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viernes, 5 de febrero de 2010

ZAPATERO PRESUME ANTE OBAMA DEL CRISTIANISMO ESPAÑOL

                                                                                                       Fotografía tomada del Diario de Navarra      
Si Zapatero fuese la mitad de respetuoso y tolerante con la religión y los creyentes en España —sobre todo católicos—, como lo fue en Estados Unidos ante Obama en el Desayuno de Oración, me daría por satisfecho y aplaudiría encendidamente su discurso/plegaria. Pero me temo que no es así. Jamás le escuché antes decir tan orgulloso que España provenía de la tradición «sobre todo cristiana». Más bien, sus gestos, declaraciones y decisiones tienden hacia la ruptura de cualquier vínculo con nuestro pasado religioso, durante siglos compañera inseparable del cultural, y que es origen de nuestro actual patrimonio, tanto en las artes como en el pensamiento, e inevitablemente ligado a nuestras tradiciones, incluida la estructura social y familiar todavía dominante. 

Y lamento que un hombre al que considero de principios —muchos coincidentes con los míos, aunque no todos— defienda allí con fervor que la tolerancia es «descubrir, conocer y reconocer al otro», pero, aquí en casa,  ni tiene intención de descubrir, ni conocer, ni mucho menos reconocer a los creyentes. Añade que «el odio nace de la ignorancia y la concordia se construye sobre el conocimiento», sin embargo, si él mismo no nos odia, desde luego sí ha facilitado con su política intransigente, de confrontación y arrinconamiento de la fe,  el escenario de intolerancia y, por qué no decirlo, de odio hacia la Iglesia y por extensión hacia los católicos, que en la actualidad se vive en el país.

Por último, resulta ciertamente cínico declarar que rechaza «las afirmaciones excluyentes de superioridad moral», al tiempo que para reforzar y dotar a sus palabras de mayor autoridad cita un texto de la Biblia, la autoridad moral por excelencia de los cristianos.




Texto íntegro del discurso de José Luis Rodríguez Zapatero:

«Gracias por invitarme a participar, en nombre de mi país, en nombre de España, en uno de los actos de mayor tradición y simbolismo en la sociedad americana. Gracias a los Senadores Klobuchar e Isakson, y permítanme que les hable en castellano, en la lengua en la que por primera vez se rezó al Dios del Evangelio en esta tierra.
Nadie como ustedes conoce el valor de la libertad religiosa, sus antecesores huyeron de la dominación y para que nunca les fuera arrebatada la libertad fundaron este país.
Una Nación, los Estados Unidos, alumbrada en la democracia, que no ha dejado de crecer bajo su fuerza; que abolió la esclavitud, reconoció la igualdad de voto y proscribió la discriminación; que ha ensanchado el pluralismo, la tolerancia, el respeto a todas las opciones y creencias.
Conquistas admirables, admirables a ojos de un demócrata que vive en una de las naciones más antiguas del orbe: España; una nación también diversa, forjada en la diversidad y renovada en su diversidad; una nación también americana, "la más multicultural de las tierras de Europa, (la) España celta e ibera, fenicia, griega, romana, judía, árabe y cristiana" -sobre todo cristiana-, como la ha caracterizado desde Latinoamérica Carlos Fuentes.
Nuestros dos países deben mucho a quienes han venido de fuera. No se entienden sin ellos, sin los que, a lo largo del tiempo, han llegado a nuestra tierra y, conviviendo, se han convertido en "nosotros" en lo que somos.
Permítanme que les lea un pasaje de la Biblia, del capítulo 24 del Deuteronomio: "No explotarás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus compatriotas, o un extranjero que vive en alguna de las ciudades de tu país. Págale su jornal ese mismo día, antes que se ponga el sol, porque está necesitado, y su vida depende de su jornal".
No dejemos de velar por la buena integración de quienes han venido a trabajar y a convivir a nuestros países; no dejemos de velar también por aquellos a los que no podemos acoger entre nosotros, y pasan hambre y miseria en tantos lugares de la Tierra, como las personas que viven en Haití y cuyo infortunio nos ha movido a hacer un gran ofrecimiento de solidaridad; una solidaridad que nos reconcilia con nuestra condición misma de seres humanos, vulnerables y fraternos, y que no debe diluirse en el olvido.
Asimismo, quiero proclamar el más sentido compromiso con los hombres y las mujeres que en nuestras sociedades padecen, en estos tiempos difíciles, la falta de trabajo. Todos ellos deben saber que no hay tarea de la que, como gobernantes, nos sintamos más responsables; que no hay tarea que nos acucie más que la de favorecer la creación del empleo.
Señoras y señores,
Hoy mi plegaria quiere reivindicar igualmente el derecho de cada persona, en cualquier lugar del mundo, a su autonomía moral, a su propia búsqueda del bien.
Hoy mi plegaria quiere reivindicar la libertad de todos para vivir su propia vida, para vivir con la persona amada y para crear y cuidar a su entorno familiar, mereciendo respeto por ello.
La libertad es la verdad cívica, la verdad común. Es ella la que nos hace verdaderos, auténticos como personas y como ciudadanos, porque nos permite a cada cual mirar a la cara al destino y buscar la propia verdad.
Pero la tolerancia es mucho más que la aceptación del otro; es descubrir, conocer y reconocer al otro. El desconocimiento del otro está en la raíz de los conflictos que amenazan a la Humanidad y ponen en peligro nuestro futuro. El odio nace de la ignorancia y la concordia se construye sobre el conocimiento. También la paz.
España ya fue en el pasado ejemplo de convivencia entre las tres religiones del Libro, Judaísmo, Cristianismo e Islam, y hoy defiende en el mundo la tolerancia religiosa y el respeto a la diferencia; el diálogo, la convivencia de las culturas, la Alianza de las Civilizaciones.
Lo hacemos con tanta convicción como rechazamos las afirmaciones excluyentes de superioridad moral, el absolutismo o el fundamentalismo intransigente.
Estados Unidos sabe, como también lo sabe España, que la utilización espuria de la fe religiosa para justificar la violencia puede ser enormemente destructiva, y qué mejor momento que este Desayuno de Oración para que recordemos juntos, para que honremos juntos, a nuestras víctimas del terrorismo, porque, juntos, también defendemos la libertad allí donde se ve amenazada.
Señor Presidente, Congresistas, señoras y señores,
Ya sea con una dimensión trascendente o cívica, la libertad es siempre el fundamento de la esperanza, de la esperanza en el futuro.
"Por la libertad, así como por la honra -se dice en El Quijote, la obra literaria más importante escrita en español- se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. La libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos..."
Que ese don siga iluminando a América y a todos los pueblos de la tierra.
Gracias.»

