caprichos. Este es solo un ejemplo que nos puede ayudar a medir nuestra escala de valores al introducir nuestro voto en una urna.

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Quién no ha oído hablar del famoso «voto útil» del que sacan tajada PP y PSOE en cada convocatoria de elecciones. O del «voto cautivo», cuya sola mención nos hace viajar en el tiempo, hasta la Andalucía de los años 80 y 90, cuando Felipe González atemorizaba a los ancianos y a los desempleados con quedarse sin sus prestaciones sociales si ganaba la «derecha». El chantaje ha resultado ser tan eficaz que ahora todos lo practican. El «voto de castigo» es otro viejo conocido de los comicios, y que según los expertos dio la victoria a José María Aznar en 1996. Mucho menos nombrado, aunque no inexistente en el análisis sociológico, es el «voto egoísta».


Dispuesto a utilizar este término en el presente artículo, realicé una búsqueda en Google para averiguar lo original de mi ocurrencia. Suponía que no sería el primero en mentarlo, aunque el sonido de su pronunciación no le resultaba demasiado familiar a mis oídos. Y así es, existen referencias, pero son pocas. En algunas de ellas se eleva a la categoría de valor el concepto de «egoísmo», ideal —y casi imprescindible según sus partidarios— para decidir el voto «adecuadamente» en unas elecciones. El escritor Fernando Sánchez Dragó lo promueve en un artículo publicado en «El Mundo», colgado también en su blog particular bajo el título «Reflexiones electorales de un ciudadano excéntrico», con motivo de las Elecciones Autonómicas y Municipales de mayo pasado. No sé por qué no me sorprende. A su más puro estilo, parapetado en sus 70 años y su bien ganado título honorífico de intelectual de España, se permite burlarse de quienes creemos que la democracia de un país madura —entre otras cosas— en la medida en que dejamos de pensar exclusivamente en nosotros mismos; en relación al voto y a cualquier otra decisión que exija decantarse por una alternativa entre varias. Pero no tenía yo intención de polemizar en estas líneas con el conductor de Diario de la Noche de Telemadrid, sino más bien reflexionar en voz alta sobre el modo más razonable de depositar el voto en una urna.



Los líderes políticos, siempre bien asesorados, cuentan con nuestro egoísmo —"defensa propia", según Sánchez Dragó— a la hora de votar, y sobre esa base diseñan su estrategia de campaña. Le dicen a cada colectivo, y si pudieran a cada persona, exactamente lo que quiere oír. Por supuesto, saben que no pueden cumplir con todos, entre otras cosas, porque muchas de sus promesas son incompatibles entre sí, algo que trae sin cuidado a los reyes de la demagogia. El voto egoísta consiste en dar nuestro apoyo al mejor postor, así que los hombres-cartel solo tienen que esforzarse en subir la oferta, que después adornarán con pinceladas de política social, política económica eficaz, o cualquier otra mentira semejante.


Otra tara de la democracia la encontramos en el «voto forofo». Los forofos son los incondicionales —aún sin ser militantes—, que por definición, no ponen condiciones, no dudan, no critican, no exigen, no reflexionan sobre la conveniencia de votar a «su» partido. Más que partidarios de un programa político, son aficionados «ultras» de unas siglas, como lo son los hinchas de un equipo de fútbol —¡los colores son los colores!—, con la diferencia de que los resultados deportivos no tienen consecuencias en las leyes y la economía, mientras que los resultados electorales sí. Es por tanto, una actitud irresponsable.


En el lado contrario se sitúan los indecisos. A mi juicio, ésta es la actitud que denota mayor madurez. El indeciso necesita información para decantarse, y la analizará, previsiblemente, de modo aséptico, aunque siempre bañada en su propia ideología, cuando la hay. Esto no quiere decir que no se deba militar en un partido político. Todo lo contrario. Pero los militantes deben ser los más críticos con sus propios dirigentes, haciendo oír su voz y creando corrientes de opinión internas. Yendo aún más lejos, un militante coherente con sus ideas, será capaz de votar en blanco, o incluso por otro partido, si la dirección programática del suyo le parece inadmisible en determinado momento, lo cual no exige que abandone su afiliación, sino que continúe trabajando para ayudar a recuperar el rumbo que un día le hizo pedir el carnet.


