GRISÁLIDA
GRISÁLIDA - Social
viernes, 5 de febrero de 2010
domingo, 11 de octubre de 2009
UN DOLOR DE CABEZA LLAMADO EMBARAZO
"La píldora del día después ya se dispensa sin receta en las farmacias. El Ministerio de Sanidad y Política Social asegura que esta medida irá acompañada de información complementaria sobre su buen uso, pero la OCU considera imprescindible garantizar una dispensación activa por parte del farmacéutico" (OCU)
Una joven entra en una farmacia y le pide al farmacéutico:
—¿Me da algo para la barriga, por favor?
—¿Sensación de pesadez?
—No, un despiste con mi novio.
Este «chiste» no es mío sino del gobierno de Zapatero. Porque ahora ya no hay diferencia entre las molestias ocasionadas por una comida copiosa y las de un posible embarazo no deseado. Supongo que para muchos ésta es una nueva conquista de los derechos de las mujeres, pero a mí el sentido común me dice que el «aborto preventivo», modelo «sírvase usted misma», no es una buena idea, para empezar, por desproporcionado, sin entrar en el debate sobre la cuestión moral. Porque la píldora del día después es tan abortiva (1) como la cirugía que destruye —mata— al feto para interrumpir el embarazo. La única diferencia es que la pastilla podremos guardarla en casa junto a la Aspirina. Bien mirado, un embarazo no deseado es un verdadero dolor de cabeza.
Y aguardemos a que se invente la píldora para abortar con la gestación avanzada. Ya lo estoy viendo: «¿Un embarazo no deseado? ¡No se preocupe! Aborte cómodamente sin moverse de casa. Una pastilla de Abortina antes de cada comida, ¡y adiós barriga...! Esto es un medicamento, lea las instrucciones de uso, consulte con su farmacéutico...o farmacéutica» (no sea que me llamen sexista).
Etiquetas: aborto, crítica, mujer, sexualidad, Zapatero
jueves, 26 de marzo de 2009
CON ELLA LLEGÓ EL ESCÁNDALO
«La rabia contenida
durante años por el temor,
irrumpe incontrolado e irracional,
tratando de destruir por
venganza a su carcelero»
lunes, 15 de octubre de 2007
Mercado persa
* Fotografía del líder «persa» junto a Evo Morales en
La CRÓNICA de hoy (28 Septiembre 2007)
Los Jefes de Estado de todo el mundo mantienen frecuentes contactos entre sí en su legítimo empeño de alcanzar acuerdos que beneficien a sus respectivos países. Para ello, en ocasiones están dispuestos a hacer de tripas corazón y departir con líderes políticos de dudosa reputación, por su «peculiar» forma de gobernar. Uno de los más controvertidos es el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, que recientemente ha estado en Venezuela y Bolivia. Precisamente, con motivo de esta última visita se ha levantado un intenso debate en el país sobre la conveniencia o no de que haya sido recibido por Evo Morales.Infinita es la hipocresía en el terreno de la Diplomacia. Llega hasta el extremo de condenar, por ejemplo, la Constitución machista de Turquía —motivo que puede frenar su ingreso en la UE—, o la homofobia institucional de Polonia, pero guardar un vergonzoso silencio sobre políticas tanto o más condenables que las citadas. En junio pasado, José Luis Rodríguez Zapatero recibió cordialmente al sangriento dictador guineano Obiang Nguema, a quien hizo prometer, de cara a la galería, la liberación de los presos políticos de su país, Guinea Ecuatorial. En la misma visita, Obiang se reunió con el líder de la oposición, Mariano Rajoy, para acabar cenando en La Zarzuela, nada menos que con el Rey. El presidente español también ha rendido pleitesía —como casi todos los Jefes de Estado— al Primer Ministro chino, con quien ha mantenido fructuosos encuentros bilaterales. Es de todos conocido que China viola sistemáticamente la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero es un gigante en plena expansión económica, y la pugna por quedarse con parte del pastel, inaudita. Cabe apuntar que Zapatero no le «exigió» al líder chino —como sí hizo con el africano— ninguna señal que demuestre un giro hacia la democratización del país. Las razones podemos imaginarlas. Pero tampoco los presidentes españoles anteriores están libres del sonrojo. José María Aznar llegó a defender el apoyo de España a Estados Unidos para la invasión de Irak, argumentando la conveniencia estratégica de estar en «sintonía» con la mayor potencia económica del mundo. Repugnante. Estamos ante claros ejemplo de «el fin justifica los medios». El beneficio de un país parece excusar el que sus representantes «toleren» las injusticias que cometen otros gobernantes con sus súbditos. Los escrúpulos no tienen cabida en la acción política.