domingo, 11 de octubre de 2009

UN DOLOR DE CABEZA LLAMADO EMBARAZO

"La píldora del día después ya se dispensa sin receta en las farmacias. El Ministerio de Sanidad y Política Social asegura que esta medida irá acompañada de información complementaria sobre su buen uso, pero la OCU considera imprescindible garantizar una dispensación activa por parte del farmacéutico" (OCU)


Una joven entra en una farmacia y le pide al farmacéutico:

—¿Me da algo para la barriga, por favor?

—¿Sensación de pesadez?

—No, un despiste con mi novio.


Este «chiste» no es mío sino del gobierno de Zapatero. Porque ahora ya no hay diferencia entre las molestias ocasionadas por una comida copiosa y las de un posible embarazo no deseado. Supongo que para muchos ésta es una nueva conquista de los derechos de las mujeres, pero a mí el sentido común me dice que el «aborto preventivo», modelo «sírvase usted misma», no es una buena idea, para empezar, por desproporcionado, sin entrar en el debate sobre la cuestión moral. Porque la píldora del día después es tan abortiva (1) como la cirugía que destruye —mata— al feto para interrumpir el embarazo. La única diferencia es que la pastilla podremos guardarla en casa junto a la Aspirina. Bien mirado, un embarazo no deseado es un verdadero dolor de cabeza.

Y aguardemos a que se invente la píldora para abortar con la gestación avanzada. Ya lo estoy viendo: «¿Un embarazo no deseado? ¡No se preocupe! Aborte cómodamente sin moverse de casa. Una pastilla de Abortina antes de cada comida, ¡y adiós barriga...! Esto es un medicamento, lea las instrucciones de uso,  consulte con su farmacéutico...o farmacéutica» (no sea que me llamen sexista).



Viñeta tomada del blog «Un fraggel por Sevilla...»