Tampoco puedo obviar en mi reflexión la gran pregunta que nos hacemos muchos católicos cuando llega el momento de votar: ¿existe el «voto cristiano»? Mi opinión es que sí, pero no corresponde a unas siglas determinadas, sino a la forma global de aproximarse a la política. En concreto, el voto de un cristiano debe ser la antítesis del «voto forofo» y del «voto egoísta». Del primero por irreflexivo y del segundo por antievangélico. La preocupación por las consecuencias del voto en la defensa de los más desfavorecidos —aunque no estemos entre ellos—, en la educación —aunque no tengamos hijos—, en la igualdad de género —aunque no seamos mujer—, en la lucha contra el hambre en el mundo —aunque seamos españoles y estemos a dieta—, por poner algunos ejemplos, debe ser la base de una decisión coherente con nuestra fe. Y por supuesto, la participación ciudadana, más allá de los comicios.


«Las elecciones son la fiesta de la democracia», le encanta proclamar solemnemente a los líderes políticos. En sentido estricto, es más bien la fiesta de ellos. Es cuando reciben el baño de masas que les situará en algún despacho desde el que gobernarán durante los siguientes cuatro años, sin tener la menor intención de volver a escucharnos en ese tiempo. Por eso, participar en la democracia es mucho más que depositar el voto en una urna —eso es lo que a ellos les gustaría para tener un mandato apacible y sin sobresaltos—. Quien vota se compromete a seguir de cerca la acción política de sus gobernantes para formarse su propia opinión, y desde sus posibilidades, ejercer presión para que las ideas por las que dio su apoyo a un programa electoral, o por las que no se lo dio a ninguno —voto en blanco—, se vean reflejadas en las decisiones que se toman. Cualquier ámbito es válido para hacerlo: partidos políticos, sindicatos, asociaciones vecinales, ONG, agrupaciones culturales, el APA y el Consejo Escolar de los centros educativos, movimientos religiosos...

Esta es la democracia en la que creo, a la que aspiro y por la que trabajo, orientado por mi fe. Por mucho que Fernando Sánchez Dragó me califique por ello como «nocivo» para mis semejantes.




lunes, 28 de enero de 2008

INFORMAR, EDUCAR, FORMAR Y ENTRETENER

En su mensaje para la «XLII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales», Benedicto XVI pide «comunicadores valerosos y testigos auténticos de la verdad [...] fieles al mandato de Cristo y apasionados por el mensaje de la fe [...]». El Papa expresó estas palabras en forma de oración, invocando al Espíritu Santo, después de reflexionar sobre el papel de los medios de comunicación en nuestra sociedad, en alusión al lema que centrará la Jornada: «Los medios en la encrucijada entre protagonismo y servicio. Buscar la verdad para compartirla».
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Merece la pena leer atentamente el texto acerca de la influencia, las bondades y las inclinaciones más peligrosas de los medios de comunicación social en nuestros días, pero tras hacerlo, a los periodistas cristianos nos asalta una gran inquietud: ¿el mensaje está orientado a los «comunicadores», o a los empresarios/políticos que controlan los medios? Porque, por suerte o por desgracia, no son los mismos. El Santo Padre escogió el día 24 de enero, día de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas, para emitir el mensaje sobre las «comunicaciones sociales» —al igual que cada año—, por lo que es obvio que relaciona periodismo y medios de comunicación. Parece de sentido común, pero conviene matizar.

La vocación innata de los medios ha sido siempre la de informar, educar, formar y entretener —por ese orden—, pero ya no. Se nos llena la boca con la retahíla aprendida de memoria, pero hace tiempo que no se corresponde con la realidad, salvo en honrosas excepciones. La Televisión es básicamente entretenimiento, la Radio es opinión, y solo la prensa diaria puede presumir todavía de poner el acento en la información pura, más allá de su orientación ideológico-política. Tal vez no haya nada de malo en que sea así —son los nuevos tiempos— pero no deberíamos querer simular lo que no somos.