Ahora bien, suponiendo que los líderes del «mundo libre» tuviesen intención de actuar coherentemente, la alternativa no puede ser el bloqueo económico —o de cualquier otro tipo— porque siempre son los ciudadanos quienes sufren sus consecuencias, mientras que los tiranos lo utilizan para dotar de autoridad moral a sus regímenes. Además, la medida es doblemente hipócrita, porque nunca se cierran las rutas comerciales con países ricos o que poseen codiciados recursos naturales, sino con aquellos de los que el mundo puede prescindir. En lugar de la tolerancia interesada o del bloqueo hipócrita, yo abogo por los gestos; un valioso pero desaprovechado recurso de los personajes públicos en un mundo globalizado, en el que nada escapa al objetivo de una cámara y a la perspicacia de los periodistas. No es necesario romper relaciones con todos los países de comportamiento «desordenado». Existen otras opciones que los expertos en diplomacia internacional sabrán gestionar inteligentemente, pero que, desde luego, no pasan por condenar de modo genérico los regímenes totalitarios y después sonreír en la foto estrechando la mano de sus cabecillas.
No está en mi ánimo ofender a los bolivianos, pero lamento que el debate que se ha generado en Bolivia respecto a la visita del presidente de Irán, esté orientado exclusivamente a su conveniencia o no, para los intereses estratégicos del país respecto a su economía y sus relaciones internacionales. Es la prueba de que el planeta que habitamos se ha convertido en un gigantesco «mercado persa»... ¡Vaya, qué coincidencia!
jueves, 5 de julio de 2007
Con el pan bajo el brazo
encontradas, principalmente en el plano político y económico. Básicamente, unos califican la medida como puramente electoralista y otros la defienden por creer que es sensible a las dificultades de las familias modernas españolas y favorecer el aumento del paupérrimo índice de natalidad del país, situado a la cola de Europa. Me detendré poco en el análisis político de la decisión; me interesa mucho más el trasfondo sociológico de la tendencia que pretende corregir.________________________________________________
El dato objetivo es que los jóvenes retrasan todo lo que pueden su maternidad/paternidad o directamente renuncian a ella. De los muchos factores que influyen para que sea así, el que en mi opinión destaca sobre el resto es el temor a las ataduras; aunque, en realidad, esto es más consecuencia que causa. Analicemos, por tanto, de dónde nace ese miedo.
La Juventud se ha convertido en un valor en sí misma. Ya no es solo un estadio más del desarrollo biológico del ser humano, sino todo un concepto vital que se considera superior al de la infancia, la madurez y, por supuesto, la vejez. La frase, "lo importante es sentirse joven", no es más que una majadería -lo importante no es sentirse joven, sino sentirse exactamente lo que se es, disfrutando de ello- consecuencia de una cultura que se aferra irracionalmente a una etapa de la vida que se vincula a la felicidad. De hecho, parece que ésta puede alcanzarse exclusivamente durante la juventud. Es lógico que se quiera prolongar el máximo tiempo posible. Incluso, cuando se trata de exaltar la dignidad de la vejez, se recurre a los tópicos de conservar la belleza, aunque sea a través de la cirugía y los tratamientos estéticos, la necesidad de disfrutar de una sexualidad plena, una intensa actividad física y la diversión. Los mismos atributos que se supone, son propios de la Juventud.
Los hijos obligan a dejar de ser joven, entendiéndose Juventud según el concepto antes descrito. Exige adquirir responsabilidades que a su vez conllevan preocupaciones. Además, hay que renunciar a una independencia altamente valorada, limitar la vida social a solas o en pareja, reducir la capacidad de consumo individual en beneficio del interés familiar, perder la posibilidad de disfrutar de una ininterrumpida diversión, y en el caso de las mujeres, sufrir un embarazo que deformará temporalmente su cuerpo, pudiendo suceder que no vuelva a recuperar la elasticidad anterior. Traducido a la práctica, viajaremos menos, dejaremos de salir todos los fines de semana -de jueves a domingo preferiblemente- no nos podremos comprar la última novedad tecnológica, las mujeres dejarán de verse guapas y nos perderemos muchas salidas con los amigos... Y encima, es irreversible. Siempre podremos deshacer nuestra emancipación volviendo a casa de nuestros padres, podemos dejar nuestro trabajo o romper la relación con la pareja con la que convivimos si nos estorba su atadura. Pero no podemos deshacer nuestra maternidad o paternidad. La atadura es para siempre. ¿A alguien puede extrañarle que, dominados por este obsesivo culto a la Juventud, se trate de huir de semejante pérdida de libertad?