(1) Hay quien no la considera técnicamente abortiva porque no actúa sobre el óvulo fecundado, sino que evita que éste pueda alojarse en el útero, que es lo que finalmente provoca su muerte. Es como si un barco pasa junto a un náufrago y su capitán se niega a rescatarlo. Si finalmente el náufrago se ahoga, no se puede decir que el capitán lo haya matado, pero todos sabemos que lo ha hecho. Y en el fondo, ese es el objetivo de la píldora del día después. Es más, si existiese la pastilla que actuase directamente contra el óvulo fecundado, ¿alguien tiene dudas de su implantación inmediata y su comercialización en las farmacias bajo las mismas condiciones del actual fármaco?



jueves, 26 de marzo de 2009

CON ELLA LLEGÓ EL ESCÁNDALO

La campaña contra el aborto recién lanzada por la Iglesia Católica en España ha despertado una indignación sin precedentes en amplísimos sectores de la población. El rechazo está siendo tan violento, que el asunto bien merece un análisis en sí mismo, más allá del debate sobre la cuestión de fondo. Lo más interesante de todo es comprobar la variedad de los motivos que han provocado la furibunda reacción, en algunos casos se diría que opuestos entre sí.

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Imagen tomada de parroquidesandiego.es


Lo primero que llama la atención es que no está demasiado claro si la repulsa es contra el fondo de la campaña, contra su estética, o contra el simple hecho de que la Iglesia se pronuncie públicamente sobre una cuestión moral. Seguramente, todo junto y bien mezclado. Ésa suele ser la receta del éxito, siempre que se juegue con el viento a favor, como es el caso. Pero, aún siendo así, sigue sin ser suficiente para explicar las proporciones de la tormenta que se ha desatado, entre otras cosas, porque parece haber sido espontánea y no orquestada. Ésta es una característica muy a tener en cuenta desde el punto de vista sociológico, cuando hablamos de acciones comunes de un determinado grupo social, sin intervención, al menos directa y aparente de personas que ejerzan de líderes. Tampoco responde al seguimiento de la corriente social del momento, porque ésta no suele provocar confrontación, sino indiferencia.

Así es que, tenemos una acción —la de la Iglesia con su campaña—, una reacción, que es adversa y espontánea, y una pregunta: ¿qué hace que una campaña contra el aborto sea mucho peor recibida que, por ejemplo, la carta pastoral de los Obispos antes de las últimas Elecciones Generales, las manifestaciones convocadas en toda España contra los matrimonios homosexuales, o la oposición de la Iglesia a la investigación con células madre?

«La rabia contenida
durante años por el temor,
irrumpe incontrolado e irracional,
tratando de destruir por
venganza a su carcelero»


En mi opinión, las causas son tres. La primera y más importante es la liberación de los españoles respecto a la Iglesia y la religión, en un país que durante décadas vivió una fe prisionera del miedo a la condenación eterna, inculcada, o cuando menos rentabilizada por una jerarquía poderosa, que ejercía el control moral de la sociedad, sin duda convencida de que esa era su misión evangélica. La Iglesia y todo lo relacionado con ella inspiraban miedo, porque gozaban del favor de los gobernantes del momento y administraban el poder que «recibían» del Creador. No nos podemos hacer una idea de lo que es capaz el miedo inscrito en la mentalidad colectiva y transmitida de generación en generación. Sólo ahora, muchos años después de la llegada de la Democracia, los españoles de todas las capas y ámbitos sociales se atreven a contradecir y desafiar a la Iglesia. Una de las consecuencia de tal «rebeldía» es la que estamos viviendo: excesos, violencia verbal, ataques indiscriminados... Nada que no estemos acostumbrados a leer en la Historia, cuando se han producido liberaciones semejantes de personas, pueblos o naciones respecto a cualquier poder autoritario. La rabia contenida durante años por el temor, irrumpe incontrolado e irracional, tratando de destruir por venganza a su carcelero. En el caso de España y la Iglesia, alentado por el gobierno de Zapatero desde que llegó a la presidencia. Él fue quien creó el clima propicio, ejerciendo de abanderado y marcando los pasos. No es una crítica, sino todo lo contrario, porque, si bien ha abonado el campo para excesos como los que estamos viendo, también está colaborando en la reconstrucción de las comunidades de fe sobre bases más sólidas que la costumbre o el miedo, eso sí, probablemente, muy a su pesar.