Convengamos también que comunicar no es lo mismo que informar. Toda información es comunicación pero no siempre sucede al revés. Este blog es un medio de comunicación pero no es un medio informativo porque el 99% de lo publicado es opinión, no información, aunque en gran medida se base en ella. Lo mismo sucede con los medios cuyos principales contenidos son de entretenimiento. Sus máximos exponentes en la actualidad son la Televisión, las llamadas «revistas del corazón» y la mayor parte de las publicaciones deportivas. Esto, que en principio no tiene por qué suponer un problema, es el origen de buena parte de la confusión que existe en la opinión pública sobre periodismo, periodistas y medios. Lo peor de todo es que la línea que separa opinión, información y entretenimiento es cada vez más difusa. Se entremezclan hasta tal punto que el receptor es incapaz de distinguir una cosa de la otra, algo que los responsables de la mayoría de esos medios no tienen la menor intención de evitar, sino todo lo contrario. La razón es sencilla: influencia y audiencia-ingresos. El grado más alto de cinismo se alcanza cuando los contenidos de espacios publicitados como objetivos y rigurosos, son seleccionados según el criterio de «más atractivo», es decir, más entretenido para el telespectador, oyente o lector. No hay más que echar un vistazo a la cantidad creciente de curiosidades y sucesos que acaparan los informativos de la mayoría de las cadenas de televisión, sobre todo las que emiten en abierto, en proporción con las noticias realmente importantes, pero menos llamativas. Temas que hace una década hubieran aparecido como mucho al final del noticiario, ahora son de apertura u ocupan los primeros lugares en la «escaleta»(1).

La opinión diluida perversamente en la información es un problema más propio de la Radio, que con frecuencia asoma también en la prensa escrita. Incluso los supuestamente asépticos boletines horarios de apenas cinco minutos incluyen cada vez más juicios de valor en las entradillas o coletillas de las noticias, algo impensable hace unos años. El relato encadenado de noticias al uso ha sido arrinconado a unos pocos minutos al día —cuando lo hay—, dejando paso a extensos programas de gran audiencia, en el que cada noticia es comentada por separado y subjetivamente por el conductor del espacio inmediatamente después de emitida, sin dar tiempo a que el oyente se forme su propia opinión, o al menos, asimile la información recibida, sin interferencias.

Este artículo no es una defensa a ultranza de los periodistas por corporativismo. Es cierto que algunos participan, admiten o toleran la manipulación, y que otros se han dejado deslumbrar por el dinero y la popularidad que dan los «reality show» o el «mundo rosa», pero no lo es menos que la norma sigue siendo la del profesional con vocación de informar fielmente, desnudar la realidad y desenmascarar la mentira. Pero una cosa es el valor del periodista para buscar y contar la verdad asumiendo las consecuencias, reto que personalmente acepto espoleado por el aliento del Papa, y otra, nuestra capacidad para influir decisivamente en los contenidos de los medios en los que trabajamos. Ya sé que no es eso lo que se nos pide desde la Iglesia, pero no está de más aclararlo.


(1) En Televisión se conoce como «escaleta» al guión de un programa.







sábado, 2 de junio de 2007

El 'Show del Donante' fue una farsa

El anterior post lo inicié citando la película 'El Hombre Elefante' comparando su argumento con el contenido anunciado por la televisión holandesa BNN de su nuevo programa 'De Grote Donorshow'. Dos días después, y tras conocerse la farsa, lo que se me viene a la mente es 'La Guerra de los Mundos' en su representación radiofónica dirigida por Orson Welles en 1938. Ocurrió el 30 de octubre, un día antes de la noche de Halloween.

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Un supuesto boletín de noticias interrumpía la emisión para informar de un ataque alienígena a la Tierra describiendo con perfecto realismo los dramáticos sucesos, provocando el pánico en la población. Unos fueron a buscar sus armas, otros salieron huyendo de sus casas y la mayoría llamaron a la policía que acabó con la centralita bloqueada. Cuando se supo la verdad, la conmoción y la indignación fueron casi tan grandes como el terror que provocó la obra. A partir de ese momento el mundo moderno comenzó a concienciarse respecto al poder que podían ejercer los medios de comunicación, lo cual exigía responsabilidad y control. Pero lo que fortuitamente Orson Welles demostró como el uso inaceptable de un medio de masas, algunos comenzaron a verlo como una útil herramienta para la manipulación.