Desconozco si nuestros representantes parlamentarios se han preocupado por conocer las causas socio-económicas del problema. En mi opinión, o no lo han
hecho y por eso no han propuesto ningún paquete de medidas para enfrentarlas, o una vez valoradas, han concluido que no tienen o no necesitan remedio. Aplaudo la ayuda económica prometida por Zapatero a las familias por cada hijo, dudo de la justicia de hacer el reparto de forma lineal sin tener en cuenta la renta y echo de menos soluciones imaginativas que aborden el asunto de modo global.
* Agradecería muy especialmente las aportaciones de los lectores de Latinoamérica, porque tengo entendido que allí, en general, la situación es mucho más saludable. De hecho, son los inmigrantes latinos los que están sosteniendo el índice de natalidad de España ligeramente por encima de un hijo por familia, como media.
jueves, 26 de abril de 2007
El éxito económico de España, el G8 y la inmigración
El próximo lunes va a tener lugar en la Playa de Las Canteras (Gran Canaria) un gesto solidario por los más de 6000 inmigrantes muertos en el mar en 2006 mientras trataban de alcanzar las costas canarias en pateras y cayucos. 6000 vidas anónimas a ojos de occidente, que serán recordadas con otras tantas velas en el lugar en el que soñaron desembarcar para encontrar una vida mejor.Hace unos días, José Luis Rodríguez Zapatero formulaba un discurso triunfalista sobre el éxito económico de España bajo su mandato. Un éxito basado en el índice de crecimiento, muy superior al del resto de naciones de nuestro entorno, que nos ha situado como la octava potencia económica mundial. Escuchar a un presidente de gobierno -tan- de izquierdas enorgullecerse
de estar entre los ocho países más ricos del mundo resulta paradójico. Sé que estas palabras son muy impopulares -¿a quién no le gustaría que su país prospere?- pero no puedo evitar que me chirríen los oídos cuando el propulsor ante la ONU de la gran Alianza de Civilizaciones tiene como máxima aspiración en política económica alcanzar el nivel de la élite mundial, antes que condonar la deuda externa -o parte de ella- de los países empobrecidos, por poner un ejemplo. Pero claro, Zapatero sabe que si toma esa decisión, con sus correspondientes consecuencias en la cuenta de resultados de los españoles, tiene muchas probabilidades de perder las elecciones. Por eso, es preferible hacer política de 'izquierdas' en relación al aborto, la religión o los matrimonios homosexuales. Son decisiones que lucen mucho, ayudan a ser considerado un ejemplo de 'progresismo' y no tienen ninguna consecuencia negativa para él, excepto la encendida protesta de la 'derecha intolerante'.Mientras tanto, esta misma semana Benedicto XVI enviaba una carta a la canciller alemana Angela Merkel al asumir la presidencia de la UE y el G8*. Además de agradecer que la pobreza -sobre todo de África- forme parte del orden del día del selecto grupo, el Papa reclama la condonación de la deuda externa, la creación de mecanismos para que puedan acceder a los canales del comercio internacional y la actuación directa de los países ricos en la erradicación del hambre y las enfermedades que requieren simples vacunas. Indirectamente, el Santo Padre está señalando a los cómplices, cuando no culpables, de las vergonzantes desigualdades en el planeta. Pero no sólo eso; afirma algo que ya sabemos pero que debemos recordar a los líderes políticos del mundo: se puede hacer y está en nuestras manos. Y si esas manos son las del G8, sólo tienen que proponérselo y el resto no tendrán más remedio que seguirles, incluido nuestro presidente Zapatero.
La tercera pata de este artículo es la inmigración. Sólo en el año 2006 se calcula que más de 6000 emigrantes que se dirigían a Canarias -no llegaron a ser inmigrantes porque no pisaron tierra- perdieron la vida en el mar antes de alcanzar el Dorado. El próximo lunes encenderemos 6000 velas en su recuerdo. Pero no es suficiente. El gesto puede ofrecer una imagen vistosa y emotiva pero vacía de contenido. Los signos tienen sentido en la medida que signifiquen algo. Que encender nuestra vela signifique mirar a los ojos del ser humano fallecido al que representa y decirle que su muerte no será inútil. Que nos comprometemos a exigir a nuestros cargos electos -nacionales, autonómicos y municipales- desarrollar políticas solidarias con los países empobrecidos, aunque eso suponga renunciar a algunas mejoras de nuestra calidad de vida o incluso una subida de impuestos. Si no lo hacemos, no seremos mejores que los políticos que hablan de salvar al que se ahoga pero sin querer mojarse los pies. * Los 7 más ricos y Rusia
Etiquetas: compromiso, crítica, economía, G8, inmigración, política, PSOE, reflexión, Zapatero