La segunda razón también tiene que ver con la Iglesia, pero desde su incómoda y nunca admitida autoridad moral. Por mucho que la mayoría de los españoles rechace a la Iglesia como institución, su opinión sigue teniendo peso. Es curioso que, aunque le gente por lo general no actúe de acuerdo a sus códigos éticos, le gustaría que la Iglesia bendijera su comportamiento. Por eso, cuando no lo hace, se le tacha de intolerante y trasnochada. Lo cierto es que la Iglesia es esa voz molesta y constante —como la de nuestros padres o profesores cuando somos niños, y la de los buenos amigos cuando somos adultos—, que no nos dice siempre lo que queremos oír, sino lo que considera mejor para nosotros y para quienes nos rodean. Es comprensible que nos haga rabiar quien recrimina nuestro comportamiento, sobre todo, si su opinión nos importa.

Y por último, la cada vez más baja consideración social del embarazo y la maternidad. Porque, nos guste o no, el aborto tiene que ver con los hijos. Si hay aborto es porque antes ha habido un embarazo del que, en circunstancias normales, hubiera florecido una criatura. Pero sucede que la maternidad no es un valor destacado en nuestra sociedad, y mucho menos el estado de embarazo. Una molestia «innecesaria» —cuando además es más cómodo «comprar»/adoptar niños en China—, casi una enfermedad que interrumpe nuestro modo de vida y puede entorpecer la progresión profesional de la «afectada». Esta mentalidad está tan extendida y ha calado tan hondo entre los jóvenes, que se habla del aborto con una ligereza y frivolidad alarmantes, incluso para quienes no consideran al feto un ser humano.




* Y hablando de frivolidad, sigo esperando respuestas al post anterior. Todo tiene un porqué...


lunes, 15 de octubre de 2007

Mercado persa

* Fotografía del líder «persa» junto a Evo Morales en
La CRÓNICA de hoy
(28 Septiembre 2007)

Los Jefes de Estado de todo el mundo mantienen frecuentes contactos entre sí en su legítimo empeño de alcanzar acuerdos que beneficien a sus respectivos países. Para ello, en ocasiones están dispuestos a hacer de tripas corazón y departir con líderes políticos de dudosa reputación, por su «peculiar» forma de gobernar. Uno de los más controvertidos es el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, que recientemente ha estado en Venezuela y Bolivia. Precisamente, con motivo de esta última visita se ha levantado un intenso debate en el país sobre la conveniencia o no de que haya sido recibido por Evo Morales.
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Infinita es la hipocresía en el terreno de la Diplomacia. Llega hasta el extremo de condenar, por ejemplo, la Constitución machista de Turquía —motivo que puede frenar su ingreso en la UE—, o la homofobia institucional de Polonia, pero guardar un vergonzoso silencio sobre políticas tanto o más condenables que las citadas. En junio pasado, José Luis Rodríguez Zapatero recibió cordialmente al sangriento dictador guineano Obiang Nguema, a quien hizo prometer, de cara a la galería, la liberación de los presos políticos de su país, Guinea Ecuatorial. En la misma visita, Obiang se reunió con el líder de la oposición, Mariano Rajoy, para acabar cenando en La Zarzuela, nada menos que con el Rey. El presidente español también ha rendido pleitesía —como casi todos los Jefes de Estado— al Primer Ministro chino, con quien ha mantenido fructuosos encuentros bilaterales. Es de todos conocido que China viola sistemáticamente la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero es un gigante en plena expansión económica, y la pugna por quedarse con parte del pastel, inaudita. Cabe apuntar que Zapatero no le «exigió» al líder chino —como sí hizo con el africano— ninguna señal que demuestre un giro hacia la democratización del país. Las razones podemos imaginarlas. Pero tampoco los presidentes españoles anteriores están libres del sonrojo. José María Aznar llegó a defender el apoyo de España a Estados Unidos para la invasión de Irak, argumentando la conveniencia estratégica de estar en «sintonía» con la mayor potencia económica del mundo. Repugnante. Estamos ante claros ejemplo de «el fin justifica los medios». El beneficio de un país parece excusar el que sus representantes «toleren» las injusticias que cometen otros gobernantes con sus súbditos. Los escrúpulos no tienen cabida en la acción política.

Ahora bien, suponiendo que los líderes del «mundo libre» tuviesen intención de actuar coherentemente, la alternativa no puede ser el bloqueo económico —o de cualquier otro tipo— porque siempre son los ciudadanos quienes sufren sus consecuencias, mientras que los tiranos lo utilizan para dotar de autoridad moral a sus regímenes. Además, la medida es doblemente hipócrita, porque nunca se cierran las rutas comerciales con países ricos o que poseen codiciados recursos naturales, sino con aquellos de los que el mundo puede prescindir. En lugar de la tolerancia interesada o del bloqueo hipócrita, yo abogo por los gestos; un valioso pero desaprovechado recurso de los personajes públicos en un mundo globalizado, en el que nada escapa al objetivo de una cámara y a la perspicacia de los periodistas. No es necesario romper relaciones con todos los países de comportamiento «desordenado». Existen otras opciones que los expertos en diplomacia internacional sabrán gestionar inteligentemente, pero que, desde luego, no pasan por condenar de modo genérico los regímenes totalitarios y después sonreír en la foto estrechando la mano de sus cabecillas.