BNN nos ha manipulado. 'El Show de los donantes' se celebró casi en su integridad sin desvelarse el engaño. Sólo cuando la supuesta donante y enferma terminal se aprestaba a dar el nombre del elegido para quedarse con su riñón -los aspirantes a recibir el órgano sí eran reales- el presentador la interrumpió para anunciar entre risas y aplausos que se trataba de una actriz y que todo formaba parte de un montaje con la intención de concienciar a la población sobre la donación de órganos. Casi hora y media de impune ofensa a la honradez informativa. Me alegro de que finalmente no hayan descendido un nuevo peldaño en la degradación del ser humano que anunciaban, pero lamento que en nombre de la solidaridad mal entendida, utilicen la mentira, el escándalo y la provocación; y a la vez, obliguen a malgastar el tiempo a colectivos y personalidades de la política, la cultura y la religión que elevaron su voz, incluso ante el parlamento europeo, para tratar de parar la emisión del programa. Seguramente dirán que han obtenido más donantes en una noche que una campaña institucional en todo un año, pero con trampas y lucrándose a través de la millonaria audiencia y la repercusión internacional.

Si alguien tiene dudas sobre si el fin -suponiendo que haya sido noble- justifica los medios, que se imagine la siguiente escena: la policía de su ciudad advierte que una peligrosa banda de tráfico de menores está acechando a sus hijos para raptarlos, dando a continuación una serie de instrucciones para su protección. Imaginemos ahora que pasado un tiempo, las autoridades anuncian que la banda no existe y que sólo se pretendía concienciar a los ciudadanos para que tomen precauciones. Estaremos de acuerdo en que el Jefe de Policía sería destituido fulminantemente, aunque su plan hubiese obtenido el resultado apetecido.

Sesenta y nueve años después de La Guerra de los Mundos, la BNN nos ha dado una lección. Pero no de la que ellos se jactan -concienciarnos de la importancia de donar órganos- sino de la apremiante necesidad de establecer unos criterios respecto a los límites de la obscenidad mediática, sobre todo televisiva. Pero, ¿cómo hacerlo? Días atrás, defendí en el post
'En busca de la verdad' de Daniel Mercado en Etiqueta, que el principal mecanismo de control de los medios en países democráticos debía ser la Justicia. Sin embargo, ésta sólo puede intervenir cuando hay delito o como mínimo una falta sancionable. Si su actuación se ajusta a derecho, por muy repudiable que sea, la única alternativa que queda es la crítica, la denuncia pública y el rechazo unánime de los consumidores, preferentemente asociados y respaldados por personalidades respetadas en la sociedad. El efecto quizás sea más lento pero también más duradero. Las empresas de comunicación tienen suscritos seguros y prevén en sus presupuestos anuales partidas para hacer frente a los juicios que pudiesen perder. No es que les guste hacerlo, pero pueden soportarlo si no desequilibra ostensiblemente su cuenta de resultados. Por el contrario, un derrumbe de su imagen entre la población provocaría un más que probable cambio de rumbo en su política de contenidos. Algo así sucedió en España con Tele 5. En sus comienzos llenó su programación de espacios zafios que le dieron una rápida popularidad, pero al mismo tiempo se convirtió en la cadena de los culos y tetas. Y tuvieron que dar un giro, porque aunque mantenían una elevada audiencia, muchas compañías importantes no querían que su nombre se relacionase con ese mensaje.


Los medios, los políticos, los empresarios... deben notar la respiración de los ciudadanos de a pie en la nuca. Deben sentirse vigilados y examinados por todo lo que digan, hagan o dejen de hacer. Esa, por utópica que parezca, es la sociedad madura a la que aspiro.





Vídeo de los instantes finales del programa, cuando el presentador desvela el fraude y su repercusión mediática.