No está en mi ánimo ofender a los bolivianos, pero
lamento que el debate que se ha generado en Bolivia respecto a la visita del presidente de Irán, esté orientado exclusivamente a su conveniencia o no, para los intereses estratégicos del país respecto a su economía y sus relaciones internacionales. Es la prueba de que el planeta que habitamos se ha convertido en un gigantesco «mercado persa»... ¡Vaya, qué coincidencia!




jueves, 5 de julio de 2007

Con el pan bajo el brazo

El sorprendente anuncio del Presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, de gratificar con 2500€ a las familias por cada nuevo hijo, ha provocado opiniones encontradas, principalmente en el plano político y económico. Básicamente, unos califican la medida como puramente electoralista y otros la defienden por creer que es sensible a las dificultades de las familias modernas españolas y favorecer el aumento del paupérrimo índice de natalidad del país, situado a la cola de Europa. Me detendré poco en el análisis político de la decisión; me interesa mucho más el trasfondo sociológico de la tendencia que pretende corregir.

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El dato objetivo es que los jóvenes retrasan todo lo que pueden su maternidad/paternidad o directamente renuncian a ella. De los muchos factores que influyen para que sea así, el que en mi opinión destaca sobre el resto es el temor a las ataduras; aunque, en realidad, esto es más consecuencia que causa. Analicemos, por tanto, de dónde nace ese miedo.

La Juventud se ha convertido en un valor en sí misma. Ya no es solo un estadio más del desarrollo biológico del ser humano, sino todo un concepto vital que se considera superior al de la infancia, la madurez y, por supuesto, la vejez. La frase, "lo importante es sentirse joven", no es más que una majadería -lo importante no es sentirse joven, sino sentirse exactamente lo que se es, disfrutando de ello- consecuencia de una cultura que se aferra irracionalmente a una etapa de la vida que se vincula a la felicidad. De hecho, parece que ésta puede alcanzarse exclusivamente durante la juventud. Es lógico que se quiera prolongar el máximo tiempo posible. Incluso, cuando se trata de exaltar la dignidad de la vejez, se recurre a los tópicos de conservar la belleza, aunque sea a través de la cirugía y los tratamientos estéticos, la necesidad de disfrutar de una sexualidad plena, una intensa actividad física y la diversión. Los mismos atributos que se supone, son propios de la Juventud.



Los hijos obligan a dejar de ser joven, entendiéndose Juventud según el concepto antes descrito. Exige adquirir responsabilidades que a su vez conllevan preocupaciones. Además, hay que renunciar a una independencia altamente valorada, limitar la vida social a solas o en pareja, reducir la capacidad de consumo individual en beneficio del interés familiar, perder la posibilidad de disfrutar de una ininterrumpida diversión, y en el caso de las mujeres, sufrir un embarazo que deformará temporalmente su cuerpo, pudiendo suceder que no vuelva a recuperar la elasticidad anterior. Traducido a la práctica, viajaremos menos, dejaremos de salir todos los fines de semana -de jueves a domingo preferiblemente- no nos podremos comprar la última novedad tecnológica, las mujeres dejarán de verse guapas y nos perderemos muchas salidas con los amigos... Y encima, es irreversible. Siempre podremos deshacer nuestra emancipación volviendo a casa de nuestros padres, podemos dejar nuestro trabajo o romper la relación con la pareja con la que convivimos si nos estorba su atadura. Pero no podemos deshacer nuestra maternidad o paternidad. La atadura es para siempre. ¿A alguien puede extrañarle que, dominados por este obsesivo culto a la Juventud, se trate de huir de semejante pérdida de libertad?


Desconozco si nuestros representantes parlamentarios se han preocupado por conocer las causas socio-económicas del problema. En mi opinión, o no lo han hecho y por eso no han propuesto ningún paquete de medidas para enfrentarlas, o una vez valoradas, han concluido que no tienen o no necesitan remedio. Aplaudo la ayuda económica prometida por Zapatero a las familias por cada hijo, dudo de la justicia de hacer el reparto de forma lineal sin tener en cuenta la renta y echo de menos soluciones imaginativas que aborden el asunto de modo global.


* Agradecería muy especialmente las aportaciones de los lectores de Latinoamérica, porque tengo entendido que allí, en general, la situación es mucho más saludable. De hecho, son los inmigrantes latinos los que están sosteniendo el índice de natalidad de España ligeramente por encima de un hijo por familia, como media.



jueves, 26 de abril de 2007

El éxito económico de España, el G8 y la inmigración

Actualización 3 de mayo:
Se celebró el gesto de las '6000 velas'. Muy pronto, la información, las fotos y el vídeo...
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El próximo lunes va a tener lugar en la Playa de Las Canteras (Gran Canaria) un gesto solidario por los más de 6000 inmigrantes muertos en el mar en 2006 mientras trataban de alcanzar las costas canarias en pateras y cayucos. 6000 vidas anónimas a ojos de occidente, que serán recordadas con otras tantas velas en el lugar en el que soñaron desembarcar para encontrar una vida mejor.
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Hace unos días, José Luis Rodríguez Zapatero formulaba un discurso triunfalista sobre el éxito económico de España bajo su mandato. Un éxito basado en el índice de crecimiento, muy superior al del resto de naciones de nuestro entorno, que nos ha situado como la octava potencia económica mundial. Escuchar a un presidente de gobierno -tan- de izquierdas enorgullecerse de estar entre los ocho países más ricos del mundo resulta paradójico. Sé que estas palabras son muy impopulares -¿a quién no le gustaría que su país prospere?- pero no puedo evitar que me chirríen los oídos cuando el propulsor ante la ONU de la gran Alianza de Civilizaciones tiene como máxima aspiración en política económica alcanzar el nivel de la élite mundial, antes que condonar la deuda externa -o parte de ella- de los países empobrecidos, por poner un ejemplo. Pero claro, Zapatero sabe que si toma esa decisión, con sus correspondientes consecuencias en la cuenta de resultados de los españoles, tiene muchas probabilidades de perder las elecciones. Por eso, es preferible hacer política de 'izquierdas' en relación al aborto, la religión o los matrimonios homosexuales. Son decisiones que lucen mucho, ayudan a ser considerado un ejemplo de 'progresismo' y no tienen ninguna consecuencia negativa para él, excepto la encendida protesta de la 'derecha intolerante'.

Mientras tanto, esta misma semana Benedicto XVI enviaba una carta a la canciller alemana Angela Merkel al asumir la presidencia de la UE y el G8*. Además de agradecer que la pobreza -sobre todo de África- forme parte del orden del día del selecto grupo, el Papa reclama la condonación de la deuda externa, la creación de mecanismos para que puedan acceder a los canales del comercio internacional y la actuación directa de los países ricos en la erradicación del hambre y las enfermedades que requieren simples vacunas. Indirectamente, el Santo Padre está señalando a los cómplices, cuando no culpables, de las vergonzantes desigualdades en el planeta. Pero no sólo eso; afirma algo que ya sabemos pero que debemos recordar a los líderes políticos del mundo: se puede hacer y está en nuestras manos. Y si esas manos son las del G8, sólo tienen que proponérselo y el resto no tendrán más remedio que seguirles, incluido nuestro presidente Zapatero.


La tercera pata de este artículo es la inmigración. Sólo en el año 2006 se calcula que más de 6000 emigrantes que se dirigían a Canarias -no llegaron a ser inmigrantes porque no pisaron tierra- perdieron la vida en el mar antes de alcanzar el Dorado. El próximo lunes encenderemos 6000 velas en su recuerdo. Pero no es suficiente. El gesto puede ofrecer una imagen vistosa y emotiva pero vacía de contenido. Los signos tienen sentido en la medida que signifiquen algo. Que encender nuestra vela signifique mirar a los ojos del ser humano fallecido al que representa y decirle que su muerte no será inútil. Que nos comprometemos a exigir a nuestros cargos electos -nacionales, autonómicos y municipales- desarrollar políticas solidarias con los países empobrecidos, aunque eso suponga renunciar a algunas mejoras de nuestra calidad de vida o incluso una subida de impuestos. Si no lo hacemos, no seremos mejores que los políticos que hablan de salvar al que se ahoga pero sin querer mojarse los pies.

* Los 7 más ricos y Rusia